Actualidades musicales: “La bohemia”

La Bohème ofrecerá seis funciones, a partir del 3 de noviembre, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.
Foto: Conaculta

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Estrenada el 1º. de febrero de 1896 en el Teatro Regio de Turín, Italia, La Bohemia de Giacomo Puccini se ha convertido en la cuarta ópera que más se representa en el mundo; razón hay para ello porque su música es bellísima y su libreto uno de los más coherentes que en esta materia puedan encontrarse, que habla de seres humanos reales, no héroes ni mitos, y situaciones que aun hoy, desgraciadamente, padecen miles de personas: hambre, frío y miseria y, por consecuencia, enfermedad y muerte.

Elementos con los que puede hacerse una puesta en escena estupenda y los cantantes lucir plenamente sus atributos, sean de la tesitura que sean, ya que, con excepción de la mezzosoprano, están incluidas todas las demás, coro mixto y hasta coro infantil, es decir, están sobre la mesa todos los elementos para gustar y degustar.

Así lo entendió la nueva administración operística bellasartiana y por eso decidió cerrar con Bohéme este año y hacerlo con dos importantes elencos nacionales en los que se incluyó un único cantante extranjero, el barítono Guido Loconsolo, quien interpretó a Marcello.

El primer elenco fue encabezado por la soprano más importante que ha dado México en por lo menos todo lo que va del presente siglo y los últimos años del pasado, María Alejandres (Mimí), a quien acompañó la Musetta nacional más bella que podamos encontrar, Leticia de Altamirano. La parte masculina se encargó al tenor Héctor Sandoval (Rodolfo), casi desconocido aquí porque tiene muchos años de residir en Europa; el barítono Óscar Velázquez (Schaunard) que debuta este papel, y el más experimentado bajo mexicano, Rosendo Flores, quien se encargó, como siempre, del Colline. En los pequeños roles del casero y del amante rico de Musetta, Leszek Zawadka quien, aunque polaco de nacimiento, es mexicano por convicción. La dirección musical correspondió a Srba Dinic y la escénica a Luis Miguel Lombana.

Con una puesta en escena tradicional que gustó mayoritariamente pero a la que, sin embargo, pueden señalársele pequeñas fallas (como el que Rodolfo no “encuentra” la mano de Mimí sino que se la toma directamente cuando ya ha empezado a cantar el aria, lo cual la desvirtúa porque precisamente debía “encontrarla”), y otras (como la mucha iluminación de la escena final, y el exagerado grito y llanto de Rodolfo ante la muerte de Mimí, que bien pudo ser igualmente doloroso pero más contenido y, por lo tanto, tener mayor efecto), La Bohemia sirvió para confirmar, entre otros aspectos, que tenemos suficientes cantantes como para montar más de una ópera dignamente.

Pero también para reafirmar que la Alejandres es ya un figura de talla internacional y que puede llegar a ser la soprano de mayor proyección que jamás hayamos tenido; y que Pablo Varela está haciendo una buena labor con el coro; y que la parte femenina fue superior en todo sentido a la masculina.

Héctor Sandoval es un tenor regular y responsable, cumplió pero no es, todavía, una primera figura; Óscar Velázquez tiene un buen instrumento pero está empezando; Guido Loconsolo tiene buena presencia y buena voz y se desenvolvió muy convincentemente; Rosendo Flores se desempeñó con el profesionalismo a que nos tiene acostumbrados; y Zawadka es, y lo demuestra, un viejo lobo de mar.

Muy bien la dirección musical y, así, un digno cierre de año que, esperemos, no sea un cierre que se prolongue largos, largos meses como ha sucedido en años anteriores.

Las últimas funciones de La Bohemia, con el elenco que encabezará Violeta Dávalos, se presentarán el jueves 14 y el domingo 17.