Irán: Los enemigos de un acuerdo con Occidente

Hasán Rouhaní, presidente de Irán.
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ESTAMBUL (apro).- Al cumplir cien días en la Presidencia de Irán, se confirma que la llegada al cargo de Hasán Rouhaní no solamente reconfiguró la dinámica de la lucha de poder en su propio país, sino que abrió una ventana de oportunidad que está provocando un sismo en la arena política internacional, enfrentando a los aliados y creando nuevas, insospechadas coaliciones.

Las posibilidades evidentes se refieren a las de aprovechar la voluntad política, tanto en Washington como en Teherán, de llegar a un acuerdo que cierre la crisis sobre el programa nuclear iraní, que estuvo oculto hasta su descubrimiento en 2002 y que, temen sus críticos, tendría un carácter militar y no civil, como se ha declarado.

Existen también, sin embargo, opciones mucho menos halagüeñas, que corren desde un fracaso de las negociaciones que se iniciaron en Ginebra, Suiza, el jueves 7 (y que deben continuar en una segunda reunión el miércoles 20), con la consecuente prolongación del conflicto, hasta un torpedeo directo contra las mismas a través de un ataque aéreo israelí contra instalaciones atómicas iraníes, lo que podría conducir a una guerra con fuerte impacto en la economía mundial, e incluso –en un escenario que no por extremo deja de descartarse– en la adquisición de la bomba por parte de Arabia Saudita (algo que podría hacer en Pakistán, según reportó la BBC) y el resultante reinicio de una peligrosa carrera armamentista en Medio Oriente, que involucraría, al menos, a Egipto y Turquía, y posiblemente a Qatar.

 

Llamada histórica

 

Los iraníes aseguran que su programa nuclear es exclusivamente civil, enmarcado en los derechos que reconoce a los estados signatarios (Irán es uno de ellos) el Tratado de No Proliferación Nuclear. Su líder supremo (autoridad religiosa con autoridad superior a los poderes políticos), Alí Jameneí, ha declarado que una bomba sería anti-islámica. Las potencias occidentales, Israel y los rivales árabes de Irán aseguran, por lo contrario, que el objetivo es militar.

Desde 2006 han fracasado los distintos procesos de negociación, en los que el grupo P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania) ha tratado de paralizar el programa de los iraníes y éstos han buscado que se reconozca su derecho a mantenerlo. Tal fracaso ha dado lugar a varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que imponen sanciones económicas y comerciales a Irán.

En esta nación el derecho al desarrollo de un programa nuclear se ha convertido en un asunto prioritario de interés público, ligado al honor nacional. Las críticas internacionales son interpretadas como un intento del enemigo de impedir el desarrollo económico del país para mantenerlo en la pobreza. En las elecciones fraudulentas de 2009, en las que el presidente derechista Majmud Ajmadineyad se reeligió, Mir Juséin Musaví, el principal candidato opositor, de tendencia reformista, y el resto de los candidatos reivindicaron los derechos nucleares de Irán.

La brecha que se abrió en aquel momento, con una represión masiva contra los reformistas que dejó decenas de muertos y miles de torturados, encarcelados y exiliados, era más amplia en el área de libertades políticas y culturales y más estrecha en la de política nuclear: en este aspecto, las divergencias eran de tono, pues era evidente que la actitud de confrontación sistemática de Ajmadineyad movilizaba a su propia base de seguidores al costo de tensar las relaciones internacionales de Irán y provocar las sanciones del Consejo de Seguridad. Los opositores pedían buscar un acuerdo.

Por limitación constitucional, Ajmadineyad, que gobernaba desde 2005, no se presentó a las elecciones del 14 de junio de 2013 y su candidato fue derrotado por una coalición en la que Rouhaní, un centrista, recibió el respaldo de lo que quedaba del sector reformista. También obtuvo el apoyo clave del líder supremo, quien había terminado enfrentándose con Ajmadineyad y quien además constataba que la economía se estaba volviendo inmanejable bajo el peso de las sanciones: del petróleo, su principal producto de exportación, se logra vender sólo un millón de los 3 millones de barriles diarios que produce el país; las importaciones son excesivamente caras por el costo de las maniobras financieras necesarias para eludir el bloqueo; durante 2012, el rial perdió dos terceras partes de su valor frente al dólar; el desempleo alcanza a 30% de los adultos y la inflación no baja de 25% anual. Mientras tanto, 50 mil millones de dólares de pagos por petróleo están congelados en el extranjero.

Apenas llegar al poder, el 3 de agosto, el nuevo presidente Rouhaní marcó distancia con su predecesor al asegurar que lograría un pacto con el P5+1 antes de un año y con ello el levantamiento de las sanciones. El líder supremo le dio su apoyo. El 27 de septiembre sostuvo una conversación telefónica con su contraparte estadunidense, Barack Obama. Fue un evento de dimensiones históricas que provocó grandes esperanzas… Y alarma entre los enemigos de un acuerdo.

 

“Ni ciegos ni estúpidos”

 

“Vive la France!”, tuiteó el senador republicano John McCain. “#Francia tuvo la valentía de impedir un mal acuerdo con #Irán”, añadió. Su compañero de partido y de Cámara Lindsey Graham coincidió en una entrevista con CNN: “¡Gracias a Dios por Francia! Los franceses se han convertido en muy buenos líderes en Medio Oriente”.

Diez años atrás, estos mismos políticos habían sido parte de una campaña antifrancesa por el rechazo de París a atacar Irak.

El motivo de su novedoso orgullo era que, en el último momento, a la medianoche del sábado 9, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, había dinamitado lo que el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, describió como pláticas que estuvieron “extremadamente cerca” de un acuerdo entre el P5+1 e Irán.

Aunque la letra del documento no se conoce públicamente, ha trascendido que las partes se disponían a establecer un compromiso temporal que les permitiera, a lo largo de seis meses, negociar uno definitivo para resolver las disputas. De los detalles sólo se conoce lo que Fabius impugnó: que se permitía que Irán continuara construyendo el reactor nuclear de Arak, que una vez en operaciones no podría ser destruido con un ataque aéreo porque provocaría filtraciones radioactivas fatales, y porque no se exigía a Irán deshacerse de sus existencias de uranio enriquecido al 20% (un porcentaje superior al 5% necesario para generar electricidad pero todavía inferior al 95% requerido para un arma nuclear).

“No estamos ciegos y no creo que seamos estúpidos”, se defendió Kerry en el programa Meet the Press, de CNN, el domingo 10. “Tenemos una idea muy clara de cómo valorar si estamos o no actuando en el interés del país y del mundo”.

¿Servirá para algo la maniobra de Fabius? Los franceses se han echado encima el peso de lo que ocurra, responde a Apro Karim Sadyadpur, investigador especializado en Irán del think-tank Carnegie Endowment for International Peace: “Si en unas semanas se firma un acuerdo en el que Irán da mayores concesiones, se pondrán la medalla, pero si con los meses revienta la diplomacia y se aproxima un conflicto, cargarán con la infamia”.

 

Ensalada extraña

 

Francia “se ha convertido en el país occidental más belicista en Medio Oriente y áreas cercanas”, explica Juséin Ibich, de la Fuerza de Tarea Estadunidense sobre Palestina, un grupo contra la violencia. Para demostrarlo, recuerda que ese país “buscó la intervención en Libia, invadió y rescató Malí y era el más entusiasta (promotor) de los ataques contra Siria por el uso de armas químicas”. Además, fuerzas francesas entraron en 2011 en Costa de Marfil y definieron el resultado de una guerra civil.

Sin embargo, de lo que ocurra en Irán habrá más responsables. Esta coalición anti-acuerdo va más allá de la ya inusual sintonía entre la derecha estadunidense y los socialistas del gobierno francés, y reúne también a socios insospechados como los israelíes, los sauditas y los conservadores de Irán: una extraña ensalada.

Por un lado, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, salió a reclamar la paternidad del sabotaje. Aunque Obama lo llamó para pedirle que permitiera el desarrollo de las conversaciones de Ginebra, Netanyahu contactó a todos los líderes europeos y consiguió de su aliado, el presidente François Hollande, el compromiso de bloquear el acuerdo: “Les pedí que esperaran y estoy muy complacido de que decidieran hacerlo”, dijo en una reunión de gabinete, el domingo 10. En sus manos está el ataque aéreo con el que siempre ha amenazado contra instalaciones nucleares iraníes, lo que no sólo destruiría las posibilidades de llegar a un pacto, sino que provocaría una guerra en el Golfo Pérsico que afectaría el mercado petrolero global.

Por el otro lado, los iraníes han hecho oír sus críticas. Faridé Farjí, una politóloga iraní que estuvo exiliada en Hawai y regresó a Irán tras la victoria de Rouhaní, dice a Apro que en su país hay un “ambiente general de optimismo cauteloso” en el que en estos días se están escuchando más los ataques de los conservadores, que acusan al nuevo gobierno “de ser ingenuo por confiar en Estados Unidos”.

Los sauditas, por su parte, escogieron una ruta más atemorizante.

Están molestos con la política del gobierno de Obama porque en Egipto permitió la caída de Hosni Mubárak y un año de gobierno de los Hermanos Musulmanes, y porque en Siria no ha intervenido militarmente a favor de los rebeldes y aceptó que el régimen de Bashar al Assad saliera reforzado tras el ataque de armas químicas. Esa molestia ya se había expresado el 18 de octubre con su rechazo a tomar el asiento temporal que les correspondía en el Consejo de Seguridad de la ONU, con el argumento de que no ha impedido la masacre en Siria, y con insinuaciones de que podría alejarse de Washington para buscar nuevos aliados en Pakistán y China.

La inconformidad ha crecido con la aproximación entre Estados Unidos y el gran enemigo de los sauditas, Irán. El miércoles 6, en la víspera de las pláticas de Ginebra, la BCC publicó que los sauditas financiaron el programa nuclear de Pakistán con la promesa de que, en caso de necesitarlo, este país les entregaría bombas nucleares. Según esta versión, importantes funcionarios de Arabia Saudita estarían contemplando hacer válida la promesa, y de hecho, en Pakistán ya existiría una cantidad de armas almacenada en espera de su traslado a la Península Arábiga.

Al día siguiente, el editor militar de la BBC, Mark Urban, comentó que la embajada saudita en Londres no negó la información, sino que argumentó: “La falta de acción internacional ha puesto a la región frente a una bomba de tiempo que no puede ser ignorada dándole un rodeo”. Esto, escribió Urban, “es un indicio fascinante respecto de las intenciones de ese país en lo que valora como un momento de gran amenaza”.

Las conversaciones entre el P5+1 e Irán se van a reanudar este miércoles 20, a un nivel que no llevará a un acuerdo inminente porque no involucra a ministros de Exteriores (que sí estuvieron en las de los días 7 al 9), pero deberán conducir a un acercamiento de posiciones que posibilite una solución.

Los enemigos son muchos, sin embargo, y los riesgos también, como la nuclearización de Medio Oriente. Urban señala que los sauditas quieren hacer creer que buscarían la bomba y que tal vez eso sea todo, un bluff; amenazar para disuadir a Irán de seguir adelante. Pero también es posible, advierte, que un país que se toma tan en serio su seguridad como Arabia Saudita, que cuenta con enormes recursos financieros y que se ha venido preparando para este momento durante una década, “no va a confiarse en que basta con asustar”.