Altomonte Ensamble, concierto íntimo y cálido

El grupo austriaco Altomonte Ensamble.
Foto: Especial

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Una muy mala, por no decir inexistente promoción, aunada al “Buen Fin”, dieron como resultado que uno de los conciertos íntimos y delicados más disfrutables del año se viera vacío en por lo menos la mitad del pequeño Salón de Recepciones del Museo Nacional de Arte (Munal), donde, con entrada gratuita, se presentó la noche del viernes 15 el muy buen grupo austriaco Altomonte Ensamble especializado en música antigua y barroca.

Con una dotación singular que incluye la voz humana, el Altomonte se integra con Jolanta Sosnowska al violín, Thomas Wall, violonchelo; Matthias Giesen al clavecín-órgano, y Markus Miesenberger, tenor. El conjunto ofreció un programa igualmente singular de gran delicadeza, propio solo para intérpretes de mucho oficio y dedicación. Para abrir boca inició nada menos que con la Suite I para violonchelo solo de Johan Sebastian Bach (1685-1750), siguió con “So che dáquilla e costume” de la ópera Pulcheria de Johan Joseph Fux  (1660-1741), luego la Sonata en re mayor para violín y bajo continuo de Antonio Vivaldi (1678-1741) que dio paso a “Moriste ninfa bella” de la ópera Orfeo del emperador Leopoldo I (1640-1705), a la que sucedió la rara vez escuchada Orgelsolo: Toccata prima del libro secondo di Toccate, ricercar cromático post il Credoaus Fiori Musicale de Girolamo Frescobaldi (1583-1643), que desembocó en un justo intermedio.

La segunda parte arrancó con las florituras de Vivaldi en su Sonata III en la menor para violonchelo y bajo continuo, y repitió Leopoldo I de quien se interpretó la segunda aria para violín y bajo continuo de la suite Aus den balleti. Este emperador cedió su lugar a otro que le sucediera años más tarde, el káiser Joseph I (1678-1711) con “Piu d’ogni stella” del poema pastoral dramático La Flora, para dar paso a Chacona para violín y bajo continuo de Heinrich Schmelzaer (1623-1680) y culminó con “Non é degno di perdono” del oratorio Il trionfo di Giuditta de Giuseppe Porsile (1680-1750).

Como puede verse, una joya del barroco que no es nada común en nuestra programaciones habituales, ni aun entre los conjuntos, que tenemos varios y buenos,  que cultivan este tipo de música.

La ejecución del peograma fue de una limpieza total; fraseo claro, preciso, en todos y cada uno de los participantes, comprensión estilística plena y conocimiento de la época que se tradujo en la “intencionalidad” sonora y canora y que empezó con el grado de afinación de los instrumentos y los instrumentos mismos que, por supuesto, no son los que utilizan cuando abordan un repertorio distinto como el clásico o romántico, cronológica y afectivamente más cercanos a nuestros públicos y, por qué no decirlo, a nuestros propios oídos.

Concierto hermoso realmente, íntimo, delicado, fino y diferente, qué pena que lo hayamos disfrutado tan pocos.