La Flauta Mágica, inicia la temporada de Ópera 2014

La flauta mágica en Bellas Artes.
Foto: INBA

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- La conocida y gustada ópera La flauta mágica, estrenada por Mozart apenas 67 días antes de su muerte, fue la escogida para inaugurar la temporada de este año por la Ópera de Bellas Artes (OBA), hasta el año pasado Compañía Nacional de Ópera.

La elección es buena porque como su nombre indica, La flauta no es otra cosa sino un delicioso cuento de hadas debido a la pluma de Emanuel Schikaneder enmarcado por la maravillosa música de Mozart, que es ideal para aquellos que por primera vez se acercan a la ópera, y deleita a quienes la conocen o sea, es capaz de atraer a todo tipo de público. Demostración de ello fue el lleno completo de la sala en la noche inaugural del recién pasado martes 11 y, según comentarios, el que ya no hay boletos para las siguientes funciones. Desde este punto de vista, magnífico inicio y felicidades por ello a quien corresponda.

Lo que no marchó igual fue la escenificación tanto en lo músico vocal como en la puesta en escena propiamente dicha. La dirección musical fue encargada al joven sensación Iván López Reynoso quien a sus 24 años ha dirigido ya a nuestras principales orquestas y óperas como Aida, Elixir de amor y La Bohemia entre otras. La dirección de escena se encomendó a José Antonio Morales quien, en compañía de Rosa Blanes Rex, se encargó también de la escenografía y la iluminación, ésta muy mala por cierto.

El amplio elenco (aunque es un cuento eso no le quita lo intrincado, complicadísimo y exigencia de elenco a esta flauta), mostró igualmente amplias disparidades y si bien contamos con una Lourdes Ambriz (Pamina), que fue lo mejor de la noche, también tuvimos una Íride Martínez (Reina de la noche) que nada tiene que hacer en ese papel y, por lo tanto, para nada justifica su importación. Para hacer lo que hizo bien se pudo invitar a cualquiera de nuestras muchas sopranos. Igualmente bien las Tres damas de la reina (Zaira Soria, Carla Madrid y María Ávalos) y los Dos hombres armados (Antonio Albores y Alejandro Armenta) pero no con similar desempeño en sus roles que son fundamentales, Ernesto Ramírez (Tamino),y José Adán Pérez (Papageno). Con un adecuado desempeño, Anabel de la Mora (Papagena), Carsten Wittmoser (Sarastro) quien además entro de emergente y los Tres genios (Paulina Rodríguez, Michelle Tapia y Elia Carbajal) y cosa semejante el resto del elenco. Sonoro, uniforme, acoplado y evidentemente comprometido en hacer las cosas bien, el Coro dirigido en esta ocasión por el huésped John Daly Goodwin. Con atención, cuidando tiempos y volúmenes, concertando cantantes y atrilistas o sea, bien, bastante bien aunque dejando pasar, sin enmendarlas, pequeñas incorrecciones la dirección de López Reynoso.

La innovación de la puesta en escena consistió en, a través del vestuario y escenografía y necesariamente algunos diálogos y frases, “mexicanizar” el montaje que ha de haber salido bastante caro porque la realización de la indumentaria se encargó, para elaborarlo en telar de cintura, al maestro oaxaqueño Remigio Mestas, toda una autoridad en esto de la creación textil y en el cuidado y preservación de la indumentaria milenaria de culturas como la mixe, zapoteca y triqui.

Por lo demás, fuera del cuadro inicial que se mantiene durante toda la obertura, “El hombre al centro del Universo” que diría el gran Diego Rivera y que en realidad es bello, el resto no ofreció nada de especial mención positiva sino al contrario, sobre todo en el segundo acto, el ritmo decayó tanto, fue tan lento que este formidable y entretenido cuento de hadas y demás genios se tornó aburrido e interminable. La dirección de actores corrió igual suerte e inclusive se achabacanó (recordemos lo que nos dicta García Lorca al respecto) a Papageno que, de por sí y desde el original, es un personaje delicioso que no necesita recurrir a la comicidad barata para gustar.

Así, un buen inicio de temporada en la escogencia de la obra, lo musical instrumental, lo vocal en general y, sin pena ni gloria en el montaje.