Oceanografía: Y el “Estadio del Mar” naufragó

Amado Yáñez, empresario.
Foto: Especial

En Campeche, el dueño de la empresa Oceanografía –acusada por Banamex de fraude, y sospechosa de tráfico de influencias durante los sexenios panistas– no se esforzó mucho para tejer ventajosas relaciones políticas. Hipnotizados por sus proyectos millonarios, como el “Estadio del Mar”, autoridades y políticos le dieron todas las facilidades e incluso pusieron a su disposición dinero público. Bastó que una maniobra sucia del magnate quedara al descubierto para que una universidad, el municipio del Carmen e incluso el club de futbol Delfines se hundieran en la incertidumbre. 

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Enriquecido al amparo de Vicente Fox y Felipe Calderón, Amado Yáñez Osuna, dueño de la empresa Oceanografía, tejió también en Campeche una red de relaciones políticas que materializaron una de sus pasiones: el equipo de futbol Delfines de Ciudad del Carmen, de la Liga de Ascenso.

Todos le dieron lo que quiso. La Universidad Autónoma del Carmen (Unacar), dirigida por Sergio Augusto López Peña, le entregó a Yáñez el estadio Delfín por 18 años, prorrogables por otros 18.

Nunca pagó renta, agua ni luz eléctrica, y hasta el diputado federal panista Jorge Rosiñol Abreu –amigo del empresario– gestionó 25 millones de pesos de recursos federales para remodelar y ampliar las gradas.

Pero como Amado Yáñez quería una sede nueva para su equipo, el “Estadio del Mar”, los políticos también se le rindieron: los gobiernos estatal y municipal, ambos priistas, le ofrecieron en concesión por medio siglo un terreno de 100 mil metros cuadrados; el gobernador anunció 27 millones de pesos para iniciar la obra y hasta los funcionarios se convirtieron en gestores de los permisos.

Pero ahora todo huele a fraude, como el que Yáñez presuntamente cometió contra Banamex, la institución bancaria que patrocinaba a Delfines y cuyo logotipo –ya desde las vísperas del escándalo– fue cubierto en las playeras naranja de los jugadores con una cinta del mismo color.

En el equipo, que preside Verónica González Gutiérrez –esposa de Yáñez–, priva la incertidumbre.

El anuncio del “Estadio del Mar”, el 20 de enero de 2013, fue un acontecimiento: asistieron más de 3 mil personas, entre ellas funcionarios estatales y municipales de Carmen, pero también de los alcaldes de Palizada, Champotón, Hecelchakan, así como legisladores locales y federales.

En la ceremonia, el gobernador Fernando Ortega Bernés y el empresario Yáñez Osuna colocaron la primera piedra de la obra, con una aportación inicial de 27 millones de pesos.

Además de Verónica González, la presidenta, y de Decio de María y Campos, secretario general de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), asistieron el presidente municipal de Carmen, Enrique Iván González López, y los jugadores Jorge Campos y Ramón Ramírez.

Ahí se dieron detalles: el estadio tendría capacidad para 26 mil 100 aficionados, 20 mil en zona techada y 80 palcos VIP.

Pero la obra simplemente no se inició.

La privatización

Campeche ha sido clave en los negocios de Amado Yáñez Osuna: ahí conoció a Juan Camilo Mouriño. Los presentó Leonardo Olavarrieta, amigo del primero desde la infancia y quien se convirtió en director general adjunto de Oceanografía, favorecida con contratos por miles de millones de pesos de Pemex, cuyo abogado general, César Nava, es también su amigo.

Hace seis años, en marzo de 2008, Ana Lilia Pérez documentó en la revista Contralínea las gestiones de Mouriño ante Calderón, entonces secretario de Energía, que derivaron en contratos de Pemex, pero también logró recursos de Bancomext mediante el uso de supuestas facturas apócrifas, el mismo procedimiento ilegal del cual se le acusa ahora.

Yáñez también se vinculó a los hijos de Marta Sahagún, esposa de Vicente Fox, en cuyo sexenio logró un despegue económico que continuó con Calderón.

Otro de los aliados campechanos de Yáñez fue Sergio Augusto López Peña, exrector de la Unacar, quien firmó un convenio que en los hechos privatizó a favor del empresario el estadio de la institución.

Destituido por el Consejo Universitario en septiembre al estallar el escándalo por un fraude –apenas dos meses después de ser reelegido por cuatro años–, López Peña firmó con la presidenta del equipo, Verónica González, un trato lesivo.

El nuevo rector, José Antonio Ruz Hernández, afirma: “Ese convenio que firmaron con el rector anterior no tiene ninguna contraprestación para la universidad y ellos están construyendo gradas en un estadio de futbol que originalmente era para los estudiantes de la universidad”.

–¿En los hechos se ha privatizado?

–Así es. El convenio tiene una vigencia de 18 años renovables a otros 18, con la presunción de que al final esa infraestructura se le va a quedar a la universidad.

Entrevistado el 18 de febrero, antes de que se hiciera pública la denuncia de Banamex-Citigroup contra Yáñez Osuna y de que la Procuraduría General de la República (PGR) interviniera Oceanografía, el rector Ruz Hernández afirma que el único motivo que argumentó su antecesor para firmar el convenio fue el de “fomentar el deporte de alto nivel en Carmen, puesto que no contaba con espectáculos de primer nivel en el ámbito deportivo”.

El diputado federal Jorge Rosiñol, que gestionó los 25 millones de pesos de la federación para ampliar las gradas del estadio de la Unacar que usa Delfines, es el mismo que consiguió el avión de Oceanografía para que lo usara Gustavo Madero para viajar a Campeche en noviembre, como presidente del PAN. La fotografía generó escándalo.

Rosiñol, alcalde de Carmen de 2003 a 2006, relató que el 14 de noviembre pasado Madero llegó a Ciudad del Carmen con una hora de retraso, por ello debía recuperar el tiempo perdido. “Después del desayuno le hablé yo al dueño de Oceanografía, al accionista mayoritario, Amado Yáñez, conocido mío cuando fui alcalde, y ‘cómo no, con mucho gusto’… y el presidente Madero ni sabía en qué avión se subía”, declaró al diario Reforma.

El rector Ruz Hernández aclara que desde que asumió el cargo las cosas comenzaron a cambiar: inició negociaciones con los directivos del club para que los estudiantes obtengan descuentos en las entradas al estadio, a los partidos y a otros espectáculos, y para que el equipo cubra el costo del agua y la electricidad que consume.

“Era un convenio muy ventajoso para ellos –subraya el rector–; se ha pensado en modificarlo y hasta anularlo, pero como fue firmado por los representantes legales de la empresa y la universidad, se ha pensado que tiene cierta validez y que pudiera significar un pleito legal donde la empresa nos puede demandar y nosotros a ellos, y mientras se resuelve el caso pudiera estar el estadio ocioso, sin que ellos lo usen pero nosotros tampoco.”

Tras la intervención del gobierno federal a Oceanografía, el rector no tiene aún definida una estrategia.

La misma incertidumbre domina en el equipo de futbol, que llegó en 2012 a Ciudad del Carmen, donde residía Yáñez Osuna. Sus empleados de Oceanografía aseguran que lo vieron huir en un yate que zarpó del puerto industrial Laguna Azul seis horas antes de que la PGR interviniera su empresa.

La esposa de Yáñez no ha emitido ninguna opinión y sólo el presidente deportivo de los Delfines, José Luis Malibrán, declaró que el club se encuentra enfocado en lo deportivo, en buscar la calificación.

En 2012 Delfines participaba en la Liga Premier, en Segunda División, y el año pasado se colocó en la Liga de Ascenso al comprar la franquicia de Neza F.C.

Además del presidente deportivo, José Luis Malibrán –quien jugó en Atlante y Morelia–, los asesores deportivos del equipo son los exseleccionados nacionales Jorge Campos y Claudio Suárez.

En la ceremonia de enero, Decio de María eligió a Verónica González como la primera y única mujer que preside un club dentro de la Federación Mexicana de Futbol y dijo que estaría atento a la construcción del estadio.

En aquella ocasión fungieron como atracción los jugadores Jorge Campos y Ramón Ramírez. Se dijo que la obra sería “colaborativa” con los gobiernos estatal y municipal, pero sólo el mandatario tocó el tema de los recursos. Comentó que había etiquetados inicialmente 27 millones de pesos, pero nunca se habló de montos de inversión.

La idea era “proyectar el área de Playa Norte como un sector turístico de influencia internacional, pues no sólo será para que los jugadores del equipo Delfines jueguen o entrenen, sino que también será sede de partidos futuros de México y del extranjero, con esa visión se fortalecerá el futuro económico del municipio, que en su siguiente etapa es la turística”.

Estadio de discursos

En junio del año pasado, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) aprobó la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) que requería el Grupo Delfines para iniciar los trabajos de cimentación y edificación del Estadio del Mar.

Esto lo dijo el alcalde priista de Carmen, el expanista Enrique Iván González López, cuando Verónica González fue a su oficina para entregarle un reconocimiento por su respaldo al equipo.

“Gracias Verónica, a ti, a tu esposo, a todo el Grupo Delfines, es un orgullo tener en Carmen empresarios como ustedes que apuesten por el deporte profesional, que pongan recreación sana al alcance de los aficionados al futbol, pero más que eso, fomentar buenos ejemplos deportivos para las nuevas y futuras generaciones de ciudadanos en Carmen”, le dijo el alcalde priista.

Dio detalles: “Como siempre, todo va bajo el debido marco de la ley, aquí va la respuesta oficial ya de la dependencia federal para consentir el comienzo de los trabajos en esa zona federal. Además, el terreno es donado en concesión a 50 años por parte del gobierno del estado y municipal, en bien del deporte, de una obra que sabemos será de mucha trascendencia y de proyección turística para el municipio de Carmen y de todo Campeche”.

Sin embargo, es un predio federal del que hasta ahora los promotores del proyecto no poseen la legal posesión. El terreno está en una superficie ganada al mar que aún está en proceso de desincorporación.

José Luis Vadillo Espinosa, secretario del ayuntamiento de Carmen, informa que el estadio era “una inversión privada que había ofrecido Oceanografía, particularmente con Vero como propietaria de los equipos de futbol en el rubro deportivo”, pero admite que ahora “no sabemos, dada la situación que está privando, cuál vaya a ser el camino que siga esta intención”.

Sobre la construcción, argumenta: “Lo que sé es que el inicio se retrasó debido a los trámites de impacto ambiental y de diversas índoles”.

Y aunque la MIA fue aprobada por la Semarnat en junio del año pasado, la obra no arrancó. “Desconozco los particulares, porque no soy parte de la empresa”, rehúye el funcionario.

–El gobernador anunció que el estadio sería una obra “colaborativa”. ¿En qué consistía esto? Porque el gobierno estatal ofreció 27 millones de pesos.

–No, no. El ayuntamiento y el gobierno del estado fungían como facilitadores, en este caso de las gestiones… Es posible que se haya etiquetado el dinero, pero al no haberse iniciado nada, es probable que no hubo aplicación.

Sobre los terrenos para edificar el estadio, reconoce que “es eminentemente de zona federal, en proceso de trámites de desin­corporación”, y que si bien los promotores no tenían la posesión legal del terreno, ya era válido anunciarlo cuando lo hicieron.

Pero la perredista Lucía Rodríguez, síndica de administración del ayuntamiento carmelita, que preside el expanista González López –inhabilitado por la Secretaría de la Función Pública durante 10 años por corrupción–, cuestiona: “Es inaceptable que se anuncie una obra de esta magnitud cuando aún los inversionistas no tienen regularizada la posesión de los terrenos”, sobre todo porque no hay ningún compromiso por escrito.

“Yáñez Osuna todo lo hacía de palabra, nada por escrito, como es el caso de la Stella Maris”, dice en alusión a un proyecto turístico del ayuntamiento que el dueño de Oceanografía se comprometió a apoyar con equipos y materiales para las obras marítimas, “pero no nos llegó ningún convenio por escrito”.

Según el proyecto ejecutivo, el estadio de Los Delfines ocuparía 99 mil 300 metros cuadrados: el estadio ocuparía una superficie de 37 mil 700 metros cuadrados; la casa club y canchas de prácticas, 12 mil 100; el estacionamiento, 41 mil 500, y la plaza de acceso, 8 mil metros cuadrados.

Su capacidad sería de 26 mil 100 espectadores divididos en cuatro secciones. Conforme a la reglamentación de la FIFA, el Estadio del Mar tendría baños y vestidores para el equipo local, equipo visitante, árbitros, recogebalones, así como áreas para servicios médicos, control de dopaje, sala de prensa y para precalentamiento con acceso directo al terreno de juego.

En su primer nivel habrían sanitarios de hombres y mujeres, locales comerciales, así como módulos de primeros auxilios, en tanto que en la segunda planta se ubicarían los palcos para prensa y televisión, equipo visitante y equipo local, y asociados con elevadores de acceso, sanitarios individualizados y sala de estar. El tercer nivel estaría conformado por tribunas para 8 mil espectadores en zona naranja.

También se preveía la construcción de 80 palcos VIP en dos niveles, con capacidad para 10 personas cada uno.