Actualidades musicales: Toradze, concierto inolvidable

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Con la muy importante presencia de uno de los más destacados pianistas de nuestro tiempo, el maestro Alexander Toradze, enmarcado por nuestra Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) dirigida por su titular Carlos Miguel Prieto, se inauguró la noche del miércoles 12 la trigésima edición del Festival de México en el Centro Histórico.

Tras mil variaciones de su nombre oficial, ha devenido hoy en Festival México Centro Histórico, pero que todo el mundo conoce, nombra y refiere como, simplemente, Festival del Centro Histórico.

Pero lo importante no es tanto el nombre sino su contenido que, en el caso de la inauguración de la presente edición, fue realmente excepcional.

Nacido en 1962 2 Tiflis, la capital de la Georgia soviética, no en el homónimo estado estadunidense, el maestro Torazde es producto de la mundialmente prestigiada escuela soviética de música que tantos espléndidos atrilistas y compositores forjó. Esa escuela y su posterior evolución y enriquecimiento musical personal se plasman en cada una de sus presentaciones y grabaciones y, claro, la noche de referencia no fue excepción sino al contrario, confirmación de su señorío.

La obra escogida para su participación fue el Concierto No. 2 para piano y  orquesta de otro magnífico representante de la escuela arriba mencionada, el gran Dmitri Shostakóvich (1906-1975) a quien, dicho sea de paso, la Rusia de hoy le debe todavía una gran compensación.  No sé si esta obra fue escogida por Prieto o el propio pianista pero, a quien haya sido, mi reconocimiento por el acierto.

Y es que este segundo concierto, iniciado en 1956 y estrenado el 10 de mayo del año siguiente, 1957, sin que la fecha elegida tuviera nada que ver con el muy comercializado occidental Día de la Madre, es una auténtica joya de posibilidades para el solista y la orquesta, con un allegro introductorio pleno de energía, color y luz que en verdad reanima y que, de una forma que pudiéramos calificar hasta de sorprendente por el cambio tan contrastante, es seguido por un Andante de una delicadeza imposible de describir, de una suavidad y fineza que yo diría llega a la ternura conmoviendo todo tu interior y que, por supuesto, debe ser tocado así, con esa enorme delicadeza, rozar las teclas como entre nubes y elevarte a sus alturas.

No, no cualquiera puede alcanzar esa sutileza, lograr ese toque que (te) llena y envuelve todo y, sin racionalizarlo porque en esos momentos sólo se está en lo emocional, entender la magnitud del arte y sus trasmisores que, a través de la música, hacen entender la grandeza de la condición humana.

Vuelve el concierto a la vida y el Allegro final es, como expresara “el jibarito”, todo un himno de alegría.

A este exquisito concierto le precedió una cortísima pero intensísima obra de fuerza avasallante de Alexander Mosolov (1900-1973), Fundición de acero,  que es la única parte “sobreviviente” del desaparecido ballet Acero según nos cuenta Arturo Brennan. A este compositor, perseguido por la burocracia stalinista, también se le debe una reivindicación plena.

Concluyó el concierto con selecciones del muy conocido y bello ballet Romeo y Julieta de Sergei Prokofiev (1891-1953), o sea, y qué bueno, un programa íntegramente dedicado a compositores soviéticos, lo  que reafirma lo que arriba escribí sobre su escuela y en donde –lo consigno con una gran alegría y satisfacción– escuché a nuestra OSN como tenía mucho tiempo de  no oírla: vital, comprometida con en verdad deseos de hacer música. Bien maestros.