Nicaragua: Alarma por actividad sísmica

Terremoto en Nicaragua deja 24 heridos y 139 casas dañadas.
Foto: AP / Esteban Félix

MANAGUA (apro).- La medianoche del domingo 13 fue de un ajetreo inusual en Vistas de Momotombo, un complejo residencial de más de 2 mil viviendas de interés social ubicado en el kilómetro 19.5 de la carretera Managua-León, desde donde se observa el imponente el volcán que lleva el nombre de esta urbanización y que allá en 1610 provocó un éxodo masivo en la antigua Ciudad de León, la primera de Nicaragua.

Justo a las 23:07 horas la tierra empezó a rugir. “Se escuchó un retumbo”, cuenta Yahoska Ruiz, habitante del Bloque 24 de Vistas de Momotombo y quien comparte la vivienda con su esposo y sus tres hijos, de 16, 6 y 4 años. “Parecía como si hubiesen puesto una dinamita”, insiste Ruiz, una mujer alta y morena.

“Las casas empezaron a moverse, los adornos se cayeron, se quebraron y de pronto se desató una histeria colectiva, se fue la luz, muchos subieron a sus vehículos y salieron, dejando el residencial. Había personas llorando en las calles, mucho nerviosismo y pánico, mucho pánico”.

Esa misma noche las autoridades del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) y del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastre (Sinapred) alertaron a la ciudadanía sobre la posibilidad de que hubiese más sismos y aconsejaron a los pobladores de Managua dormir fuera de las casas, pues existía el peligro de que se activara una de las 16 fallas ubicadas debajo de la capital.

A las 11:07 la alerta se materializó. Un sismo de magnitud 5.6 en la escala de Richter, ocurrido a una profundidad de 5.4 kilómetros se percibió en todo el país. El temblor se dejó sentir más en este residencial que tiene como vecino al Momotombo. Esta vez, sin embargo, no era el coloso el causante del movimiento, sino su vecino, el Apoyeque, ubicado también en el lago Xolotlán, un volcán de tipo pliniano cuya última erupción se estima que ocurrió hace 4 mil años y que está a ocho kilómetros de la urbanización. Su nombre en náhuatl significa “agua salada”.

Pero la pesadilla no empezó ese día. El jueves 10 a las 17:27, un sismo de 6.2 grados, ubicado a una profundidad aproximada de 10 kilómetros, al suroeste del lago Xolotlán, zarandeó a media Nicaragua. Producto de éste se dañaron mil 200 viviendas en Nagarote, municipio de León ubicado a 22 kilómetros de Vistas de Momotombo.

Al día siguiente se registraron dos temblores. Uno de 6.1 Richter y otro de 6.7. De acuerdo con el geólogo Dionisio Rodríguez, estos dos últimos no tienen conexión con los anteriores, pues fueron ocasionados por el choque de las placas tectónicas Coco y Caribe.

La sismicidad provocó que el gobierno pasara de la alerta amarilla a la roja, la máxima, en pocas horas, y que contabilizara 2 mil 141 viviendas dañadas en los municipios de Mateare y Nagarote, ubicados al occidente de la capital.

Una mujer murió en Nagarote a causa de un infarto, y en la vieja Managua las autoridades no tuvieron más opción que dinamitar dos edificios en ruinas, testigos mudos del terremoto de 1972, donde vivían 22 familias.

Tres días después del primer episodio sísmico, el gobierno decretó “alerta roja extrema”, una figura que no existe en las leyes que regulan esa materia, pero que según las autoridades era meritoria por el riesgo inminente. Esa declaración acentuó el nivel de zozobra entre la población.

 

La fuerza de Apoyeque

 

Yahoska Ruiz recuerda que la sismicidad que empezó el jueves 10 continúo el viernes y también el sábado 12, pero con menor intensidad. “El domingo en la mañana sentimos un temblor y en la tarde no hubo”. A las 22:12 del domingo 13 se dejó venir uno de 4.4 de magnitud. “Me dio tiempo de alistar agua, de agarrar la lámpara, de sacar a los niños”, relata Ruiz.

Ese mismo domingo, en residencial Santa Eduviges, siete kilómetros antes de la vivienda de Yahoska, Margarita Palacios arrullaba a su pequeño, que esta semana cumplirá tres meses, cuando sintió ese sismo que obligó a los capitalinos a dormir afuera de sus casas. “Habíamos visto las noticias y teníamos una colchoneta en la sala. También tenía lista la maleta del niño y toda la gente ya estaba en la calle”, cuenta Palacios.

El residencial Santa Eduviges es una de las muchas urbanizaciones ubicadas sobre la llamada carretera nueva a León, ciudad localizada a 92 kilómetros de Managua. En los últimos años los bancos han administrado un fondo del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social y han otorgado créditos para adquirir viviendas de interés social, cuyos costos oscilan entre los 20 mil y 30 mil dólares. Las construcciones hacen suponer que Managua se está extendiendo hacia occidente, donde aún no hay grandes embotellamientos, demasiadas fallas sísmicas ni bullicio. Pero nadie contó con El Apoyeque.

“Nicaragua es un país altamente sísmico. Somos parte del anillo de fuego de Circumpacífico, tenemos la placa oceánica Coco deslizándose por debajo de la placa continental Caribe. Esto ha formado la cadena volcánica, que está compuesta por 22 volcanes, 11 de estos activos”, explica a Apro el geólogo Dionisio Rodríguez, quien está al frente del Instituto de Geología y Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Unan-Managua).

Entre los colosos activos está el Apoyeque, que había pasado completamente desapercibido hasta ahora y que según el Ineter tiene una caldera de 2.5 kilómetros de diámetro y 400 metros de profundidad, con todo y laguna en el fondo, que se encuentra cerca del nivel del mar.

Cuando Margarita Palacios confirmó que el causante del gran sismo y de las réplicas era el volcán vecino, sólo esperó que amaneciera para agarrar sus maletas, subirse al vehículo y viajar hasta Bluefields, en el Caribe nicaragüense. Llegó a su destino 11 horas después, aliviada de no sentir que la tierra bailaba. “La gente hablaba que iba a haber un terremoto y no quisimos quedarnos”, cuenta Palacios por teléfono. Como ella hay miles en estas urbanizaciones, que hoy lucen desoladas, como “ciudades fantasma”.

En la calle de Yahoska Ruiz, en el Bloque 24 de Vistas de Momotombo, sólo cuatro de 20 casas están habitadas. Los residenciales lucen desiertos y nadie sabe decir a ciencia cierta si es por las vacaciones de Semana Santa o por los temblores.

Entre el domingo y el miércoles se sentían temblores cada 10 o 15 minutos. “Entre los vecinos que decidimos quedarnos nos apoyamos, nos hacemos café, nos hablamos en las noches y desde el miércoles los temblores son más espaciados”, dice Ruiz.

Según la página web del Ineter, desde el jueves 10, cuando se produjo el terremoto de 6.2, y el jueves 17 se han registrado 427 réplicas entre los volcanes Momotombo y Apoyeque.

“Cuando compramos esta casa, en agosto de 2013, sabíamos que teníamos de frente al Momotombo, pero jamás le pusimos mente al Apoyeque”, comenta María Luisa Hernández, habitante del residencial Ciudad El Doral, localizada en el kilómetro 17.3 de la carretera a León.

“La noche del domingo nosotros dormimos en el vehículo”, dice Hernández, quien tiene 17 semanas de gestación.

En su calle también han quedado unos pocos. “Mucha gente se fue a Managua pero nosotros decidimos quedarnos porque allá hay mayores riesgos por las fallas”, agrega y cuenta que sus vecinos la llaman por teléfono para saber si aún hay sismos o alguna novedad.

 

Expertos 

 

Ante la crisis sísmica, el gobierno de Nicaragua ha solicitado colaboración de expertos extranjeros, por lo que se encuentran en el país sismólogos cubanos, venezolanos, un estadunidense y un mexicano.

“Estamos en el trabajo de mejorar el monitoreo; ayer se instalaron varias estaciones sísmicas que vinieron de Venezuela hace dos días, ya están funcionando; también se preparó un grupo de equipos que mide la posición y la altura”, declaró el jueves 17 a un canal oficialista el director técnico de Geofísica del Ineter, Wilfred Strauss.

Según Strauss, es probable que la sismicidad continúe y que disminuya paulatinamente hasta desaparecer. “Eso es lo más probable. Otros escenarios son mucho menos probados, o casi imposibles, entre ellos las erupciones volcánicas grandes, inclusive pequeñas. Eso es posible, pero no es probado y no tenemos indicios para ello”, dijo.

De acuerdo con el geólogo Dionisio Rodríguez, no hay nada que actualmente pueda indicar que existe un riesgo inminente de erupción volcánica. Una erupción del volcán Apoyeque, que es de tipo pliniano, podría ser muy explosiva. “La sismicidad en el volcán Apoyeque es cíclica y de forma recurrente. Generalmente una crisis sísmica como esta ha durado hasta siete días”.

Rosario Murillo, esposa del presidente Daniel Ortega y quien coordina el Consejo de Comunicación y Ciudadanía, se ha puesto al frente de la emergencia. Comparece en los medios oficiales al menos dos veces al día, e informa sobre los acontecimientos, así como sobre las acciones que está impulsando el gobierno.

“Estamos viviendo una situación particularmente difícil, una situación sísmica muy variable, y también muy imprecisa, y tenemos que reconocerlo, y por eso hemos logrado hacernos acompañar de muchos expertos de distintos países que están aquí con nosotros, también científicos de las universidades”, declaró Murillo el miércoles 16.

Mientras concluye la Semana Santa, Margarita Palacios permanecerá en Bluefields y asegura que dejará ahí a su bebé de tres meses hasta que no concluya la crisis sísmica. Mirna Guillén, habitante del barrio oriental Larreynaga, en Managua, y sobreviviente del terremoto que asoló la capital el 23 de diciembre de 1972, tiene ya una semana de dormir en el porche de su casa. El miedo le impide conciliar el sueño dentro de la vivienda. Miedo es una palabra que se escucha mucho en la boca de los capitalinos nicaragüenses.