Irlanda del Norte: El caso McConville

Helen McKendry sostiene una foto de su madre Jean McConville, en su domicilio en Killyleagh, Irlanda del Norte.
Foto: AP

LONDRES (apro).- La noche del 7 de diciembre de 1972 cuatro mujeres encapuchadas secuestraron a la viuda norirlandesa Jean McConville cuando ésta se encontraba en su vivienda en el 1A St Jude’s Walk, un conjunto de edificios en Belfast, por entonces bastión del Ejército Republicano Irlandés (IRA).

En ese humilde apartamento se encontraban también sus diez hijos, algunos de ellos adolescentes.

Treinta y un años más tarde, exactamente el 27 de agosto de 2003, y luego de una intensa tormenta de lluvia y viento que había azotado el noreste de Irlanda, aparecieron los restos de la mujer en la playa de Shellinghill, en el condado de Louth.

Sospechas

Jean Murray había nacido en 1934 en el seno de una familia protestante del este de Belfast, pero se convirtió al catolicismo luego de casarse con Arthur McConville, un exsoldado católico del Ejército británico.

Luego de ser amenazados por grupos unionistas protestantes en 1969, la familia McConville se trasladó al conjunto habitacional de Divis Flats en el oeste de la capital norirlandesa, que fuera su última residencia. Arthur murió de cáncer en enero de 1972.

Durante los meses previos a su secuestro, los vecinos de Jean comenzaron a sospechar acerca de que ella era en realidad una informante del ejército británico y que transmitía datos sobre las actividades del ERI en el vecindario.

Días antes de su desaparición, fue atacada luego de abandonar un bingo local, y amenazada para que dejara de pasar información al Ejército británico, que entonces era el principal enemigo del ERI y de los republicanos a favor de una Irlanda unida.

De acuerdo con los registros de la Policía norirlandesa, el 29 de noviembre de 1972 un grupo de soldados del Ejército británico encontró a la mujer caminando sin rumbo y desorientada por las calles del oeste de Belfast. Con el pelo revuelto y con heridas en el rostro, la mujer se identificó como Jean McConville. Narró lo que le había pasado y pidió que la dejaran regresar a su departamento.

Pero lo peor aún no había llegado. En la noche del 7 de diciembre de 1972 cuatro mujeres ingresaron a su vivienda y secuestraron a Jean a punta de pistola, trasladándola a un destino incierto. Sus hijos escucharon el tumulto, pero ninguno se animó a salir a defenderla por miedo a ser asesinados.

Ejecución

Años más tarde, la norirlandesa republicana Dolours Price admitió que fue una de las mujeres que participó en el secuestro. Price contó que luego de ser interrogada durante horas, Jean recibió un disparo detrás de la cabeza, aparentemente mientras estaba de rodillas suplicando que la dejaran en libertad.

Durante los interrogatorios, también fue torturada y golpeada salvajemente. La autopsia que se le practicó a sus restos años más tarde mostró que tenía heridas graves en la cabeza y que sus manos habían sido mutiladas.

Su cuerpo fue enterrado en secreto en la playa de Shellinghill, en la pintoresca península de Cooley, a unas 50 millas de la casa de McConville. Pero por más de tres décadas su paradero fue un misterio.

Aunque ningún grupo admitió entonces responsabilidad por esa muerte, después de la firma del Acuerdo del Viernes Santo (1998) que dio comienzo al proceso de paz norirlandés, el ERI indicó que habían sido ellos los responsables, asesinando a la mujer “por ser una informante”.

Varios vecinos de Jean, como también algunos de sus hijos, contaron años más tarde haber visto a Jean ayudar a un soldado británico herido fuera de su vivienda en Divis Flats, hecho que supuestamente habría dado comienzo a los rumores y sospechas.

El exmiembro del ERI Brendan Hughes afirmó que la organización había requisado el apartamento de McConville días antes de su muerte, y que encontró un transmisor de radio, el cual fue confiscado. Él y otros exmiembros republicanos que la interrogaron dijeron que Jean admitió que, en efecto, el Ejército británico le pagaba a cambio de dar información sobre actividades de los republicanos.

Hughes dijo también que debido a sus circunstancias, la dejaron ir, pero sólo con una fuerte advertencia. “No vuelvas a comunicarte con los soldados británicos”. Sin embargo, agregó que cuando el ERI descubrió que ella había vuelto a colaborar con el Ejército británico, decidieron “ejecutarla”.

En agosto de 2006, el por entonces jefe del Servicio de la Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Hugh Orde, dijo no tener esperanza alguna que se hallaran los culpables de la muerte de McConville, debido principalmente a la “complejidad” del caso.

La orden

Pero en Estados Unidos, el Colegio de Boston, en Massachusets, inició en 2001 un proyecto de historia oral sobre el conflicto de violencia en Irlanda del Norte, que incluiría grabaciones de entrevistas con republicanos y unionistas sobre la participación de estos en ese sangriento período histórico, bajo la promesa de que sus admisiones no serían dadas a conocer públicamente hasta después de sus muertes.

Dos de los entrevistados republicanos, Brendan Hughes y Dolours Price, ambos ya muertos, admitieron en esas grabaciones haber participado en el secuestro de McConville. Ambos se volvieron disidentes republicanos, se opusieron al Acuerdo del Viernes Santo por el proceso de paz en Irlanda del Norte y apoyaron al partido nacionalista Sinn Féin.

En 2010 y tras la muerte de Hughes, algunas de sus declaraciones fueron dadas a conocer públicamente, entre ellas las explosivas denuncias acerca de que McConville había sido efectivamente una informante encubierta del Ejército británico, y que el presidente del Sinn Féin y ex integrante del ERI, el político Gerry Adams, estuvo involucrado en la desaparición de la mujer.

Por su parte, Price, fallecida en 2013, admitió que Adams fue el que ordenó la ejecución de Jean.

Como consecuencia de esas grabaciones, el PSNI decidió abrir una investigación sobre la muerte de la mujer, por la cual arrestó en marzo y abril de 2014 a personas involucradas en el caso.

Ivor Bell, excomandante del ERI, fue uno de los arrestados. Su detención se produjo el pasado 18 de marzo. La Policía lo interrogó por su supuesta participación en el secuestro y asesinato de Jean, y poco después fue acusado formalmente por esa muerte.

El pasado 30 de abril y luego de haber sido contactado por el PSNI, Adams se presentó de forma voluntaria a la comisaría de Antrim, en Belfast, donde sin esperarlo fue arrestado de inmediato.

La prensa británica se hizo eco de la detención y la noticia sacudió al mundo político de Irlanda y de todo el Reino Unido.

En esa comisaría de Belfast, Adams permaneció cuatro días y cuatro noches, y fue interrogado durante 17 horas cada jornada. Luego de su liberación, que provocó que decenas de simpatizantes republicanos marcharan fuera de esa estación policial por su puesta en libertad, la Policía envió un informe por escrito a la Fiscalía norirlandesa, para que fuera ésta quien determinara si elevar o no cargos formales contra el político.

Para Sinn Féin –que durante años fue el brazo político del ahora desarmado ERI–, se trató de un arresto con “fines políticos”, debido a que se llevó a cabo tres semanas antes de las elecciones europeas y municipales en Irlanda. La agrupación nacionalista que aboga por una Irlanda unida y por el fin de Irlanda del Norte, agregó además que el objetivo del PSNI fue perjudicar las oportunidades electorales del partido republicano.

Sin embargo, la familia de Jean McConville prometió seguir con su batalla para que se haga justicia y dijo que continuará acusando a Adams por el secuestro y asesinato de la mujer.

Michael McConville, uno de los hijos de Jean, contó que nunca pensó que Gerry Adams sería detenido en Irlanda del Norte, “pero por lo visto la Policía ha comenzado a investigar en profundidad, y por ello estamos encantados”.

En una entrevista con el programa “Today” de la radio 4 de la BBC, Michael dijo el 5 de mayo que sabía los nombres de aquellos que habían secuestrado y matado a su madre. “Pero no les daré esos nombres a la Policía. Si revelara las identidades yo o algún miembro de mi familia o incluso mis hijos seríamos asesinados por el ERI. Es terrible saber quiénes fueron los responsables y que no puedan ser juzgados”, continuó.

“Estos han sido días muy difíciles y estresantes para la familia McConville. Queremos que la gente sepa que seguiremos luchando hasta el final para conseguir justicia por el asesinato de nuestra madre”, declaró.

“Sabemos que va a ser un largo camino, pero hemos venido luchando por justicia desde hace más de 30 años y no vamos a parar ahora”, agregó en tono desafiante.

Adams, exdiputado por la circunscripción electoral de Belfast Oeste en el Parlamento Westminster y actual representante por el condado de Louth en el Parlamento irlandés, dijo tras su liberación en rueda de prensa en Belfast: “Nunca me desasocié del IRA y nunca lo haré. El IRA ya no existe, se ha terminado”.

El jefe del Sinn Féin contó además que durante los cuatro días bajo custodia policial, los detectives realizaron 33 interrogatorios grabados, y le mostraron viejas fotografías de él y el viceprimer ministro norirlandés, el también miembro del Sinn Féin Martin McGuinness, como también entrevistas con personas “enemigas del proceso de paz”.

“Yo no me presenté a la Policía esperando un trato especial, pero mi arresto envió la señal equivocada”, consideró el político, que negó cualquier vínculo con el asesinato de Jean McConville.

En ese sentido, aclaró que el Sinn Féin sigue determinada a apoyar el proceso político en Irlanda del Norte.

El pasado domingo 4 por la tarde, decenas de manifestantes unionistas bloquearon la entrada de la comisaría donde se encontraba detenido Adams. La Policía se vio obligada a retirar a éste por una salida de emergencia. Muchos de los manifestantes prometieron arreciar las protestas si el caso no se resuelve.

Adams, de 65 años, ha liderado el Sinn Féin, el segundo partido político más grande de Irlanda del Norte, durante los últimos 31 años, convirtiéndose en la primera voz de los republicanos norirlandeses.

Para algunos, es un estadista que ha contribuido en gran medida a la paz en la región por haber liderado a este movimiento republicano en su tránsito de la violencia a los métodos democráticos. Otros, principalmente protestantes unionistas, lo repudian por haber justificado públicamente una y otra vez los asesinatos del ERI, grupo paramilitar que según el gobierno británico fue responsable de al menos mil 700 muertes en más de 30 años de violencia.

Resta por ver si el caso McConville, que nuevamente salió a la luz, logrará ser resuelto de una vez o si terminará convirtiéndose en un nuevo obstáculo para el frágil pero indispensable proceso de paz en Irlanda del Norte.