Actualidades escénicas: “El trovador 2014” en Bellas Artes

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- En junio del año pasado, como parte de las celebraciones por el bicentenario de Giuseppe Verdi, Ópera de Bellas Artes (OBA, antes Compañía Nacional de Ópera), programó su conocida, gustada, pero no por ello menos truculenta obra, El trovador, cuyo protagonista sería nuestro gran tenor Ramón Vargas.

Sin embargo, éste sufrió una pequeña intervención en una pierna y eso le impidió cumplir con el papel. Por ello, a un año de plazo, en junio del presente, la OBA decidió reponer dicha ópera y, ahora sí, contando con la participación de Vargas y repitiendo a la mayoría del elenco del 2013.

La producción y dirección escénica, a cargo de Mario Espinosa, es la misma. Vale la pena decir desde ya, por lo que adelante se contará, que Espinosa decidió reducir a sólo dos grandes partes los cuatro actos que integran la partitura original.

Tal como se esperaba, la expectativa que llenó la sala el pasado domingo 29 inició con Ramón el desarrollo de las trovadorescas vicisitudes y, hay que dejarlo asentado, lo hizo con toda esa presencia vocal que lo ha hecho una de las principales figuras en cualquier teatro del mundo, y así se mantuvo la mayor parte del tiempo hasta que se le notaron un par de “raspaduras” en las notas y un cuasi “gallo” que, la verdad, nos sorprendió y alertó pero que consideramos no pasaría a mayores.

Empero, ya en la segunda parte, una breve pausa se prolongó más de la cuenta y las especulaciones comenzaron y empezaban a crecer cuando una voz en “off” anunció que “el maestro Vargas estaba sufriendo de una alergia (no se especificó a qué o cuál) que le impedía seguir dando la función”. Se ofrecían las disculpas respectivas y la función la continuaría José Luis Ordóñez, quien la cantó el año pasado y repetiría este martes 1 de julio. Para las otras dos presentaciones, jueves 3 y domingo 6, se programó el propio Vargas (quien está al frente de OBA).

Al finalizar la representación, con todo el elenco que recibía los aplausos en el escenario, apareció el propio Ramón, aún ataviado como el personaje, a explicar que un breve chequeo médico realizado durante el intermedio le recomendó no seguir con la función, que lo lamentaba mucho (era su debut en este papel en México) y que esperaba estar totalmente bien para las presentaciones posteriores. Su actitud de responsabilidad profesional y artística le valió de nueva cuenta el reconocimiento del público.

Así las cosas, pasamos a hablar de lo que fue la función en sí y con los otros participantes, no sin antes agregar el chascarrillo de uno de los asistentes, quien dijo llegó a la ópera para reponerse del golpe espiritual sufrido por la derrota sufrida por México en el Mundial de futbol, pero que salió peor por el abandono de Vargas de la función. Doble pérdida en un solo día es demasiado.

Buen desempeño tuvo José Luis Ordóñez, sobre todo si consideramos que tuvo que entrar de emergente lo cual siempre es un reto que, en este caso, resolvió atinadamente. No fue extraordinaria su actuación, no podía serlo dadas las circunstancias, pero sí fue por demás solvente. Bien por él.

Joanna Parisi, soprano que repitió como Leonora, estuvo mejor ahora que el año pasado y fue mejorando su actuación a lo largo de la representación, lo que es elogiable porque vaya que es difícil este rol.

Como Azucena estuvo la mezzosoprano Elena Cassian Moldava, a quien no conocíamos pero dejó grata impresión por su poderosa voz y porte escénico, aunque eso no nos hizo olvidar la pregunta de porqué no se emplea en personajes de esta dimensión a Ana Caridad Acosta a quien se tiene confinada a papelitos realmente menores, siendo que su voz es verdaderamente hermosa.

El Conde de Luna en esta ocasión fue nuestro viejo conocido George Petean, barítono rumano que es garantía plena en el rol que aborde y quien, sin duda, fue lo mejor de la tarde.

Solvente el bajo español Rubén Amoretti, quien repitió el Ferrando del año pasado. Igualmente bien el resto del elenco.

Con gran empeño y mejores resultados el coro de la ópera bajo la dirección huésped de Jorge Alejandro Suárez y, al frente de todos ellos, con desempeño digno de aplauso, Enrique Patrón de Rueda como director concertador.

La puesta en escena con los mismos aciertos del pasado año pero, sin superar ninguno de sus errores, entre ellos el de una muy mala coreografía y la inexistente pero seguramente muy cara “asesoría actoral” que no aparece por ningún lado. Lástima.

Para este domingo 6 se ratifica la presencia de Ramón Vargas como Manrico, el trovador, y es de desear que nada interrumpa su, seguramente, estupenda actuación.