Música: “Las bodas de Fígaro” para niños

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Una buena muestra de que la ópera, cuando se maneja bien, no tiene nada de aburrido y puede iniciar desde la infancia el gusto por ella, la constituye una serie de adaptaciones que de algún tiempo para acá, unos 10 años, vienen realizando compañías como Arpegio Producciones Arte y Entretenimiento, A.C.

Esta empresa es la que ahora nos ocupa, y que en el Teatro Helénico ha presentado varias conocidas óperas en versión reducida; la que se encuentra en cartelera es nada menos que Las bodas de Fígaro, del Divino Mozart.

Como se sabe, se trata de una típica comedia de enredos que nos relata los deseos carnales y los abusos que por ellos comete el Conde de Alma Viva, buen señor feudal, que pretende seducir a Susana, criada de su esposa, la Condesa y novia e inminente esposa de Fígaro quien, a su vez, ha sido por largos años fiel servidor del Conde y en ocasiones hasta su alcahuete o sea, de alguna manera, el pícaro Fígaro está tomando un poco de su propio chocolate.

Hay otros personajes que si bien son secundarios, con sus acciones contribuyen a aumentar los enredos que por momentos llegan al absurdo, pero esto es parte del encanto de la obra que sólo en la ópera puede darse ya que, por inverosímiles, no podrían tener ningún mínimo sostén en ningún otro género escénico como el teatro o la danza.

Pues bien, una versión especialmente dedicada a los niños de no menos de seis, siete años, pero no excluyente de los adultos, es la que se presenta los sábados a las 13 horas.

Con economía de medios (la ópera es el espectáculo más caro de escenificar), se escenifica a piano solo, a cargo de Karina Peña; buen vestuario y unos cuantos telones de escenografía y dos que tres trastos de utilería. Es decir, se trata de una producción modesta pero que funciona, y con un agregado muy importante, el supertitulaje, que permite seguir la trama y entender algo de las letras de lo cantado.

El elenco escogido sigue la tendencia de buenos resultados que se producen de combinar a uno o dos cantantes experimentados con otros principiantes pero con muchas ganas y deseos de sobresalir. Así tenemos en el papel de Susana a la buena, guapa y ya conocida soprano Irasema Terrazas, a la también soprano y ya con algunas tablas Sandra Maliká (Condesa), quienes alternan con jóvenes como el barítono Amed Liévanos  (Fígaro), el igualmente barítono Mariano Fernández (Conde), la soprano Denise de Ramery en el difícil papel de Querubino que fácilmente puede caer en la chabacanería o no decir nada actoralmente hablando), el también barítono David Echeverría (Bartolo), la mezzosoprano Rosa Muños quien también tiene ya un pequeño camino andado, Víctor Gabriel Cruz (Basilio) y David Areizaga (Antonio).

Puesta en escena de Jaime Matarredona, con buenas horas de vuelo y que se adapta bien a las posibilidades reales de sus cantantes-actores y logra un montaje que sin ser cosa del otro mundo cumple a cabalidad su cometido. Correcta la orientación-dirección musical de Miguel Hernández Bautista, Mikelite.

Una buena y divertida oportunidad para acercarse al mundo amplísimo de la ópera que muchos no conocen pero, afirman, es aburrido. Ni hablar.