Gaza: cinco minutos para morir

Rescatistas buscan víctimas entre los escombros de una casa, luego de un ataque israelí en Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza.
Foto: Xinhua.

Suena el teléfono en la casa de un palestino. Cuando el habitante de la misma responde, un soldado israelí le comunica que tiene cinco minutos para desalojarla. No es una baladronada. En cinco minutos ese lugar será destruido, quirúrgicamente, por un proyectil teledirigido. Este hecho se repitió una y otra vez a partir del 8 de julio en numerosas viviendas de la Franja de Gaza, y por esas acciones el ejército de Israel se llama “el más humanitario del mundo”. No obstante, ese “humanitarismo militar” no frenó la destrucción, en 30 días, de Gaza, con saldo de casi 2 mil muertos, 10 mil heridos, 5 mil casas demolidas y 560 mil desplazados.

GAZA, PALESTINA (Proceso).- El viernes 1, los habitantes de Khuzaa aprovecharon la tregua temporal que anunció el gobierno de Tel Aviv para regresar a sus hogares. Cuando se encontraban a orillas del pueblo, vislumbraron que la destrucción había sido masiva.

El pueblo –en el sur de la Franja de Gaza, a 500 metros de la frontera con Israel– fue de los primeros en sufrir los ataques de la artillería y la aviación israelíes el 13 de julio, en el inicio de la operación Escudo Protector; luego, el 17 de julio, las tropas ocuparon sus calles y casas. Estuvieron ahí dos semanas. Lo desocuparon la noche del 30 de julio. Ello abrió la puerta para el regreso de los habitantes.

Debido a que los soldados destruyeron una parte de la carretera que conduce a Khuzaa, los vehículos no pudieron entrar. Se quedaron a casi un kilómetro. Fue necesario caminar bajo un sol inhumano para llegar al pueblo.

Conforme los habitantes se acercaban percibieron poco a poco el tamaño de la destrucción: No había un inmueble ileso. Muchos estaban en tal ruina que no podía reconocerse qué tipo de construcción habían sido. Un árbol se mezclaba con columnas desnudas que parecían imitarlo, alzándose por encima de montones de escombros. Y debajo de éstos, cadáveres. No hacían falta perros entrenados para detectarlos: El hedor delataba su presencia…

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1971 de la revista Proceso, actualmente en circulación.