Actualidades musicales: Ópera en el 2015

El tenor Ramón Vargas.
Foto: Octavio Gómez

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- Cuando en mayo del 2013 el gran tenor Ramón Vargas fue nombrado director de la entonces llamada Compañía Nacional de Ópera,(hoy Ópera de Bellas Artes), se produjo una escisión en nuestro mundillo operístico: por un lado los que se alegraron y presagiaron lo mejor, bando en el que me apunté, y los que de inmediato mostraron su desacuerdo y pronosticaron todos los males. A año y medio de aquello y con este que comienza, bien vale la pena echar así sea un primer vistazo a lo acontecido y lo que se presagia para este 2015.

Como primera providencia hay que decir que Vargas se topó, como no podía ser de otra manera, con toda la burocracia e inercia del aparato existente y no tuvo –y hasta el momento sigue sin tener–, la fuerza suficiente para desplazarlo y hacer realidad toda una serie de buenas ideas que pensaba llevar a la práctica para mejorar la ópera, diversificarla, aumentar el número de funciones y llevarla a muchos lugares de la república. Esto además de implementar una auténtica escuela de formación integral de los futuros cantantes que, egresados, tendrían la capacidad de presentarse sin temor en cualquier escenario profesional.

Hoy, desafortunadamente, podemos observar que pocas de esas cosas se han no solo no cumplido sino apenas empezado a implementar, y aunque año y medio es poco tiempo, es suficiente como para columbrar derroteros y estos no se muestran muy halagüeños.

Lo que mejor se ha hecho y resultado es la escuela, taller llamado Estudio de Ópera de Bellas Artes en donde un grupo de muchachos, cantantes y pianistas acompañantes, se preparan y han actuado ya en varias funciones en Bellas Artes combinado así teoría y práctica y mostrado al público sus avances. Claro, se puede –y debe– mejorar pero hasta el momento no puede hacérsele al Estudio señalamientos negativos de fondo.

En cuanto a la descentralización de la ópera para presentarla en los diferentes estados, poco se ha hecho en verdad y, aunque exitosas algunas, muy pocas funciones se han efectuado en el interior del país como parte de este proyecto de descentralización.

Nos queda así la programación propia de y en Bellas Artes que, para este 2015, salvo la posible presentación en la segunda mitad del año de la soprano sensación Anna Netrebko, no nos presagia nada extraordinario, ni siquiera novedoso cuantitativa ni cualitativamente. Veamos la programación tentativa y, por hoy, No oficial todavía.

Empezará en febrero con la gustada El elixir de amor de Donizetti, en marzo Don Giovanni de Mozart a la que seguirá, en versión Ópera-Concierto, es decir sin escenografía ni vestuario, Mefistófeles de Boito. Por allí de junio la muy conocida Traviata de Verdi y luego vendría la Netrebko, quien no sé si ofrecerá uno o dos conciertos pero seguro que no más, y ya con eso estamos llegando al final del año que cerraría con Puccini de quien se escenificarían sus también muy conocidas y gustadas Tosca y Madama Butterfly.

Así, seis títulos únicamente lo cual es de una pobreza extrema, y si de cada uno se presentan, como se acostumbra, solo cuatro funciones, tendremos entonces la ridícula cantidad de veinticuatro funciones al año más las galas de la Netrebko.

Empero, supongamos que se agrega otro título y que se dan cinco funciones de cada uno, tendríamos la “enorme” cantidad de treinta y cinco representaciones para esta ciudad (ya no hablemos del país) de “apenas” veinte millones de habitantes.

Obviamente es urgente querido maestro Vargas que esto empiece a cambiar y, que se vea.