“La memoria ha de ser terca”, clamor en acción global por Ayotzinapa

A 4 meses de su desaparición, familiares marchan por normalistas en el DF.
Foto: Hugo Cruz

MEXICO, D.F. (apro).- “La memoria ha de ser terca”, se leía al frente de la protesta, a cuatro meses de la desaparición forzada y el asesinato de estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa… “y los seguimos esperando”.

Son 122 días sin respuestas, sin saber dónde están, sin ley cumplida y sin verdad por parte de un gobierno que ha tratado de diluir la tragedia en el tiempo.

Ellos, los familiares de los desaparecidos, los estudiantes, los maestros, los trabajadores, los campesinos, los activistas, los inconformes están otra vez en las calles para hacerse escuchar y recordar que faltan mucho más que 43: falta justicia en “el país de la impunidad”.

Encabezada por una comitiva de los padres de familia de los muchachos que cimbraron al país, la octava acción global por Ayotzinapa en la capital del país reunió a decenas de miles de hombres y mujeres que no están dispuestos a “superar” este crimen con la participación documentada de distintas instancias del Estado.

“No creemos en las mentiras fabricadas por el gobierno. Seguiremos exigiendo justicia. Ni perdón ni olvido”. “Qué mi dolor no te sea indiferente”. “Desaparición forzada. Estrategia de terror del Estado”, fueron algunas de las huellas que marcaron desde el estado de Guerrero.

Distintos contingentes acompañaron las manifestaciones desde las diez de la mañana, caminando desde las estaciones del metro Zaragoza, Indios Verdes, Taxqueña y Auditorio para concentrarse en el Zócalo capitalino al caer el sol.

Millares de granaderos, capitalinos y federales, conformaron un operativo mucho más visibles que en las últimas marchas. “No nos van a intimidar”, les gritaban los manifestantes.

A unos metros de Los Pinos, una máscara de Enrique Peña Nieto con una leyenda en la frente marcó una imagen que quedará para siempre: “Asesino”. A un costado, la consigna: “Ayotzinapa jamás se olvidará. No pienso superarlo. Que te quede claro, Peña Nieto”.

“Dense cuenta de que caminamos entre la sangre de nuestros hermanos”. “Si no hay justicia para el pueblo que no haya paz para el gobierno”, se repitió ante el constante pase de lista de los 43 estudiantes.

En el Ángel de la Independencia se desplegó una pancarta consignando la participación documentada del Ejército y de la policía federal en el ataque, la noche del 26 de septiembre: “Ejército asesino”. “Fue el Estado”.

Entre pasos y el clamor por paz y justicia se escuchó a Luis de Tavira dar una entrevista. “Tenemos que caminar y mirarnos a los ojos. Reconocernos. Recuperar la esperanza. Es el momento de estar vivos. De no dejar morir la memoria”.

Y sus palabras convivían en el mismo espacio con consignas anarquistas: “Convirtamos nuestro dolor en rabia, nuestra rabia en dinamita”.

“Claro que a Peña Nieto le molestan y le estorban estas manifestaciones. Los padres de los normalistas representan la dignidad. Él, desde sus ‘casitas’ conseguidas por la corrupción, no la conoce”, gritaba una señora frente a una cámara, con el micrófono arrebatado.

Un modesto escenario frente a Palacio Nacional, con nada más que una pancarta con los rostros de los 43 y un solo reflector, el Zócalo en penumbras albergó el mitin principal.

Carmelita, madre de Jorge, uno de los 43, tomó la palabra.

“Hemos llorado. No tenemos duda de que ellos los tienen. Se los llevaron uniformados. Que no se haga tonto Enrique Peña Nieto. Sí sabe dónde están. Tenemos pruebas de que los militares asesinos participaron. Donde quiera que los tengan, que nos los entreguen. Ya estuvo bien de hacernos sufrir. No están desaparecidos y están vivos.

“Y quiero decirle a mi hijo, donde quiera que esté, que no piense que no lo estoy buscando”, dijo con los ojos mojados, desatando la consigna que se ha escuchado en todo el mundo: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Un segundo familiar tomó el estrado. Respiró profundo, apretó el puño y se hizo escuchar.

“No hemos descansado ni vamos a descansar por la ineficacia del gobierno. Su hipótesis no es creíble. Los peritos argentinos nos aseguran que los restos encontrados no son suyos. Se le olvidó a Jesús Murillo Karam (titular de la PGR) que aunque seamos campesinos somos gente pensante.

“Para nosotros nuestros hijos están vivos y así queremos que los busquen. No más circos. El gobierno los tiene.

“No vamos a dar un paso atrás. Se equivocó el gobierno. Pensaron que con llenarnos de militares y antimotines en Guerrero íbamos a parar. Vamos a seguir hasta donde haga falta. Si es necesario, hasta morir como los árboles.

“Sigamos uniendo fuerzas contra unos cuantos que sólo entre ellos se benefician”, dijo entre el dolor y la rabia.

Una quema en la Plaza de la Constitución dio pie a que los familiares de los estudiantes que no están y se ven por todas partes pidieran que la marcha se mantuviera pacífica. Se explicaron:

“En Guerrero hay visos de una próxima represión. Hoy no queremos darle un pretexto a este gobierno fascista para que nos reprima. Vamos a concluir este mitin pacífico. Esperaban una manifestación violenta y les regresamos nuestras ganas de una transformación del país”.

Hilda Hernández contó cómo han sido estos meses desde que le arrebataron a su hijo.

“Nos han engañado todos estos meses. Nos enteramos aquí de toda su porquería. Me dan mucho coraje nuestros gobernantes, tratándonos de ignorantes. No lo vamos a permitir.

“Hay veces que lloro. Porque es mi hijo. Y el coraje me ha hecho hablar. Antes no lo hacía. Pero van a tener que aparecer. Se los llevaron municipales, federales y militares. Los narcotraficantes, aquí, son del gobierno.

“Abran los ojos. Si estamos destapando algo, luchen por algo que es de todos, por un país libre y soberano para nuestros hijos y nuestros nietos”, clamó, acompañada de gritos de solidaridad.

Siguió el secretario general de la Normal Isidro Burgos:

“A nosotros los normalistas no nos van a engañar porque hemos conocido a este México y a sus gobernantes. Televisa y TV Azteca no nos van a engañar. Sabemos que el gobierno es el culpable.

“Pensaron que en poco nos íbamos a cansar. Y sí. Nos cansamos de ellos”.

Cerró Omar García:

“La Normal Rural de Ayotzinapa no es semillero de guerrilleros, es semillero de hombres de conciencia.

“No podemos andar el mismo camino. Tenemos que buscar nuevos caminos, nosotros. De ellos (los gobernantes) ya conocemos el cinismo, sus esfuerzos para desprestigiarnos, para lastimarnos.

“Nadie nos manipula. Tenemos que hacer algo más que marchas. Tenemos que hacer una transformación del país. Sumarla a la consigna principal que ha hecho retumbar al mundo para que aparezcan los 43”.

Cinco minutos antes de la ocho de la noche terminaron los discursos. Del sistema de sonido una voz, en su desgarro, cubrió todo el lugar. “Donde quiera que estén, ¡los vamos a encontrar!”.