“El Chapo” remece El Altiplano

La captura de Joaquín "El Chapo" Guzmán.
Foto: AP / Eduardo Verdugo

Pese a tratarse de un penal federal de máxima seguridad, la cárcel del Altiplano deja mucho que desear: algunos de sus reclusos de mayor peligrosidad, quienes supuestamente están aislados –destacadamente El Chapo Guzmán– mantienen comunicación entre sí y con el resto de los reos, y hasta se dan el lujo de organizarlos, sea para llevar a efecto una huelga de hambre (en julio pasado), sea para escribir y firmar una carta destinada a la CNDH y a la opinión pública. Guzmán Loera y 139 internos más lanzan fuertes quejas contra el director técnico de la cárcel, a quien acusan de corrupción y malos tratos.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Hace un año Joaquín El Chapo Guzmán, uno de los dos líderes del poderoso Cártel de Sinaloa, fue capturado e internado en el penal de máxima seguridad El Altiplano, en Almoloya, Estado de México.

Ahí le fueron impuestos el uniforme caqui y el número 3578. Se halla en el módulo 1, en la zona de Tratamientos Especiales, donde están los presos de mayor peligrosidad. Se supone que ahí se aplica un dispositivo de seguridad muy riguroso y el capo –considerado por la administración antidrogas estadunidense (DEA) como el más poderoso del mundo– está aislado del resto de los reclusos. Se supone que está neutralizado. Se supone.

Pero en sólo siete meses El Chapo ha violado dos veces el supuesto cerco de máxima seguridad. En julio pasado organizó junto con Édgar Valdez Villarreal, La Barbie –antiguo sicario del Cártel de los Beltrán Leyva– una huelga de hambre masiva en la cárcel. Y el pasado 25 de febrero, tras semanas de organización, formó parte de una nueva rebelión en el Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) número 1.

La huelga en la cual participaron más de mil internos (Proceso 1968) tuvo origen en presuntas violaciones a sus derechos: condiciones insalubres, comida podrida, mala atención médica y ningún respeto a los horarios de visita familiar o íntima, entre otros. En su momento el gobierno federal intentó minimizar los hechos.

El pasado 25 de febrero, tres días después del primer aniversario de su reaprehensión, El Chapo y 139 presos más del Altiplano sumaron fuerzas y denunciaron ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) presuntos malos tratos y venta de prebendas por parte del director técnico del penal, Librado Carmona García.

Entre los quejosos, además del Chapo, están su hermano Miguel Ángel Guzmán Loera; La Barbie; los viejos capos Miguel Ángel Félix Gallardo y Pedro Díaz Parada; Rogaciano Alba; Ramón Alcides Magaña, El Metro; Javier Torres Félix, El JT; así como sus otrora enemigos Héctor Beltrán Leyva; Mario Alberto Cárdenas Guillén, hermano de Osiel, exlíder del Cártel del Golfo; Teodoro García Simental, exlugarteniente de los hermanos Arellano Félix, del Cártel de Tijuana; y Sigifredo Nájera, El Canicón…

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2000 de la revista Proceso, actualmente en circulación.