Manoel de Oliveira, luto en el mundo de la cinematografía

MÉXICO, D. F., (apro).- Premiado en Canes, Venecia y Berlín, el director portugués Manoel de Oliveira, quien falleció el pasado Jueves Santo a los106 años, realizó desde 1985 prácticamente una película al año y trabajó con los más importantes actores, el estadunidense John Malkovich, los franceses Ctherine Deneuve y Michel Piccoli, el italiano Marcello Mastroianni y sus paisanos Luis Miguel Cintra y Leonor Silveira.

Su productor, Luis Urbano, confirmó la muerte del cineasta Oliveira, quien se encontraba en su casa de Porto (norte de Portugal), su ciudad natal. Cabe recordar que el realizador celebró su cumpleaños 106 con su público, al estrenar en Portugal su último trabajo, el cortometraje O Velho do Restelo (El viejo del Restelo), inspirado en un personaje del poema épico Las Lusiadas, escrito en el siglo XVI por Luis de Camoes para relatar los grandes descubrimientos marítimos de los navegantes portugueses.

A los 105 años dirigió este cinta corta, a la cual describió como una “reflexión sobre la humanidad”. Este director, que filmó más de 50 largometrajes de ficción y documentales, fue hospitalizado en varias ocasiones en 2012 debido a complicaciones luego de una infección, y no quería hablar de jubilación. Su carrera en el cine duró más de 80 años: intimista, difícil, valorada exclusivamente en círculos intelectuales.

Fascinaba a los periodistas con su lucidez y esa coquetería que provoca la sonrisa.

Nacido el 11 de diciembre de 1908, Oliveira era el último superviviente de “los bellos viejos tiempos del cine mudo”, al que siempre se refirió con nostalgia. Su fama internacional comenzó después de sus 80.

Su padre, un industrial, lo llevaba a ver las películas de Charlie Chaplin y de Max Linder. Debutó en el cine a los 20 años de edad como actor en una película muda, El milagro de Fátima. Hacia 1931, rodó su primer documental, todavía mudo: Duoro, faina fluvial (Duero, trabajo fluvial), sobre la vida de los trabajadores del río de su ciudad natal.

Después actuó en la primera película hablada portuguesa, La canción de Lisboa (1933), y comenzó a interesarse por la dirección. Luego de varios documentales, ingresó a la ficción en 1942, con Aniki-Bobo, sobre la vida de los niños de un barrio popular de Porto.
En los años sesenta realizó su segundo largometraje, Acto de primavera, sobre la pasión de Cristo.

Para 1971, Oliveira se centró en la tetralogía de Amores frustrados. En 1985, estrenó Le soulier de Satin (La zapatilla de satén), un fresco de casi siete horas de duración basado en la obra de Paul Claudel, ganadora del León de Oro en el festival de cine de Venecia.

Cuando ya era octogenario, conquistó con Je rentre à la maison (Regreso a casa) (2001), donde Piccoli encarna a un viejo cómico que se interroga sobre la soledad, la muerte y la vejez después de haber perdido a su familia.

En 2008, el cineasta recibió su primera Palma de Oro en Cannes por toda una trayectoria.

Oliveira siempre entendió al cine “como manifestación cultural moderna, indispensable, necesaria” y no como un espectáculo inferior.