Tocando la luna: Los amores que nos estorban

Tocando la luna, de Bruno Barreto.
Foto: Especial

MÉXICO, D.F. (apro).- Dirigida por Bruno Barreto, Tocando la luna (Reaching for the Moon, Brasil-2014) es una cinta llena de dolor, poesía y las ansias de un amor para sentirse completo, así como la fuerza necesaria de aceptar la valía propia.

La película cuenta el romance tórrido entre la poetisa estadunidense Elizabeth Bishop (Miranda Otto) y la arquitecta brasileña Lota de Macedo Soares (Gloria Pires), una historia que entrelaza temas de codependencia, juegos de poder, búsqueda del amor y el anhelo por construir una vida familiar “normal”, aunque ninguna pueda ser una persona que juegue conforme a las reglas de la sociedad.

A lo anterior habrá que introducir a un tercero en discordia, Mary (Tracy Middendorf Mary), la exnovia de Lota, quien no puede dejar a un lado a la feliz pareja. Es entonces que un extraño pacto se forma entre las tres, cuyas condiciones no ayudan a que ninguna pueda exorcizar sus demonios.

Los personajes –maravillosamente interpretados– utilizan al otro para tapar carencias que sólo ellos pueden llenar; así pues, lo que tenemos es el ahondamiento de un vacío inmenso que nunca cesará de crecer mientras la dinámica de la relación no cambie de manera radical. Pero al parecer, ninguna es capaz de renunciar a su ego para encontrar un camino amoroso que sea satisfactorio para todos.

Los personajes de la cinta aspiran con fuerza al amor, pero viejas heridas los convierten en seres “incapacitados” para conseguirlo de una manera que no sea patológica y, por supuesto, autodestructiva.

Si algo se le puede reprochar a Tocando la luna es que en un principio corre lenta e incluso parece apuntar hacia una historia cursi en la que no pasa nada, sin embargo, a la mitad el misterio de los personajes comienza a develarse, y es así como comienza a tocar fibras profundas.