Homenaje a Vicente Leñero en Guadalajara

Leñero en un retrato de 2009.
Foto: Eduardo Miranda

MÉXICO, D.F. (apro).- La ciudad que vio nacer al narrador, dramaturgo, periodista y guionista Vicente Leñero hace 8l años le rindió un homenaje la tarde del pasado jueves 30 de abril en el patio de la municipalidad de Guadalajara.

En él participaron dos hijas de Leñero, Isabel y Eugenia, ambas dedicadas a las artes plásticas. Sin embargo, fue nada más ésta– menor que Isabel y anteriormente dedicada a la actuación– quien hizo uso de la palabra, al lado del secretario de Cultura de la ciudad, Ricardo Duarte Méndez; la regidora Candelaria Ochoa Ávalos, y el representante de la Cámara de Comercio de la entidad, Luis Becerra.

Mientras hablaba Eugenia ocurrió un hecho que suspendió el acto: un grupo de personas irrumpieron en el lugar ofreciendo disculpas por alterarlo con sus consignas en una manifestación a las afueras del recinto.

“Sabemos que se trata de un acto cultural”, dijeron sin duda como deferencia para el escritor que, si bien nacido en Guadalajara, radicó toda su vida en el emblemático barrio de San Pedro de Los Pinos del Distrito Federal, al cual por cierto dedicó unas páginas memorables.

Eugenia Leñero hizo esta breve introducción:

“Buenas tardes.

Se me ha pedido que haga una semblanza sobre mi padre, les juro que no terminaría

nunca, sigue tan cercano. Por eso leeré una que él escribió, hace unos años, sobre sí mismo.”

Y a continuación leyó esa semblanza, pero de modo impersonal:

“Nació en Guadalajara, Jalisco (México) el 9 de junio de 1933. Se recibió como ingeniero civil en la Escuela de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, y como periodista en la Escuela Carlos Septién García. Ha trabajado en diferentes publicaciones de México: la revista Claudia, Revistas de revistas del periódico Excélsior y la revista Proceso de la que fue subdirector hasta 1996. Ha publicado 12 novelas; con Los albañiles obtuvo en 1963 el premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Ha escrito 25 obras de teatro que fueron representadas y obtuvo varios premios. Para el cine, 20 de sus guiones han sido filmados por directores como Arturo Ripstein, Jorge Fons, Carlos Carrera. Ha obtenido por ellos 6 arieles (el premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de México) y algunos internacionales (en Brasil, Cuba…). En México imparte talleres de cine, teatro y narrativa. Entre otros premios obtuvo, en 2001, el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México en la rama de literatura, el Premio Nacional de Sinaloa y la Medalla Bellas Artes en 2011. Es miembro honorario de la Academia de Arte y Ciencias Cinematográficas y miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua. Está casado. Tiene cuatro hijas y cinco nietas.”

Al concluir, comentó:

“Orgullosamente: soy una de ellas.”

Y siguió:

“…Pero más allá de las semblanzas biobibliográficas, de las que mi padre solía burlarse un poco y que es fácil hallar en varias fuentes, quisiera hablarles de ciertos gestos suyos, para mí admirables. Uno de ellos, quizá el que más me deslumbra, es su capacidad para abordar los asuntos más diversos y para dominar con singular maestría los más variados géneros literarios: el cuento, la novela, la dramaturgia, el guión cinematográfico, y aun aquellos que otros voltean a ver con cierto desdén y que él siempre consideró esenciales, como el periodismo y la crónica.

“Otro gesto ejemplar tiene que ver con su generosidad. En sus últimos años mi padre debió enfrentar las secuelas, no siempre amables, de la fama. Esa condición que el poeta León Felipe comparó con una camisa de pulgas. Pero la incesante exigencia de charlas, conferencias, entrevistas, notas y cursos jamás inhibieron esa especie de necesidad orgánica de compartir afecto, oportunidades y conocimientos con amigos, colegas y alumnos. Todos ellos, por cierto, eran personas surgidas de los ambientes más diversos, con intereses y gustos no siempre afines a los suyos. De ahí también su incondicional resistencia a formarse en las filas de grupos, clanes o cofradías. Hacerlo, para él, suponía una especie de rendición, una forma de comprometer su capacidad de pensar y, sobre todo, de imaginar. En estos días posteriores a su desaparición física, lo digo sin jactancia de ningún tipo, me ha colmado de gusto constatar el reconocimiento que desde casi todos los medios se le hace a mi padre por su indeclinable vocación de independencia.

“No es fácil deslindar el amor filial de la admiración por el artista y el hombre público. En los últimos años me tocó estar muy cerca del escritor profesional. Las nuevas tecnologías no fueron su mayor fortaleza. Nunca renunció a su inseprable y ruidosa máquina de escribir mecánica marca Brother. Las teclas de la computadora no hecen ruido, decía, y yo necesito ese sonido, me da ritmo al escribir.

“Me pidió entonces que colaborara con él como asistente. Si a mi madre me unió el cordón umbilical, a él me unió el cordón digital. Recibía y enviaba sus mails; capturaba y formateaba sus escritos, pasaba correcciones y le juraba, porque ¡ah! qué necio era, que sus escritos llegarían tal y como él los quería, a su destinatario.

“Desde esta posición, que considero privilegiada, vine a dar en la primera lectora de sus textos más recientes. Fueron días de estrecha convivencia, de entusiasmos y asombros alentados por el talento y la chispa creadora de mi padre. Los invito a ustedes, re/creadores activos y potenciales de una obra tan vasta y versátil como la de Vicente Leñero, a participar en esa conversación que nos propone en cada una de sus páginas.

“A mi padre no le gustaban los homenajes. No puedo decir gracias por él. Pero en nombre de Estela, su esposa, de Isabel, Mariana, Eugenia y Estela, sus hijas, les decimos gracias señores organizadores. Gracias público presente. Gracias lectores por tanto tanto amor hacia Vicente Leñero Otero: mi padre.”