EU: Los resbalones republicanos ante el Estado Islámico

(Archivo) El Estado Islámico bombardea la capital de Yemen.
Foto: AP

Washington, (apro).- En 2003 el expresidente George W. Bush ordenó invadir a Irak argumentando que lo hacía para acabar con la amenaza terrorista de Saddam Hussein y la organización Al Qaeda. Pero dicho argumento resultó falso. 12 años después, la nación persa corre el riesgo de ser dominada por terroristas y ello lo admiten los propios correligionarios del exmandatario estadunidense.

“Yo no hubiera ordenado la invasión a Irak”, declaró el jueves 14 Jeb Bush, el exgobernador del estado de Florida, hermano e hijo de los expresidentes George W. Bush y George H.W. Bush, respectivamente.

“Sabiendo lo que sabemos ahora, no hubiese involucrado a los Estados Unidos en Irak”, afirmó el exgobernador republicano y posible aspirante a la nominación presidencial de su partido, con miras a los comicios del 8 de noviembre de 2016.

Un día antes, el 13 de mayo, Marco Rubio, senador republicano por Florida y aspirante oficial a la nominación presidencial de su partido, también afirmó: “Sabiendo lo que sabemos hoy, yo no hubiera apoyado la invasión a Irak en 2003”.

Casi cuatro años después del retiro de la tropas estadunidenses de Irak (diciembre de 2011) y después de que el presidente Barack Obama declarara a esa nación árabe como “democrática y libre”, el grupo terrorista Estado Islámico (EI), en asociación con células de Al Qaeda, se apodera de ciudades importantes y deja a su paso destrucción y muerte. El avance del EI es una especie de recordatorio de que la invasión estadunidense es la causa de todos los males para los iraquíes.

Ramadi

El pasado domingo 17, las fuerzas del EI se apoderaron de la ciudad de Ramadi después de que los milicianos tribales sunitas de la zona quedaron a su merced. De poco sirvió el apoyo que el Pentágono brindó con bombardeos aéreos.

La caída de Ramadi –que se suma a la Mosul (en manos del EI desde junio pasado)– demuestra que, tras la salida de las tropas de Estados Unidos de Irak, las fuerzas militares de este país no son capaces de contener a los extremistas islámicos que buscan apoderarse de toda la nación persa.

La guerra civil en Irak no sólo es una pesadilla para Obama, lo es también para los aspirantes a la nominación presidencial del Partido Republicano que están obligados a defender una política exterior plagada de mentiras y errores: la de W. Bush.

Ese domingo 17, durante una entrevista con Fox News, Rubio fue cuestionado sobre su nueva posición respecto de la invasión a Irak, tomando en cuenta que apenas en marzo pasado aseguró a esa misma cadena de televisión que “la invasión no había sido un error” y que apoyaba lo hecho por W. Bush.

“La pregunta es que si fue un error la invasión y mi respuesta fue que no. Y sigo diciendo que no fue un error porque el presidente (George W. Bush) recibió información de inteligencia que le aseguraba que Irak tenia armas de destrucción masiva”, afirmó Rubio, claramente molesto cuando le pidieron que aclarara sus dos posiciones obviamente contrapuestas.

Apenas dos días después de haber declarado que él no hubiese invadido Irak, Jeb Bush cambio de posición. Lo hizo ante las críticas que causó entre el sector más conservador de su partido, el cual indicó que dicha admisión favorecería a los demócratas en las elecciones presidenciales de 2016.

“Aunque la invasión estuvo respaldada con información de inteligencia errónea, Irak ahora está significativamente más seguro”, acotó Jeb para corregir su declaración anterior en la cual recriminó lo realizado por su hermano mayor.

Plagada de intereses político-electorales, la situación en Irak dista de lo que aseguran los aspirantes presidenciales del Partido Republicano e incluso del propio presidente Obama.

“Hemos observado muchos éxitos en Irak, pero también periodos significativos de retrocesos. Eso forma parte de un conflicto militar y particularmente de uno como el de Irak”, declaró el martes 19 el vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, en referencia a Ramadi.

Los titubeos de Jeb

El miércoles 13, Ivy Ziedrich, estudiante de la Universidad de Nevada, confrontó a Jeb Bush durante una visita que éste realizó a Nevada.

“¿Por qué está diciendo que Estados Unidos fue el creador del EI al no tener una presencia militar en el Medio Oriente, cuando nuestras guerras sin sentido han enviado a la muerte a jóvenes estadunidenses por la idea del excepcionalismo estadunidense? ¿Por qué sigue usando una retórica nacionalista para involucrarnos en más guerras?”, pregunto la joven Ziedrich a Jeb Bush, quien demostró por momentos no saber qué contestar a la estudiante.

“Con todo respeto no coincidimos en esto… podremos reescribir la historia todo lo que quieras, pero el hecho es que (en Irak) hay inestabilidad porque sacamos a las tropas”, respondió Jeb Bush.

Desde el año pasado cuando el EI se apoderó de Mosul, Obama ordenó al Pentágono respaldar al ejército iraquí con bombardeos aéreos para destruir presuntos refugios y centros de entrenamiento del grupo terrorista. La orden tajante de Obama fue que no volvería a involucrar a tropas terrestres en la guerra civil de Irak.

El 31 de diciembre de 2011, cuando salieron las tropas de Estados Unidos de Irak, después de 8 años de ocupación ilegal, Obama se comprometió con el gobierno de ese país a respaldar con armamento y entrenamiento a las fuerzas bélicas para combatir a las organizaciones musulmanas radicales.

Con la derrota de Hussein y el control del Pentágono, la sociedad iraquí volvió a dividirse por el odio racial que históricamente la había dominado. Los chiitas desplazaron del poder a la minoría sunita y han escamoteado a los gobiernos tribales de esta etnia los apoyos institucionales, entre ellos los recursos para establecer servicios de seguridad pública. En los hechos, esas comunidades quedaron a merced de grupos extremistas como el EI. Ello ocurrió en Mosul y en Ramadi.

Días antes de la derrota en Ramadi, las autoridades tribales de esta ciudad pidieron armamento al primer ministro iraquí Haider al Abadi con el propósito de equipar a unos mil milicianos chiitas y con ello enfrentar al EI. La asistencia militar nunca llego y Ramadi es ahora territorio en manos del EI.

Analistas políticos sobre Medio Oriente han advertido al gobierno de Obama sobre un escenario: que los sunitas se pasen a las filas del EI como último recurso para evitar una eventual “limpieza étnica” por parte de los chiitas.

En la caída de Ramadi el EI mató a más de 500 chiitas y destruyó más de 70% de la infraestructura de la ciudad, que se encuentra a 112 kilómetros de distancia de Bagdad, la capital del país.

De acuerdo con una investigación de la organización no gubernamental Rand Corporation, dedicada al análisis de las políticas públicas del gobierno de Estados Unidos, el EI tiene el potencial económico necesario para mantener vigente su estrategia militar en Irak y apoderarse del control de ese país.

Rand sostiene que el EI contaba hasta junio de 2014 con unos 875 millones de dólares para financiar sus actividades. Sus fondos provienen de extorsiones e impuestos que imponen a las regiones tribales sunitas, de los robos que llevan a cabo a bancos iraquíes, del petróleo que venden clandestinamente y de secuestros que realizan en todo el país.

Por las extorsiones y cuotas tributarias que imponen, el EI cuenta con unos 600 millones de dólares, según Rand. Y desde que lucha en Irak sus hombres han robado a los bancos unos 500 millones de dólares. Los recursos petroleros le generan ingresos anuales por unos 100 millones de dólares, y por los rescates de personas secuestradas se han embolsado unos 20 millones de dólares.

El martes 19 Obama se reunió en la Casa Blanca son su secretario de Defensa Ashton B. Carter con el propósito de definir una estrategia de apoyo a las fuerzas militares de Irak para arrebatarle a EI Mosul y Ramadi.

Para la noche del viernes 22, la Casa Blanca no había dado a conocer los detalles de la presunta estrategia diseñada por Obama y Carter para recuperar Ramadi y Mosul.