Ediciones Papeles Privados

La colección de Papeles Privados.
Foto: Especial

MÉXICO, D.F. (apro).- Ediciones Papeles Privados, acaba de lanzar seis atractivos títulos de autores renombrados, con una factura de primera:

En el pozo de mis ojos, de Mariana Bernárdez (DF, 1964), es un volumen de 38 poemas, dividido en cinco apartados: “Y niño el ángel”, “Sobre una piedra blanca”, “Duelo animal”, “Cuando en el desierto”, “En el Palacio de Alabastro” y el que da nombre al libro, “En el pozo de mis ojos”. De este se reproduce el primer poema:

…Los antiguo sedimenta su paso

provocando la iridiscencia

de la piedra abisal

que funda el mundo y su contrapeso

 

Nada escapa a su escrutinio

ni el suplicio del incauto

ni la gravidez del amor urdido en lo opuesto

 

Fiel a su balanza

el alma guarece tras celosía el plumaje

y otras tantas

lo incinera para andar la tolvanera

pues la forma que habita la tiene como primicia

de cuando en el Paraíso la mácula no era

aunque sí el siseo y ningún mandamiento.

 

Felices aquellos donde lo claro y lo oscuro

eran las caras de una moneda que echó a suertes

el rodar por los peldaños de su cara y su cruz.

Otro poemario es el de Claudia Hernández del Valle-Arizpe (DF, 1963) Ninguna foto es fija, construido en cuatro partes con , la primera titulada “Ciudades” (12 poemas), la segunda que da nombre al libro (cinco poemas), la tercera “Versiones” (dos poemas) y la última “Donde inicia el paisaje” (cuatro poemas). Este es “Fotografía de una mujer de espaldas”:

Cofia.

Revelado.

Negra aureola.

 

De cerca,

multiplicación.

De lejos,

rama.

Es El diván de Estamul (Poemas de tres voces) obra de Jorge Ruiz Dueñas (Guadalajara, 1946), un extenso volumen de 70 páginas, que a “Canciones del forastero” (15 poemas) añade “Balada trashumante”, “Carta no escrita” y “Nota bene”. Abre con estos versos de “Giris”:

Soñar cómo acaricio tu cabello

cuando las generaciones creen

haberlo dicho todo

aunque haya nuevas percusiones

y siempre inicie una melodía

De Margarito Cuéllar (San Luis Potosía, 1956) son 37 poemas que ha repartido en cinco Viajes a los que puso Cantos para el único brazo de Blaise Cendrars. Así titula el primero; el segundo “Herencias”, el tercero “Diario delirio”, el cuarto “Sodomía” y el quinto “Fragmentos d un diario”, donde dice “La mano que se fue”:

la que nos dice adiós, la que no danza

pregunta por el soldado al servicio de la patria.

En su día libre lava la patria de la camisa

que la protege del sol

y evoca los días en que estaciones y trenes

puertos y tabernas

brindaron a la salud de la pequeña Jeanne de Francia

y dirigió una orquesta de cámara

Y yos cinco ejecutantes la obedecían

aunque les creciera el pelo, las uñas, las caricias.

En su Fragmentos para una No/Vela, la poeta Jemmy Asse (DF, 1963) agrupa 88 textos en prosa poética numerados, y un Epílogo. El 1 inicia así:

Organizaría la luz y el golpe de sus palabras. Un día bajo el cálido encuentro del otro dejaría de escribir. Sepultada en el cuerpo ajeno, dejaría de teclear el tiempo, y sus versos, diluidos, correrían tras el agua vital que hoy le faltaba. Entonces la sed, ese desierto que ahondaba en las entrañas, cesaría de clamar el hondo suspiro de la ausencia.

Finalmente Jorge Esquinca (DF, 1957), en sus 73 textos de varia invención con el nombre de Caja negra con inscripciones (no en baldee el primero se llama “Ars combinatoria”), juega con los nombres, ya sea numerándolos, designándolos con palabras, poniéndole asteriscos o simplemente iniciales; precisamente el uno de “Ars combinatoria” es “A”:

Más allá de la ventana, tras la nieve inmóvil, hay siempre una península azul. Lo sabía la prisionera de Amherst cuando dejaba su aliento en el cristal. “Mi cautiverio es la expresión más fiel del paisaje. Me entrego, voluntaria, a la contemplación de la escarcha, descifro sus avisos de otro tiempo”. El paisaje crece cuando alguien lo piensa y la nieve juega con el pensamiento a la deriva. Todo es preciso y súbito, como una herida. Y ese aliento, el mismo que nos habita al trasponer la reja del campo santo, no viene de nosotros.

Cinco libros delicadamente diseñados para los cuales Raúl Herrera Munguía consiguió forros de colores suyos: oro mostaza, fresa tibio, verde cáscara, azul lánguido, naranja dulce y arena arena, y así enmarcar las serigrafías de Erasmo Pilares Capultitla. A la altura de las imágenes literarias que ofrece este producto de creación editorial de Mario del Valle.