Israel, el objetivo de Hezbollah

Israel blinda sus fronteras tras amenazas de Hezbollah.
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MÉXICO, D.F. (apro).- “Con la ayuda de dios, resistiremos en Arsal y forzaremos a los infieles a retirarse heridos de muerte”, proclama Salem Huraira, un joven libanés de la secta musulmana suní y combatiente del Ejército Sirio Libre, en conversación telefónica desde Arsal.

A pocos kilómetros de esta población del norte de Líbano, fronterizo con Siria, el partido-milicia Hezbollah –de la secta chií– concentra sus fuerzas, que según Nabil Qaouk, vicepresidente del Consejo Ejecutivo de la organización, “están listas para actuar y proseguir en tanto haya territorio ocupado”.

Asegura que ya el 27 de mayo uno de sus drones localizó entre Arsal y la aldea de Nahle varios escondites de guerrilleros del Frente al Nusra, otro grupo suní opuesto al gobierno sirio chií de Bashar al Assad, y sus hombres “eliminaron a muchos de ellos”.

Mientras, en el extremo contrario del pequeño país, al sur, las cosas están en calma, pero relativamente, porque en los límites con Israel, “calma” significa que no hay guerra abierta y sólo se producen intercambios esporádicos de tiros y artillería.

Sin embargo el ejército israelí se muestra satisfecho porque “desde una perspectiva estratégica, nuestra posición (en esa zona) puede ser la mejor que hayamos tenido jamás”, declaró a la prensa el general mayor Yair Golan, vice-jefe del Estado Mayor, el pasado lunes 1 de junio, al considerar el grado al que Hezbollah se ha enredado en Siria.

Y tendrá que involucrarse más, debido a que, desde el punto de vista de los militares israelíes, “de facto el ejército sirio ha dejado de existir”, dijo Golan, pues la reciente serie de derrotas sufridas por las tropas de Assad han dejado en claro que el peso de la supervivencia del régimen recae en poderes ajenos a su control: fuerzas especiales iraníes, milicias chiíes –integradas principalmente por extranjeros– y, de manera destacada, la libanesa Hezbollah.

Todo ello está obligando a esta agrupación, liderada por la figura emblemática de Hassan Nasrallah, a estirar sus capacidades hasta el límite y genera dudas sobre cuánto podrá soportar y cómo impactará el rumbo de la guerra en su futuro.

Los temores de Nasrallah

No hay confusión en las prioridades políticas de Hezbollah, aseguran sus dirigentes. En una entrevista publicada en el portal de asuntos de Medio Oriente ‘Al Monitor’ (22 de mayo), Mohamed Raad, uno de los fundadores de esa milicia y jefe de su bancada en el parlamento libanés, reitera que su objetivo es Israel, el “enemigo primario que trata de provocar daño en todos lados y que quiere partir en pedazos la región, dividiéndola, fragmentándola y debilitándola”.

El hecho de que los israelíes se sientan más confiados que antes, con Hezbollah (el enemigo que más daño le ha causado en el presente milenio, incluida la que Nasrallah considera su victoria sobre el ejército israelí en la guerra del verano de 2006) desgastándose en el conflicto sirio y enfrentando ataques en casa, no es una contradicción para Raad:

“No queremos que nuestros países (árabes) enfrenten caos y desorden, sino que queremos que avancen y consigan prosperidad y desarrollo. Es debido a esta visión nuestra que debemos estar presentes en donde sea que lo necesitemos: en Siria, en Irak y en Yemen, hasta donde sea necesario, en múltiples arenas árabes”.

Según este dirigente, sus actividades en otros sitios no afectan su capacidad de “confrontar las amenazas y agresiones del enemigo israelí”, ya que “estos preparativos tienen sus propios equipos, entrenamientos, provisiones, armas y municiones, día y noche”.

Hezbollah, asegura, “está lista para la guerra (con Israel), aunque no la desee”.

Pero su atención está en otro lado. Durante la última quincena de mayo, el tema del pueblo de Arsal –que en tiempos de paz es famoso por su industria de tapetes– fue el centro de agresivos debates entre los políticos libaneses: está ocupado por unos 40 mil refugiados que escaparon de la violencia en Siria y bajo el dominio de katibas (pelotones) de los rebeldes suníes del Ejército Libre Sirio, que utilizan la zona como centro logístico e incluso improvisaron un hospital para sus combatientes.

Arsal se encuentra rodeado por fuerzas militares rivales entre sí: por el ejército libanés, al oeste, y los yijadistas del Frente Al Nusra y de Estado Islámico al este, más la presión de Hezbollah desde el sur. Al norte, Siria y su guerra. Mientras Nasrallah advirtió que si el ejército libanés no intervenía para liberarlo lo harían sus propias tropas, la facción “14 de Marzo”, formada por partidos políticos opuestos a Hezbollah y liderada por Saad Hariri, rival de Nasrallah, le exigió abstenerse de actuar porque el responsable de proteger Líbano es su ejército.

El propio Mohamed Raad tuvo un duro intercambio de ataques con el ministro de Justicia, Shraf Rifi (miembro de “14 de Marzo”), quien le dijo en un evento público que “estamos familiarizados con los crímenes que su partido ha cometido, dentro y fuera de Líbano”. “Rifi quiere destruir el Estado que Hezbollah creó”, respondió Raad, atribuyéndole a Hezbollah el mérito de haber reconstruido las instituciones libanesas, “al tiempo en que crea su propio mini-Estado en Trípoli” (segunda ciudad en importancia y hogar de Rifi).

Aunque los medios ligados a Hezbollah y a Irán insisten en presentar su campaña militar contra los sirios suníes en las montañas Qalamoun (que hacen frontera entre Líbano e Israel y en cuyas faldas se asienta Arsal), y en general las que lleva a cabo en Siria, como una serie de éxitos, la prensa ha dado cuenta de numerosas derrotas.

Las estimaciones de sus pérdidas en combate van de unos cientos de efectivos a unos 3 mil, con unos 4 mil heridos. Tuvo al menos 80 muertos en las Qalamoun, en la segunda quincena de mayo, y el martes 2 de junio el Frente al Nusra anunció haber destruido dos puestos de avanzada de Hezbollah y matado a varios de sus milicianos, en la misma zona entre Arsal y Nahle.

Noticias diversas, como sus intentos de formar un batallón de cristianos, su oferta de pagar 400 dólares al mes a refugiados palestinos y a jóvenes chiíes para integrarse en la milicia, el desvío fraudulento de fondos de la organización a bancos europeos y el robo de armas, son tomadas como indicios de que Hezbollah tiene problemas graves para mantener la disciplina y para sostener el número de sus tropas.

También hay reportes de que Irán está preparando una investigación para averiguar qué ha pasado con la ayuda financiera que le ha dado a Hezbollah. Asimismo, que ha suspendido ascensos y nombramientos hechos por Nasrallah, y que incluso estaría tan insatisfecho con la gestión militar del líder de Hezbollah que pretende reemplazarlo con Naim Qassem (segundo al mando) y reducir su papel al de líder espiritual.

El Instituto de Investigación de Medios de Oriente Próximo (MEMRI) reportó en un informe, difundido el 29 de mayo, que ha detectado “señales de angustia” en el liderazgo de Hezbollah y medios afines, originadas en la presión que resulta de “las fuertes pérdidas” en la lucha en Siria y en “la derrota del eje de la resistencia en muchas áreas, especialmente en el norte y en el sur”, lo que “refleja un peligro existencial para la organización”.

Cinco días antes, el 24 de mayo, durante la celebración de los 15 años de la retirada israelí de Líbano, Hassan Nasrallah admitió por primera vez la posibilidad de un fracaso definitivo de su organización: “Nuestra supervivencia está amenazada. Tenemos tres opciones: extender la lucha, rendirnos, o ser masacrados y dispersarnos humillados por el mundo, yendo de una catástrofe a otra”.

Advirtió que eso sería una tragedia de dimensión nacional. “El pueblo libanés no debería estar preocupado por una victoria de Hezbollah, sino por una derrota de Hezbollah”, ya que “el día de hoy enfrentamos un tipo de peligro sin precedentes en la historia, porque apunta contra la propia humanidad”: el de la milicia extremista suní Estado Islámico.

La supervivencia de Hezbollah

En Israel, la prensa leyó entre líneas que Nasrrallah no sólo se dirigía a los árabes y musulmanes. “El discurso del líder de Hezbollah lo deja claro: Israel pronto se puede enfrentar a la Siria post-Assad”, tituló la nota el diario ‘Haaretz’, indicando que Nasrallah está pidiéndoles a los libaneses, a los israelíes y al mundo elegir entre el presidente sirio y un régimen dominado por el Estado Islámico.

Pero el resultado de una derrota de Assad no será necesariamente ése, considera el mismo periódico en “La guerra de Hezbollah por su supervivencia”, un análisis de su especialista en Medio Oriente, Zvi Bar’el, publicado el 29 de mayo. Con o sin Estado Islámico, Hezbollah tiene razones propias para temer ese desenlace.

Un escenario posible es que diversas milicias tomen control de Siria y se desate una guerra civil similar a la de Afganistán tras la retirada soviética, en 1988, en la que Hezbollah se desgaste indefinidamente y deba admitir la derrota o invertir todos sus recursos hasta desaparecer. Otra posibilidad es que, si “milagrosamente se hallara una solución política”, se estableciera un nuevo régimen que “sin duda alguna ajustaría cuentas con todos los que cooperaron con Assad”, como ocurrió en Irak tras la caída de Sadam Hussein. Esto expulsaría a Hezbollah de Siria y la dejaría aislada en el minúsculo Líbano, sin el respaldo militar y logístico que le ha dado el gobierno de Assad.

Además, las negociaciones entre el grupo de potencias llamado P5+1 (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China más Alemania) e Irán sobre el programa nuclear de este país, parecen estar a punto de culminar en un acuerdo que permitiría a Teherán no sólo liberarse de las sanciones económicas, sino reintegrarse a la comunidad internacional. Esto forzaría a la República Islámica, que es el apoyo más importante que tiene Hezbollah, a “tomar decisiones estratégicas dramáticas”, escribe Bar’el, “que podrían venir a expensas de Hezbollah”.

La tierra de dios

Un tercer escenario –el más temido por todos los bandos, pero no por ello menos probable– es que Líbano también se vea arrastrado a la guerra civil. La conquista militar de una población suní, como es Arsal, por la milicia chií, podría hacer escalar el enfrentamiento entre quienes apoyan la participación de Hezbollah en la guerra siria y quienes la acusan de atraer la violencia a Líbano.

La ciudad de Trípoli se ha visto ya fragmentada entre la mayoría suní y los barrios chiíes, con periodos de sangrientas escaramuzas en sus límites. Hezbollah ha perdido a varios de sus dirigentes en atentados con bomba en la capital, Beirut. Como antecedentes están la larga guerra civil que enfrentó a las múltiples facciones libanesas entre 1975 y 1990, así como la ocupación parcial del país por el ejército sirio, que duró 29 años hasta su retirada, en 2005.

Son riesgos que no parecen disuadir a las partes. “La batalla no se ha terminado en los Qalamoun”, aseveró Raad en su entrevista con ‘Al Monitor’, pues “los terroristas siguen presentes en Arsal”. Y sus tropas se están preparando.

El joven Salem Huraira, en esa población rodeada por tantos enemigos, asegura que él y sus compañeros del Ejército Sirio Libre también están listos. “Caerán bajo la espada de dios”, expresa con confianza.

¿No teme que la guerra también devore su país? “Ésta es una sola tierra. Es la tierra de dios”, replica.