Contra el establishment

El establishment, de Owen Jones.

LONDRES (apro).- Los grupos de poder en las democracias modernas –el establishment— funcionan dentro de una red inconmensurable de intereses privados, socavando derechos fundamentales de los ciudadanos y beneficiándose enormemente en ese proceso.

El joven ensayista británico Owen Jones (Sheffield, 1984), autor del éxito editorial Chavs: La demonización de la clase obrera (Capitán Swing, 2011) y columnista frecuente de The Guardian y New Statesman acaba de publicar el libro El establishment (Seix Barral), el cual profundiza sobre esta cuestión y es ya un best-seller en muchos países del mundo.

En El establishment Owen analiza a detalle el auge de los grupos de poder que dominan al Reino Unido desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y los avances de un neoliberalismo cada vez más interesado en perpetuar sus propios intereses. De hecho, la obra es un ataque frontal a la derecha conservadora británica, como también a sus mecanismos para perpetuarse en el poder.

El escritor inglés Irvin Welsh consideró que El establishment ha sido el libro “más importante sobre política real” que leyó en toda su vida, en tanto que para el político y secretario general de Podemos, el español Pablo Iglesias, opinó: “si las desigualdades son la fiebre que anuncia el malestar en nuestra sociedad, la casta que señala Jones es la causante de la enfermedad de la que tenemos que curarnos (…) Leer es el primer paso para no confundir los diagnósticos y acertar en las terapias”, sostuvo.

En entrevista, Jones, considerado uno de los ensayistas más agudos de Gran Bretaña, lanza su crítica devastadora contra la derecha, los magnates de los medios y contra el Partido Laborista británico del que, dice, no supo hacer llegar su mensaje de cambio en los últimos años.

“Creo que tanto en el Reino Unido como en muchos otros países del mundo existe esta regla por la cual hay normas que funcionan para aquellos que son poderosos y otras para el resto de la sociedad. Esta teoría surge de la noción de que la democracia proviene de arriba, que la soberanía popular, la habilidad de la gente de determinar el futuro de su propio país está amenazada”, afirma Jones, quien se autodeclara feminista y activista por los derechos de los homosexuales.

“Hemos visto en los últimos años un número de crisis provocadas por aquellos que son poderosos, en particular la crisis financiera, que llevó a Gran Bretaña y al mundo a un desastre económico. La gente terminó pagando por una crisis que no provocó. Así que todos estos factores contribuyeron a un creciente sentimiento de la gente acerca de que los grupos de poder, aquellos que están arriba, son responsables de muchos de nuestros problemas, pero se espera que el pueblo pague por ello”, agrega el experto.

Según el ensayista inglés, se trata principalmente de un problema “de dobles estándares”.

“Estamos hablando de una sociedad injusta, donde la democracia está amenazada, donde los intereses privados no regulados son tan dominantes. Esto creo que es muy fuerte, y definitivamente más fuerte que en el pasado”, destaca Jones durante la entrevista.

En su libro –uno de los más vendidos en el Reino Unido y España–, el británico hace hincapié sobre todo en qué forma el establishment inglés fue socavando valores de la democracia, evitando rendir cuentas y de esa forma esquivar someterse al control popular.

“Para mí el tema central es cómo la democracia se ve afectada, por qué estas fuerzas dominantes no son controladas o sometidas a escrutinio. No me interesa mucho si esos intereses son representativos. Los poderosos son más representativos que en el pasado, porque en los años 50 había más hombres blancos de educación privada que estaban en el poder. Ahora, en especial en el caso de mujeres o personas de minorías étnicas, hay más diversidad entre los poderosos”, sostiene el ensayista de 30 años.

Para Jones, el establishment británico parece ser ahora más representativo, con personas de distintas clases y orígenes.

“Yo quiero hacer campaña por una sociedad democrática y representativa, donde los grupos de poder tengan que rendir cuentas, y deban volverse diversos y representativos en este país, y en el resto del mundo. Algunos consideran que con más personas negras o mujeres en el poder cambiarán las cosas, pero eso no será suficiente. Mi posición es que aquellos en el poder deben representar mejor a la sociedad, pero también tienen que rendir cuentas.

“Considero que las democracias modernas están amenazadas por grupos de poder que no renden cuentas ni son controlados. Si queremos que las democracias sean sanas tenemos que combatir los intereses egoístas de unos pocos, especialmente de aquellos que quieren perpetuar sus intereses a costa de la sociedad”.

El escritor, egresado en historia de la Universidad de Oxford y que trabajó como cabildero en asuntos sindicales para el parlamentario laborista John McDonnell, habló además sobre el poder de la prensa en las democracias como la británica, y dijo que, a diferencia de lo que piensa la población, “el Reino Unido no cuenta con una prensa libre”.

“No contamos con medios que estén a cargo de (vigilar) al gobierno. No somos Corea del Norte, pero nuestros medios de prensa están controlados por pequeños grupos de millonarios, cuyos intereses son mantener el estatus quo para seguir logrando ganancias y rédito”, destaca.

De acuerdo con su análisis, Gran Bretaña no puede tener una prensa libre “si los dueños son magnates de los medios políticamente motivados, que utilizan la dominación de la prensa para conseguir sus propios intereses políticos, demonizando a todo aquel que esté fuera de ese consenso político muy acotado”.

“Esos magnates sólo quieren políticas que representen los intereses de los poderosos. Al mismo tiempo el periodismo se ha convertido en algo nada representativo de la sociedad. Si se analiza lo que ocurre en el mundo del periodismo en Inglaterra, uno puede darse cuenta que muchos provienen de familias acomodadas y con dinero. Y eso significa que las prioridades y la subjetividad de los periodistas terminan siendo prioridades de las clases privilegiadas de la sociedad”, continúa.

La prensa británica- según Jones- “está controlada por personas con dinero y poder, con objetivos políticos muy claros”.

“Ellos no representan para nada al conjunto de la sociedad, sin embargo son los que están a cargo de lo que leemos a diario. La pregunta es si contamos con una prensa libre. Personalmente creo que no”, subraya.

Durante la entrevista, el ensayista político se refiere también al papel que desempeña la izquierda, no sólo británica sino europea, para balancear el avance de los grupos de poder:

“La izquierda tiene un papel clave en esto. Un ejemplo claro es el que hemos visto recientemente en España, donde Podemos logró crecer como partido representativo, radical, que habla de forma diferente respecto de los partidos tradicionales de izquierda. Ellos reconocieron que mucha gente no piensa políticamente en términos de ‘izquierda o derecha’, piensa en temas y problemas que deben ser solucionados. Podemos ha logrado llevar ese mensaje de cambio de una forma convincente y coherente. Y todo esto hablado a partir de un lenguaje que la gente entiende. Esto es crucial. Si la izquierda quiere llegar a la población tiene que hablar de una forma diferente y contar con un nuevo lenguaje”, destaca.

En el caso de Gran Bretaña, Jones sostiene que el Partido Laborista ha cedido terreno debido al avance del Partido Nacionalista Escocés (SNP) y del eurofóbico y xenófobo Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP).

“Todo ello se suma al hecho de que muchos responsabilizan al Laborismo por la crisis financiera de 2008, o acusan al gobierno laborista de haber llevado a una crisis económica al país por gastar más dinero público del que tenía, incluso cuando los conservadores apoyaron a los laboristas por su plan de gasto público hasta 2008. Esto es innegable”, sostiene. La derrota del Laborismo británico “ocurrió finalmente porque no contaba con un mensaje coherente”.

“Hay que recordar que otro golpe muy fuerte al Laborismo fue el avance del partido xenófobo UKIP, al que no le fue para nada bien en áreas con inmigrantes. En el sitio donde me crié Stockport (norte de Inglaterra), el UKIP logró el segundo puesto en las elecciones generales, y es un sitio con muy pocos inmigrantes. Eso es típico de los resultados del UKIP en el país, donde acusaban a los inmigrantes por la falta de empleos y vivienda para el resto de la población. En Londres, donde hay mucha variedad y diversidad, donde la gente vive armoniosamente, al UKIP le fue bastante mal. No es una sorpresa”, agregó.

Jones confiesa que ya está trabajando en su nuevo libro, que llevará por título Las políticas de la esperanza, una secuela de El establishment.

“Es importante hablar sobre la injusticia y los problemas que enfrentamos, pero también es importante luchar por la esperanza, darle a la gente esperanzas acerca de que las cosas pueden cambiar. Quiero que la gente se organice y luche contra la injusticia. Eso es lo que me interesa”, señala.

“Para mí las políticas de la esperanza serán alternativas al status quo y nuevas formas para poder modificar las cosas. Quiero que la gente se inspire y piense que el sistema no tiene que ser como es actualmente”, añade.

La idea del libro surgió de una frase del fallecido político izquierdista Tony Benn, –un héroe político para Jones–, quien sostuvo meses antes de morir en 2014: “Para que las cosas cambien hay que sentir una pasión abrasadora contra la injusticia social, y una pasión abrasadora para lograr un mundo mejor”.

El autor tiene claro que las injusticias sociales son, en todo caso, “temporales, pasajeras y pueden ser combatidas con determinación, resistencia y coraje”.

“Mi próximo libro tratará sobre formas alternativas de política y activismo, un libro muy diferente al anterior, que había escrito en respuesta al mundo tan injusto en el que vivimos hoy”, concluye.