Presentan “Diálogos de la mirada”, de la fotógrafa Norma Patiño

Norma Patiño durante la presentación de su libro Diálogos de la mirada.

OAXACA, Oax. (apro).- “El retrato es una puesta en escena, es una construcción entre dos y el retratista es el director que sabe qué es lo que quiere del otro y lo busca, lo seduce hasta lograr contagiar sus emociones”, sostiene la fotógrafa Norma Patiño luego de presentar aquí su más reciente libro, Diálogos de la mirada.

El libro, dice, es un homenaje a quienes se dedican –desde sus trincheras– al arte y a la cultura, como un Gabriel García Márquez, Francisco Toledo, Sergio Hernández, Shinzaburo Takeda, Vida Yovanovich, Rogelio Cuéllar, Paulina Lavista, Mariana Yampolski o Salvador Corro.

La mirada profesional de la fotógrafa Norma Patiño permitió reunir las imágenes de 106 personajes contemporáneos en esta obra que fue presentada en una de las salas de exposición de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).

La creadora independiente expuso la importancia de captar los retratos de artistas del baile, la pintura, la música y las letras, escritores y periodistas, quienes de diversas formas se han comprometido con sus obras o acciones en el desarrollo, creación y fomento de la cultura.

“Todos han sido personajes que admiro, muchos son amigos, y además el proceso para realizar esta publicación se vio interrumpida y luego se reinició en una etapa difícil en mi vida, que ahora puedo contar, y era cuando me habían diagnosticado cáncer, y la energía para luchar contra la enfermedad me despertó una euforia por la vida que no me había percatado, pero que ahora que estoy curada, percibo”, puntualizó.

En compañía de estudiantes, académicos, familiares y amigos, la artista agradeció la presencia de algunos de los personajes retratados, como Takeda, Israel Nazario, el subdirector editorial de Proceso, Salvador Corro, así como Francisco Gerardo Toledo, en representación de la División de Ciencias y Artes para el Diseño de la Universidad Autónoma de México (UAM), entre otros.

En su oportunidad, el periodista Salvador Corro consideró que las imágenes de Patiño son visiones que recrean apariencias que han sido separadas del lugar, “aun cuando a veces no nos reconocemos en ellas, la magia es que preservan ese momento por mucho tiempo”.

En su caso, detalló, “se puede ver cualquier día, un domingo, o cualquier domingo, con la magia que hace Norma, la luz, el encuadre, y luego la imagen me remite a cómo nos ven, cómo nos vemos y cómo deseamos que nos vean, el diálogo de la mirada es un acto de amor a la vida”.

El artista Israel Nazario también elogió la obra luego de manifestar que durante la toma de las imágenes la autora reflejaba una alegría que contagiaba, y “no estaba en mis perspectivas que me incluyeran en algo tan importante”.

La autora también expresó su amor por Oaxaca, pues aunque es originaria del Distrito Federal, “me siento parte de esta entidad y varios de los maravillosos personajes que he conocido son parte de la obra, son parte de mí”.

Entrevistada después de la presentación de su segundo “bebé”, como define a su libro, sostiene que el retrato es como poner un teatro donde el retratista es el directora de escena, es la que contagia de emociones, de ahí que la fotografía es el más difícil de los géneros.

En la obra se encuentran imágenes de Ana María y Teresa Pecanins, Alberto Ruiz Sánchez y Margarita de Orellan, Ricardo Delgado y Nallely Rasgado, de Raúl Renán, Eduardo Peñuela, Nunik Sauret, Carmen Boullosa, Lourdes Almeida, Sandra Pani, Vicente Rojo y Myriam Moscona.

Diálogos de la mirada es un proyecto que corresponde a la continuación de un primer libro, “Las costumbres del rostro”, editado en 2001 por la UAM Azcapotzalco, sobre retratos de creadores, escritores, coreógrafos y gente comprometida con la cultura mexicana.

“Yo quería que el libro se llamara Desafíos de la mirada, estuve jugando con diferentes títulos, finalmente nos decidimos por diálogo con el retratado y lo que el espectador va a mirar son miradas, no hay letras, son gestos. La mirada del fotógrafo y el retratado”.

Luego consideró que “el retrato es todo un reto. Nunca vas a acabar de captar la esencia del otro. Siempre hay una búsqueda de la foto, la imagen que lo va a reflejar, pero somos tan diversos y múltiples y nunca vas a saberlo. Siempre estamos cambiando”.

También, agregó, el lugar, el espacio nos van a generar emociones que se van a reflejar en la mirada, en los gestos, en los movimientos. No acabamos de retratar a las personas. Hay personas que no se prestan mucho, que tienen muchas resistencias y el retrato es un juego de cuatro aspectos, es aquello que somos, aquello que queremos ser y lo que los otros ven en nosotros, y también es aquello que los otros interpretan”.

Entre los oaxaqueños que retrató se encuentran Francisco Toledo, Sergio Hernández, Shinzaburo Takeda, Israel Nazario, Israel Montes, Rolando Rojas, Raúl Soruco y Salvador Corro.

La fotógrafa explicó que vino a Oaxaca a presentar el libro y a “pescar” a más pintores. Es un talento que da esta tierra, señaló.

También reconoció que Toledo le costó trabajo porque “es muy tímido y le tiene respeto a la cámara. En algún momento le comentó que es muy agresiva la cámara, siempre te está retando, te desafía, es un aparato extraño que te invade. Ahora es menos tímido pero sigue teniendo una presencia tan fuerte que cualquier gesto o movimiento que haga es extraordinario, es un hombre hermoso”.

Pero hay personajes como Carmen Boullosa que se explayan de manera fantástica y hay otros que te dirigen, como Nicolás Echevarría, el cineasta que te dice “‘desde aquí, pero maneja este ángulo y tal diafragma’, quieren controlar, aunque nunca lo tomé a mal”.

Finalmente, destacó que se siente fascinada como “gallina clueca” porque no es un género fácil, sin embargo, se siente afortunada de lograr una de sus mejores facetas.

Norma Patiño adelantó que el libro se va a presentar el próximo 5 de agosto en la librería Rosario Castellanos en la Ciudad de México; luego en la FIL de Guadalajara, y el 2 de octubre se inaugura una exposición colectiva en La Habana y en Santiago de Cuba, precisamente en la Casa Benito Juárez.