Ni una más

Chiara, una adolescente 14 años, embarazada, y asesinada a golpes por su novio de 16 años.
Foto: Especial

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En Argentina, el asesinato de Chiara, una adolescente 14 años, embarazada, y asesinada a golpes por su novio de 16 años, fue la gota que rebasó un vaso de horrores acumulados. Las organizaciones de mujeres convocaron a una manifestación con el lema ¡Ni una más! y el miércoles 3 de junio miles de personas desbordaron la plaza del Congreso en una protesta multitudinaria. ¿Qué pasó para que todo tipo de personas compartieran el viejo reclamo feminista? Una buena articulación de las activistas con los medios y el impulso en las redes sociales generaron una sinergia inédita.

En Argentina, cada 35 horas una mujer muere asesinada por violencia machista, y esa cifra es apenas un subre­gistro de lo que pasa. El reclamo de Ni una menos interpeló a sectores sociales y políticos diversos, que se sumaron al llamado del movimiento de mujeres. En todo el país hubo al menos 70 convocatorias paralelas en distintos puntos, con grandes manifestaciones en Mendoza, en Córdoba, en Ushuaia, en Santa Fe, en Tucumán. Y no sólo de mujeres: miles de hombres, adolescentes y viejos, también participaron Por primera vez funcionarios de primer nivel se expresaron, como los ministros de Educación y de Salud de varias provincias, que en reuniones de sus respectivos Consejos Federales se manifestaron al respecto. Según un reporte del periódico Página/12, 687 políticos se retrataron con el cartel #NiUnaMenos, entre ellos 99 diputados, 34 senadores, 180 intendentes y 11 gobernadores. Además, “los seis principales candidatos a presidente se mostraron apoyando la marcha”. También “participaron 834 organizaciones sociales y referentes (clubes, sindicatos, ONG)”, “2137 personalidades en Argentina” y “280 personalidades en el exterior: Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Colombia”. Todo eso se tradujo en Twitter en una audiencia de 1.734.150.878 usuarios, y todos los canales de televisión, todos los diarios y todas las estaciones de radio cubrieron el tema.

La propuesta del grupo de mujeres inicialmente convocantes conmovió a todos los sectores sociales y a todas las posiciones políticas. Según Washington Uranga Ni una menos “fue un hecho colectivo, más allá de intereses o banderas particulares, razón por la que nadie en particular pudo apropiarse o sacar provecho” (Página/12 del 14 de junio). Eso fue lo relevante, su carácter masivo, diverso y ciudadano. La convocatoria usó el lema “Ni una menos”, adjudicado a Susana Chávez, poeta y activista mexicana asesinada en 2011 en Ciudad Juárez. Otra mexicana, la feminista Marcela Lagarde, impulsora de la ley contra el feminicidio en nuestro país, estuvo presente en la marcha, y se declaró impactada y conmovida: “Yo he soñado con que las plazas de mi país estén repletas de gente por la vida de las mujeres. No fue en mi país pero fue aquí y me pareció maravilloso”.

Si la movilización del miércoles 3 en Argentina caló hondo fue porque esa violencia machista ocurre en todos los grupos y sectores sociales. Pero, ¿podrá tal sensibilización social fructificar en acciones y políticas concretas, con compromisos sólidos? Por lo pronto, ya hubo reacción en el poder judicial, acusado de negligencia pues aunque en Argentina existe una ley contra la violencia hacia las mujeres, tiene escasa implementación y el acceso a la justicia sigue siendo engorroso, lento e inoperante y termina castigando a la propia víctima. Se ha luchado por más fiscalías especializadas por barrio; y la creación de juzgados mixtos, civiles y penales, con monitoreo de medidas precautorias.

Un día después de la marcha, el Centro de Información Judicial (CIJ) publicó en su página web el anuncio de que la vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Elena Highton de Nolasco, “convocó a las autoridades de los Superiores Tribunales y cortes provinciales y a las cámaras federales correspondientes, a colaborar en la confección del Registro de Femicidios de la Justicia argentina”.

El informe del CIJ señaló que “si bien desde la Oficina de la Mujer y la Oficina de Violencia Doméstica se está trabajando para adecuar los sistemas de registro a fin de elaborar estas estadísticas nacionales, la pluricausalidad y complejidad de la problemática, así como cuestiones de competencia inherentes a la organización federal de nuestro país, no han permitido aún unificar la información. Por ello, y hasta que el sistema de registro se encuentre terminado, resulta imprescindible comenzar por cuantificar”. Sí, contar sirve para conocer la magnitud del problema.

Ahora bien, ¿qué pasa aquí que nunca hemos tenido una movilización similar? Cuando a Marcela Lagarde le preguntaron si sería posible impulsar algo así en México, respondió que un acto así se construye “cuando las voluntades se suman”. También dijo: “Muchas veces las feministas en el mundo sumamos voluntades, pero no siempre se expresan en la calle. La gente tiene otra idea, que nosotras somos un movimiento que sale a la calle, y es al revés. Salimos muy poco”.

También habló de que el contexto no es el mismo porque en México hay “terribles violencias de narcos, de policías” y “cuando un país está de esta forma, se avanza de otras maneras”. Sí, tiene razón, y ante el horror que estamos viviendo, nos toca reflexionar y debatir cuáles serán esas maneras.