Irán: En la hora límite para un acuerdo nuclear

La central nuclear de Bushehr, en la costa del Golfo Pérsico.
Foto: AP

MÉXICO, D.F. (apro).- Después de un año y tres meses de complejos debates y largas sesiones para ajustar el tejido fino, tanto en lo técnico como en lo político y comercial, el proceso de negociaciones sobre el programa nuclear de Irán, que este país sostiene con el grupo denominado P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad –Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia- más Alemania), está punto de llegar a su tercera fecha límite: el martes 30, la cual debería ser la definitiva.

En las dos ocasiones anteriores, el torpedeo de los opositores a un acuerdo y el estira y afloja entre los representantes de ambos lados han llevado los tiempos al extremo, siempre bajo la espada de Damocles de un rompimiento que descarrile las conversaciones. En el último minuto, o de plano excediendo la hora fijada, se ha logrado concretar avances.

Esta vez no es diferente: cerrar un pacto antes de la medianoche del martes 30 ya es visto por algunos como un corsé demasiado estrecho y se pide abiertamente una extensión.

Las voces más influyentes, sin embargo, se siguen ajustando a la idea de que, antes de ese momento, si no se ha alcanzado un consenso final, se asumirá el fracaso, y elevan el listón de las demandas que quieren ver cumplidas sin pretexto.

Líneas Rojas

En Irán, los debates públicos y privados son intensos. El domingo 21, los sectores conservadores que dominan el Majlís (Parlamento) empujaron la aprobación de una iniciativa de ley que prohíbe la vigilancia extranjera en instalaciones, recursos y personal de los proyectos militares, con lo cual se interpondría un obstáculo insalvable para el acuerdo.

La razón: para el P5+1 establecer un sistema de inspecciones sobre el programa nuclear y tener acceso a los científicos que lo llevan a cabo es una condición fundamental a la que no van a renunciar, pues desde su punto de vista, sólo así tendría sentido un acuerdo.

La decisión del Majlís no era definitiva. Tenía que ser aprobada por el Consejo Guardián, un órgano cuyos miembros deben obediencia al líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, y suya era la última palabra.

El martes 23, a sólo una semana de la fecha límite, Jameneí endureció su actitud en un discurso transmitido por televisión:     “Estudiar el proceso de las demandas estadunidenses demuestra que su objetivo es arrancar de raíz la industria nuclear iraní, destruyendo la naturaleza nuclear del país y transformándolo en una caricatura y en una imagen sin sustancia”.

Así estableció nuevas líneas rojas que los negociadores del gobierno del presidente Hassan Rouhaní no deben traspasar:          “Congelar las investigaciones y el desarrollo (nucleares) de Irán por un largo periodo de tiempo, como 10 o 12 años, no es aceptable”.

Añadió: “El levantamiento de las sanciones (al intercambio comercial) no deberían estar ligadas al cumplimiento de los compromisos de Irán. No se debería decir ‘cumple tus compromisos y entonces, el OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica) lo verifica para que se levanten las sanciones’. Nunca vamos a estar de acuerdo con eso”.

Como si hubiera entendido una orden, el Consejo Guardián validó la iniciativa del Majlís el jueves 25.

Mohammad Javad Zarif, ministro iraní de exteriores y responsable directo de las negociaciones, ha apostado precisamente por lograr un equilibrio que permita las inspecciones extranjeras aunque con limitaciones, congele aspectos críticos del programa nuclear pero no la totalidad de las actividades y que las sanciones comerciales, que han tenido un fuerte impacto en la economía iraní, sean levantadas parcialmente al principio y después en etapas, de acuerdo con el avance del cumplimiento de los compromisos.

Ahora tendrá más dificultades para lograr un texto que ni en forma ni en fondo contradiga al líder supremo.

Para el gobierno del presidente Barack Obama parece imposible llegar a un acuerdo que satisfaga a todos en su país. Los más radicales querrían la cancelación definitiva de toda actividad nuclear en Irán y la destrucción de las instalaciones relacionadas, algo que no hay forma de que Irán acepte.

Que Washington esté dispuesto a aceptar una solución más moderada mantiene llameante las críticas de sus opositores. El exgobernador republicano de Florida, Jeb Bush, tuiteó el miércoles 24 que “incluso exfuncionarios de alto nivel de Obama creen que el acuerdo emergente no evitará que Irán alcance capacidades para construir armas nucleares”.

Las palabras del ayatolá Jameneí les dieron munición a los inconformes en Estados Unidos, especialmente a los republicanos que aspiran a ganar la candidatura presidencial de su partido y que, en ese esfuerzo, ganan puntos criticando a Obama y su intención de pactar con los iraníes.

Jeb Bush es uno de los precandidatos más fuertes e inició su ofensiva. Desde su cuenta @JebBush envió este mensaje: “El ayatolá mueve la portería de nuevo. Obama no parece aceptar un no por respuesta, asuman que vienen nuevas concesiones”.

Para la Casa Blanca, sin embargo, las declaraciones del líder supremo no son tan importantes: “Estamos menos preocupados por las palabras y mucho más preocupados por las acciones”, aseveró el mismo día el secretario de prensa Josh Earnest ante los medios acreditados.

Tales acciones, continuó, incluyen tanto las de los negociadores cuando se sientan con el P5+1 como el comportamiento de los iraníes “mientras estén cumpliendo el acuerdo, si se alcanza alguno” ya que, reconoció, “todavía hay retos difíciles que tienen que ser enfrentados para completar un acuerdo exitosamente en el marco temporal que nos hemos fijado”.

E insistió en el punto rechazado por el Majlís: “En este acuerdo, es central que Irán se comprometa a cooperar con un paquete de inspecciones intrusivas para verificar que cumpla con el acuerdo”.

Dureza o flexibilidad

Puesto así, parece que no hay cómo llegar a un entendimiento. Pero el ayatolá Jameneí tiene que tomar en cuenta a su pueblo, cuyas esperanzas de progreso económico están basadas en el levantamiento de las sanciones comerciales.

Igualmente, debe considerar que 57% de los iraníes apoya que se alcance un acuerdo, según una encuesta realizada conjuntamente por las universidades de Maryland y de Teherán, difundida el martes 23. Ese respaldo incluye aceptar limitaciones a las centrifugadoras de materiales radiactivos y a las reservas nucleares de Irán y permitir las inspecciones internacionales.

Un análisis del Teherán Bureau, publicado el 23 en el diario británico The Guardian, expresa su confianza en el prestigio histórico de los iraníes como “grandes diplomáticos”, en general, y en el del ministro Javad Zarif como negociador, en particular.

Citado en el texto, Paul von Maltzahn, quien fue embajador de Alemania en Irán de 2003 a 2006 y participó en otra ronda de negociaciones sobre el mismo tema en 2005, cree que la de ahora “no se debería apegar demasiado al calendario. Si no funciona el 30 de junio, entonces que se siga adelante, una semana o dos”.

Von Maltzahn expresa optimismo porque, a diferencia de las conversaciones de hace una década, ahora Estados Unidos se ha involucrado, aceptando en principio que Irán pueda continuar enriqueciendo uranio en cierta medida.

Y piensa que Irán, también, tiene más motivos para flexibilizar su postura, ya que “ha llegado a la conclusión de que la opción nuclear no le resulta necesaria para proyectar más poder en la región. Con la decadencia o desaparición de Irak, y con la carencia de un rol regional para Egipto, Irán es de facto la nación más poderosa. No necesitan paridad nuclear con Israel y, en todo caso, es más costosa. Entonces, ¿para qué seguir por ese camino?”.