Turquía: Las maniobras de Erdogan

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.
Foto: AP / Emrah Gurel

MÉXICO, D.F. (apro).- Las máquinas de meter miedo están a toda marcha en Turquía, precisamente cuando el futuro inmediato de la nación se juega en las negociaciones entre los partidos políticos para formar una coalición de gobierno, para lo cual sólo se tienen 45 días desde las elecciones legislativas del 7 de junio, o dejar paso a una repetición de los comicios.

La guerra en Siria ha partido a este país –con el cual Turquía comparte una frontera de 400 kilómetros– en fragmentos y las organizaciones kurdas locales no sólo han logrado resistir con éxito los embates de las temidas milicias del Estado Islámico, sino montan una contraofensiva que les puede hacer ganar nuevos territorios.

“Le estoy diciendo esto al mundo entero”, proclamó el 26 de junio Recep Tayyip Erdogan, cuyo papel como presidente turco está actualmente en juego y puede crecer enormemente en poderes o quedar limitado a un nivel secundario frente al primer ministro: “Jamás permitiremos el establecimiento de un Estado (independiente) en nuestra frontera sur, en el norte de Siria”.

No se refiere al Estado Islámico (EI), enemigo declarado de Turquía y de todas las potencias y actores en conflicto, sino a los kurdos sirios, de quienes Erdogan y los suyos aseguran que procederían a apoyar, desde ese nuevo Estado en Siria, la secesión del este turco (hogar de unos 20 millones de kurdos con nacionalidad turca) para crear la gran nación kurda. Además, se asegura que la población turcomana (que tiene el mismo origen que los turcos) del área sería perseguida durante una “limpieza étnica”.

Funcionarios gubernamentales han filtrado información a medios locales –tanto oficialistas como el diario Sozcu, como el crítico Yeni Safak–, acerca de que Erdogan estaría planeando enviar hasta 18 mil soldados para apoderarse de una porción de Siria de 100 kilómetros a lo largo de la frontera común, y 30 kilómetros de profundidad, entre las poblaciones limítrofes de Azaz (norte de Alepo) y Jarabulus, a fin de crear una “zona colchón” que proteja a su país.

La administración del primer ministro Ahmet Davotoglu se ha dado al juego de no confirmar ni desmentir esa versión, dejando crecer la inquietud por el posible ingreso abierto de Turquía en la guerra siria.

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), con el cual Erdogan gobernó desde 2002 con una mayoría absoluta que acaba de perder, está en pláticas para formar un gobierno de gran coalición con el opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), el cual insiste en que impedirá que se realicen las reformas constitucionales para darle a Erdogan los poderes que ambiciona.

El CHP ha criticado, desde el principio del conflicto sirio en 2011, la intervención turca a favor de grupos rebeldes y se opone tajantemente a enviar soldados a invadir el país vecino: aunque la dirigencia del AKP quiere aliarse con el CHP, la amenaza de una escalada en la participación turca es un torpedo a la línea de flotación de las negociaciones.

Erdogan tiene un problema extra, sin embargo: confía en que una repetición de los comicios modifique el resultado y le dé a su partido la mayoría absoluta que necesita para satisfacer sus ambiciones, pero diversas encuestas indican que el electorado no ha cambiado de parecer y votaría de la misma forma. El peligro creíble de que la unidad de Turquía está en peligro y de que la guerra se avecina, en cambio, podría crear la sensación de que es indispensable un liderazgo fuerte, como el que Erdogan ha mantenido durante 13 años.

El miércoles 1, medios prooficialistas publicaron informaciones que alarmaron a sus lectores. El diario Sabah, por ejemplo, trajo un artículo de su analista Merve Aydogan, que tituló: “El PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán, que sostiene una guerra de guerrillas contra el gobierno turco) pretende traer armamento pesado a Turquía”.

Aydogan da por verídicos, sin reticencias, supuestos informes de inteligencia presentados durante la reunión del Consejo de Seguridad Nacional celebrada el 29 de junio en la capital, Ankara, y filtrados a los medios.

Esos reportes advierten que el PKK es “una seria amenaza contra Turquía”, pues pretende trasladar al país el poderoso arsenal (no se precisa de qué tipo de armas se trata, en qué cantidades, en dónde se encuentran ni cómo serían transportadas) arrebatado por la milicia kurda llamada Unidades de Protección del Pueblo (YPG) al ejército sirio.

El éxito kurdo en su ofensiva sobre Tal Abyad, un paso fronterizo que era controlado por EI, es presentado en el texto como muestra de que el riesgo es inminente. Aydogan no explica, sin embargo, por qué el YPG querría deshacerse del equipo que ha capturado y que necesita –porque EI tiene mayor poder de fuego– para traspasarlo al PKK en Turquía, un escenario bélico de bastante menor intensidad.

Una línea kurda

Otro destinatario de la amenaza de Erdogan es Estados Unidos, cuyo apoyo aéreo cambió la suerte de las YPG en el campo de batalla y que celebró la toma de Tal Abyad, población que describió como la principal ruta de EI para llevar combatientes extranjeros y provisiones a su capital, Raqqa.

En el argumento de Washington está implícito que dicha ruta transcurre por Turquía y que su gobierno, del que es formalmente aliado, ha sido acusado repetidamente de permitirlo. Periodistas que han revelado que la policía turca permite el paso de contrabando de EI han sido encarcelados.

El apoyo de EU a los kurdos es motivo de gran irritación para los turcos. Aunque el discurso oficialista es contrario al EI, ahora los medios alineados con Erdogan alertan del peligro de que Jarabulus, el último paso fronterizo bajo control de esa organización yijadista, le sea arrebatado por los kurdos: “Si esa región cae en manos de las YPG, las rutas comerciales de Turquía hacia Siria y más allá, al Medio Oriente, serán cercenadas”, escribió el columnista del AKP, Abdulkadir Selvi, en el diario Yeni Safak, el 28 de junio. “Si forman una línea kurda a lo largo de la frontera, nos desvincularán de Siria central”.

Pero eso es exactamente lo que Estados Unidos y la coalición de países en guerra con EI quieren hacer, porque son las rutas que alimentan a los yijadistas. Y es parte de la estrategia de las YPG, que aspira a conectar los territorios que domina en el este y el oeste de Siria, siempre pegados al límite internacional.

El Partido de la Unión Democrática, del cual las YPG son el ala militar, advirtió el miércoles 1 que “cualquier intervención militar en Rojava (término con el que se refiere a las zonas predominantemente kurdas de Siria) tendrá repercusiones locales, nacionales e internacionales y amenazará la paz y la seguridad internacionales”, por lo que sus combatientes “están listos para rechazar cualquier agresión”.

A favor de las YPG está el hecho de que esta milicia es el aliado más confiable que tiene la coalición liderada por los estadunidenses en su ofensiva contra el EI. En su contra, que cada uno de sus avances se convierte en munición para las máquinas de meter miedo del presidente Erdogan.

“Un buen político sabe que alimentar el caos y la guerra va a traer desastre y no éxito”, tuiteó Kemal Kılıcdaroglu, líder del CHP, el 30 de junio, en referencia a Erdogan. “El país no es un juguete de su ambición”, añadió.