El infierno, una lectura a 11 voces, de Leñero, con la CNT

El infierno, de Vicente Leñero.
Foto: CNT

MÉXICO, D.F. (apro).- Aprovechando las similitudes entre los nueve círculos del infierno que describe Dante Alighieri y los nueve niveles del Mictlán, Vicente Leñero creó “El Infierno”, una paráfrasis mexicanizada de la primera parte de “La Divina Comedia”.

Tanto para conmemorar el 750 aniversario del nacimiento de Dante como para homenajear al recientemente fallecido periodista, narrador, guionista y dramaturgo jalisciense, la Compañía Nacional de Teatro (CNT) se dio a la tarea de llevar a escena el texto.

La lectura dramatizada de “El Infierno”, dirigida por Luis de Tavira, rescata un texto que parecía destinado al olvido: una obra escrita para ser representada dentro de las Grutas de Cacahuamilpa, pensada para un elenco de cientos de actores y extensos recursos tecnológicos.

En el marco de los homenajes que se realizarán este año a Leñero, “El Infierno” nos da una clara perspectiva de los valores con los que se regía y la lúcida crítica que ejerció toda su vida contra políticos, periodistas, clérigos y otros personajes públicos mexicanos de todas las épocas.

Vale la pena asistir a las dos horas de lectura para apreciar el diseño sonoro y coral de Alberto Rosas, que hace un excelente trabajo orquestando lo que él llama “una cantata electroacústica hablada”.

Ciertamente los actores se asemejan a los músicos de una orquesta, cambiando las hojas del libreto como partituras, con su voz y su cuerpo como únicos instrumentos. Sin embargo, los actores del elenco estable de la CNT,  Farnesio de Bernal, Julieta Egurrola, Rosenda Monteros, Angelina Peláez, Luisa Huertas, Juan Carlos Remolina, Erika de la Llave, Roberto Soto y Patricia Madrid, así como el actor invitado David Lynn, están inmensamente desaprovechados por una dirección actoral que no toma riesgos y que desdobla y desdibuja personajes innecesariamente.

La obra retrata un sincretismo muy mexicano que raya en lo absurdo. En un inframundo donde los guardianes, lancheros y cancerberos son en su mayoría deidades prehispánicas, el primer nivel está dedicado a las almas no bautizadas en la religión católica. Aquí Virgilio es Sor Juana Inés de la Cruz, el alma de Malitzin está purgando el pecado de lujuria y Díaz Ordaz trata de treparse al bote en el que el protagonista cruza uno de los ríos de los muertos.

El viaje al infierno es largo y duro, sí, como su director Luis de Tavira advierte. Pero por todas las razones equivocadas. Toda la obra está permeada, como es de esperarse, de una fuerte ideología religiosa –aunque muchas veces anticlerical– compartida tanto por De Tavira como por Leñero, y nunca pierde cierto tufillo didáctico y adoctrinador.

La estructura repetitiva de “La Divina Comedia” parece volverse más densa conforme el tiempo transcurre dentro de la sala, frente a actores casi inmóviles que hacen su mejor esfuerzo por mantener la concentración del espectador.

Tavira afirma que “el poema escrito por Leñero es un lamento sarcástico, divertido, contundente y concreto de la actualidad mexicana”, pero su dirección da al traste con la mayor parte del humor que intenta manejar Leñero. Dice que desea provocar risa o miedo en el público, pero “El Infierno” no produce ninguno de esos efectos. Algo salió mal aquí.

El texto de Leñero podría servir como base para realizar un montaje de cabaret desternillante, pero el director se ha empecinado en tratar de asustarnos. Sin embargo, ante un público que está acostumbrado a leer noticias de cuerpos deshechos en tambos de ácido, los lagos sulfurosos desde donde nos gritonean los personajes de Leñero no nos producen más que bostezos. La obra, escrita hace 25 años, se siente añeja a pesar del intento de actualizarla.

Alguien no entendió el tono. Quizás Tavira, quizás Leñero, quizás nosotros. No es éste un pecado muy grande, sin embargo, y nosotros lo habremos purgado ya acompañando a los actores por el descenso a los infiernos. Leñero lo estará pagando con su homenaje, una lectura dramatizada que debería anunciarse en el teatro con un cartel que dijera: “Quien entra aquí, renuncie para siempre a la esperanza: Es otra obra más de Tavira y su Compañía Nacional”.

“El Infierno, una lectura a 11 voces”, se presenta en el Teatro El Granero Xavier Rojas del 30 de junio al 23 de julio, con funciones de lunes a jueves, a las 20:00 horas.