Terminator: Génesis, ¿skynet y el libre albedrío?

Terminator: Génesis, en cines.

MÉXICO, D.F. (apro).- Lo único bueno que deja Terminator: Génesis (Terminator: Genesys, EU-2015) es una bonita sensación de cierre: ojalá que ya no revivan la franquicia, porque no se ve que dé para más y porque ya fue suficiente de tanto Terminator.

La película es una mezcla de 12 monos con Volver al futuro y el Efecto mariposa, con un toque de Star Trek: El primer contacto; los resultados son deficientes.

Todo comienza con la introducción del personaje principal, Kyle Reese, al principio un niño que vaga por la devastación de un mundo dominado por las máquinas, quien termina siendo rescatado por el líder de la resistencia, el mítico John Connor (Jason Clarke).

Acto seguido, vemos a John Connor revelar sus planes de darle el golpe final a Skynet a través de dos ofensivas, las cuales tienen que ser eficaces, pues éste tiene un arma “secreta” que usará en caso de emergencia.

Las ofensivas tienen éxito, pero aun así, Skynet tiene tiempo de activar su arma secreta: Un portal capaz de transportar humanos y terminators a través del tiempo; como ha ocurrido en todas las cintas de la saga excepto en la cuarta entrega.

En fin, como ocurrió en la primera entrega, Skynet manda un terminator para matar a Sarah Connor (Emilia Clarke), la madre de John. Para contrarrestar esto, John manda a Kyle (Jai Courtney), ahora un adulto, para proteger a su madre.

El problema es que cuando Kyle llega es recibido por un terminator de metal líquido (que él ni siquiera sabía que existían) y Sarah Connor no es la mujer frágil que se supone debía ser, y además, tiene a un terminator de guardaespaldas (Arnold Schwarzenegger).

Si uno ha visto las cintas anteriores, el comienzo consigue atraparnos en su halo de misterio… pero conforme la cinta avanza, aparecen nuevos misterios que van enredando la trama más y más sin entregarnos respuestas convincentes, y peor aún, mensajes trillados y lógicamente mal construidos acerca del destino vs el libre albedrío.

El resultado: uno deja de tomar en serio las convenciones de la cinta y deja a un lado la verosimilitud sólo para poder terminar de pasar un rato agradable con el recuerdo de Schwarzenegger como héroe de acción.

Cuando todo acaba, uno agradece porque lo más probable es que no volvamos a ver de nuevo a un terminator, pero como esto es Hollywood, nunca se sabe; en aras de dinero seguro encuentran la forma de hacer sobrevivir la franquicia.