Optimismo desbordado

Cuando la Comisión Nacional del Agua le entregó a Aristóteles Sandoval el título de concesión para el aprovechamiento del agua del río Verde, el gobernador, en un arranque de optimismo, declaró que la dotación del líquido para la zona metropolitana está garantizada. Sin embargo, el presidente del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua, Juan Guillermo Márquez, se pregunta de dónde va a salir el agua, pues 90% del caudal de ese afluente proviene de las lluvias.

El título de concesión entregado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) al gobierno de Aristóteles Sandoval Díaz el lunes 11 para el aprovechamiento del río Verde es sólo un “papel de relumbrón”, afirma el ingeniero Juan Guillermo Márquez, presidente del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua.

Según el especialista, el caudal de ese afluente es insuficiente para abastecer a la zona metropolitana de Guadalajara como pretende hacer creer el mandatario, pues 90% de sus aguas provienen de las lluvias.

Y se pregunta: “¿Por qué tanto optimismo? Así le den una concesión de 20 metros cúbicos al gobierno, el problema es de dónde va a salir el agua”. E insiste: “El propio decreto de reserva menciona que alrededor de 90% del agua del río Verde es ‘torrentera’”.

Hace 10 años, durante el gobierno del panista Francisco Ramírez Acuña, el entonces director de la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento (CEAS), Enrique Dau Flores, admitió que el río Verde no tenía el volumen necesario para dotar de agua a la zona metropolitana de Guadalajara, dice Márquez. Lo curioso es que el mismo Dau Flores, quien es consejero del Sandoval Díaz, ahora diga que sí la tiene.

Es como tener una botella de un litro y decirle a la gente que en el mismo frasco caben 200 mililitros más que van a repartirse entre la ciudadanía, comenta al reportero.

Y advierte: “Las propias publicaciones de la Conagua aluden a la disminución del líquido de Aguascalientes hacia Jalisco. Eso significa que Zacatecas y Guanajuato están reteniendo mucha agua de la cuenca (del río Verde). Eso hace pensar en una disminución importante en el caudal”.

Pese a esta situación, el lunes 11 el gobierno del estado difundió un boletín de prensa para informar que Sandoval Díaz y el titular de la Conagua, Roberto Ramírez de la Parra, suscribieron el título de concesión durante una gira por la zona donde se construye la presa El Purgatorio, en la cuenca del río Verde.

Sandoval Díaz y Ramírez de la Parra hablaron de futuros proyectos para incrementar las coberturas de los servicios de agua potable, destaca el comunicado. El gobierno también distribuyó una fotografía en la que aparecen ambos funcionarios estrechándose la mano y mostrando el documento.

De acuerdo con el título de concesión, la Comisión Estatal del Agua Jalisco (CEA) podrá extraer un volumen de 5.6 metros cúbicos por segundo (5 mil 600 litros por segundo) de agua de la cuenca baja del río Verde, en el municipio de Zapotlanejo, para abastecer de agua a la zona metropolitana de Guadalajara, mediante el sistema de bombeo en la presa El Purgatorio, cuando ésta empiece a operar.

Dos días después, el miércoles 13, el alcalde de Guadalajara,  Enrique Alfaro Ramírez, asistió a la sesión ordinaria del Observatorio Ciudadano del Agua y ahí se manifestó contra la construcción de la presa El Zapotillo.

“Queremos resolver el agua para la ciudad, pero no estamos de acuerdo en el engaño que ha sido esta presa y todo el proyecto en torno a ella. Personalmente le expresé mi opinión al gobernador, y tenemos que hacer un frente común en ese sentido”, expuso Alfaro.

Márquez, quien también preside el Consejo Regional para el Desarrollo de la Educación y Sustentabilidad (Conredes), manifiesta que ya han hecho análisis del comportamiento de la cuenca del río Verde y de todas las presas que se encuentran a lo largo de este cauce, como la Plutarco Elías Calles, en Aguascalientes; la de Cuarenta, que está entre Lagos de Moreno y Ojuelos, y la Elías González Chávez –conocida también como La Zurda-Calderón–, que se encuentra entre los municipios de Tepatitlán y Zapotlanejo.

Ninguna ha logrado llenarse 100%. Por lo tanto, dice Márquez, es previsible un fracaso de la presa El Zapotillo, cuya cortina –según los últimos reportes de pobladores de Temacapulín– tiene una altura de 80 metros.

Con respecto a la de Cuarenta, construida hace 50 años, sólo ha aportado 30% del agua para riego. En esa misma cuenca, entre Tepatitlán y Zapotlanejo, en un lugar más favorable en cuanto a precipitación pluvial, está La Zurda.

Esta represa, que abastece al área metropolitana, fue diseñada para  aportar tres metros cúbicos por segundo, pero no es así, dice. Según los reportes del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), sólo envía medio metro cúbico.

“Ese es un reflejo de que esa cuenca está sobreestimada; ese proyecto está fincado en cuentas alegres”, reitera Márquez.

Lo delicado del asunto es que aun cuando la cuenca del río Verde no tiene el volumen suficiente para llenar la presa El Zapotillo, la constructora que lleva a cabo el embalse –la firma española Abengoa– cobrará por igual el contrato de edificación que firmó con la Conagua, aunque no contempla responsabilidad o sanción en caso de incumplimiento por parte de esa firma (Proceso Jalisco 538).

“A Abengoa la contratan para hacer un negocio y la responsabilidad de garantizar si las reservas de agua son suficientes o no, no es de ella. Lo que sí menciona el título de concesión en una cláusula es que si no puede prestar el servicio por causas ajenas, habrá que pagarle”, subraya.

Abengoa está a punto de irse a la quiebra al enfrentar al mayor número de acreedores de la historia empresarial española. Su deuda financiera alcanza casi 9 mil millones de euros.

Juan Guillermo Márquez señala que la escasez de agua en la cuenca del río Verde no es el único problema, sino que la entrega del título de concesión va a acelerar un conflicto con los productores agropecuarios de Los Altos de Jalisco, pues se están quedando sin agua. Desde hace al menos seis décadas, dice, se les impuso una veda que les impide utilizar las aguas superficiales.

Según Márquez, va a crecer la presión para que la gente no tome agua superficial para su consumo y para la producción, porque toda tendrá que dejarse escurrir hacia el río Verde. Además, hay otra contradicción: hace un par de años la Conagua declaró sobreexplotada la mayoría de la zona de acuíferos en Los Altos.

Hoy, agrega, alrededor de tres cuartas partes de agua que se consume en esa región proviene de mantos subterráneos. Por lo tanto, una solución lógica es volver a infiltrar el líquido con técnicas artificiales. Sin embargo, eso no será posible porque una de las condiciones de lo que ofreció la Conagua para hacer atractivo el trasvase de agua hacia la ciudad de León, Guanajuato, es que no otorgará más concesiones del volumen reservado.

“Hemos documentado lugares que han dejado de producir; algunos establos cerraron incluso por falta de agua”. ¿Qué va a pasar, cuando 80% de los pequeños y medianos productores generan alrededor de 20% de la producción?, se pregunta. Están muy pulverizados; no tienen la fuerza económica ni política como los grandes y,  para colmo, les están quitando los títulos de concesión.

Recuerda que los productores alteños aportan aproximadamente un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) del estado y un quinto de la proteína animal que consume el país, por lo que es probable que la escasez de agua propicie un colapso económico en el campo y un impacto en la disponibilidad de alimentos.

“Algunos decíamos en broma que junto con el título de concesión de agua que se le dio al gobierno del estado, deberían entregarle un decreto divino que garantice que va a llover lo suficiente para que haya esa agua”, ironiza Márquez.

Subraya que la construcción de El Zapotillo es un negocio redondo para la constructora y los industriales de León. En el proyecto del embalse se les otorgan 120 millones de metros cúbicos de agua potable, y ellos sólo están comprometidos a devolver a Jalisco 84 millones de metros cúbicos, pero no de agua purificada, sino del líquido que arrojan al río turbio. Es muy probable que el grado de contaminación sea elevado.

“Que nos llegue más agua envenenada (con metales pesados) no es ningún beneficio –dice–. ¿Acaso eso le conviene a Jalisco? ¿A su área metropolitana? En un escenario de sequía, ¿qué va a pasar? Guanajuato siempre ha controlado el agua que llega a Chapala por el río Lerma.”

En su edición del 10 de septiembre último, el diario Milenio Jalisco informó que aun cuando el gobierno estatal prevé utilizar el agua del río Verde no cuenta con un estudio técnico sobre la factibilidad de agua en esa cuenca: por eso contrató a la Oficina de Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS, por sus siglas en inglés) para que lo haga.

Ese día, Sandoval Díaz anunció la firma de un addendum con la UNOPS para valorar la rentabilidad de obras hidráulicas en la cuenca del río Verde, una de las cuales es la presa El Zapotillo.

Para tomar esa medida no se consultó a los expertos del Observatorio Ciudadano para la Gestión Integral del Agua, aun cuando ellos habían hecho recomendaciones en la materia.

Según Márquez, el estudio que elaborarán la UNOPS y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) costará aproximadamente 4.6 millones de dólares y ayudará a eliminar los
conflictos ambientales y la desconfianza de las comunidades que resultarán afectadas (Proceso Jalisco 567).  l