En medio de la violencia, los laguenses piden paz y seguridad

La segunda quincena de febrero hubo un rebrote de violencia en Lagos de Moreno, lo que obligó a las autoridades a reforzar la vigilancia. Eso le dio confianza a representantes de la diócesis y ciudadanos laguenses para salir a las calles a demandar paz y seguridad para la ciudad. Sin embargo, Roberto Castelán Rueda, director de la Preparatoria Regional que fue golpeado el pasado 19 de febrero por un presunto narcomenudista, comenta a Proceso Jalisco que las autoridades municipales han sido rebasadas por las bandas criminales.

LAGOS DE MORENO.– Luego de los 14 asesinatos registrados en las dos últimas semanas en este municipio –incluidos siete sicarios abatidos por elementos de la Fuerza Única Regional–, representantes de la Iglesia católica y de la sociedad laguense elevaron su voz para demandar a las autoridades poner fin a la violencia y las extorsiones de la delincuencia organizada.

El pasado 28 de febrero, alrededor de 50 integrantes de la Diócesis de San Juan de Los Lagos y grupos como el Movimiento Familiar Cristiano y la organización civil Es Posible salieron a las calles a demandar la paz. En la jornada participaron alrededor de mil personas y concluyó con un concierto y una misa en la Rinconada de Las Capuchinas, donde el padre Rafael Domínguez García pronunció una encendida homilía.

“¿Alguien sabe lo qué está pasando (en Lagos)? La respuesta no es tan simple: uno de los desafíos de nuestro tiempo moderno es la paz. Lo hemos experimentado en los últimos años y meses, y con mucha mayor fuerza en nuestro municipio de Lagos de Moreno. Muchas personas, familias y comunidades se han visto afectadas por la inseguridad y la violencia, robos, balaceras, extorsiones, secuestros, desapariciones y asesinatos”, dijo el religioso.

También habló de los daños que causan los criminales ante la negligencia de las autoridades: “Se respira un ambiente viciado de conflictos sociales, de crimen organizado, de lucha de cárteles, narcomenudeo; todo este ambiente ha ido generando un estado de incertidumbre e intranquilidad en las calles, barrios, colonias y comunidades de este bello municipio”.

La incertidumbre que viven los laguenses, insistió Domínguez García, trajo como resultado “una sociedad temerosa, descontenta y confundida que condena y señala culpables; pero no despierta, ni participa. En pocas palabras, hablamos mucho y hacemos muy poco… Sin acciones, aunque sean sencillas, como esta marcha, no vamos a cambiar nuestra realidad”.

Y llamó a la población y a las autoridades a dejar de fingir que no pasa nada: “Urge a todos salir de nuestro confort y buscar una solución a los conflictos de nuestro municipio; todos tenemos una responsabilidad aunque en distintos niveles y en distintos grados.

“Los líderes tienen una responsabilidad de un grado más alto: los maestros, autoridades, sacerdotes, padres de familia… los jóvenes, los niños y los adultos, todos tenemos una responsabilidad”. Al final, exhortó a los pobladores a dejar de lado el miedo, la indiferencia, la desorganización y la apatía.

Las protestas

Los manifestantes aseguran que salieron a las calles a expresar su descontento luego de que se redobló la vigilancia y el patrullaje de la Fuerza Única Regional, en el que también participan elementos del Ejército y de la Policía Federal.

Días antes, a finales de enero, habían programado una marcha, pero decidieron suspenderla ante los mensajes intimidatorios de presuntos criminales que los amenazaron con “tronar” cualquier protesta en el municipio.

No obstante, la mayoría de los laguenses aún están temerosos y se niegan a hablar sobre la inseguridad. Quienes sí lo aceptaron, pidieron omitir sus nombres.

La propietaria de una farmacia, por ejemplo, asegura que los habitantes se refugian en sus domicilios desde las ocho de la noche para evitar quedar en medio de un enfrentamiento entre los delincuentes y las fuerzas de seguridad.

“Por las noches ya no se escuchan las risas de los niños en las calles. Hoy –comenta–, sus padres les prohíben salir de sus casas por la noche. La gente vive intranquila y con miedo.”

Vecinos de la presa de La Sauceda, rumbo a la comunidad de Comanja de Corona, comentaron sobre la balacera del 24 de febrero entre presuntos delincuentes y elementos de la Fuerza Única. Uno de ellos comenta: “Lo ideal es convencer a la gente para que pierda el miedo y venga a visitarnos. El Ejército sí nos visita; la Fuerza Única también, pero no han agarrado a nadie”.

Por su parte, el titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Eduardo Almaguer Ramírez, asegura que las agresiones contra los cuerpos de seguridad en Lagos de Moreno son una reacción de los grupos criminales que en los últimos días de febrero sufrieron siete bajas; además, dijo, elementos de la Fuerza Única Regional desmantelaron un campo de entrenamiento de presuntos integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Ola criminal

Roberto Castelán Rueda, director de la Preparatoria Regional, quien el pasado 19 de febrero recibió amenazas de muerte y fue golpeado por el presunto narcomenudista de la zona, Luis Pablo Ledesma Pérez, El Borolas, comenta a Proceso Jalisco que las autoridades de Lagos están rebasadas.

El académico considera que el incidente con El Borolas es menor frente el clima de inseguridad que vivió el municipio la última quincena del mes pasado.

El 15 de febrero apareció un encajuelado en el centro de la ciudad; el día 16 una mujer de 26 años fue asesinada en presencia de sus hijos: uno de medio año, otro de tres y uno de seis; el 17 un hombre con ropas de mujer fue asesinado en el centro comercial de Lagos de Moreno; el 18 murieron cuatro personas en un enfrentamiento; el 19 Castelán fue agredido.

Luego vino el fin de semana en el que no hubo ningún incidente, pues “son los días del Señor”, dice Castelán. Pero el lunes siguiente –el 29 de febrero– hubo tres muertes en un enfrentamiento y una más al día siguiente.

A partir de la agresión a Castelán, la Policía Municipal intensificó la vigilancia en las inmediaciones de la Preparatoria Regional; la institución también lo hizo.

Con respecto al Borolas, quien lo amenazó de muerte, Castelán asegura que solía vender mariguana a los alumnos del centro universitario. Una vez, dice, le habló a la policía, pero los uniformados sólo detuvieron a varios consumidores, pues El Borolas se fue.

Sin embargo, 10 minutos después regresó en su camioneta. Llevaba su bolsa de plástico llena de droga. “Para mí, dice, fue un acto de cinismo… Es como decir aquí estoy y no pasa nada. Es un acto de jóvenes echados para adelante (en la delincuencia)”.

La actuación del titular de la Policía Municipal, Javier López Ruelas, es tibia, asegura Castelán, y menciona una grabación en la que el funcionario admitió haber recibido llamadas anónimas sobre la presencia de hombres armados, pero se abstuvo de enviar a los policías porque, dijo a los reporteros, “la vida de un policía es muy valiosa”.

“Claro que (López Ruelas) tiene razón –añade Castelán–. La vida de un policía es muy valiosa; así como la mía y la de cualquier ser humano. Pero si yo traigo un uniforme, un arma y juré proteger a mis ciudadanos, tengo dos opciones: o hacerlo bien (mi trabajo) o decir ‘muchas gracias, señor’.”

Según Castelán, el municipio está sumido en la violencia desde 2008, aunque las cosas se agudizaron a principios de 2013, con el levantón y asesinato de siete muchachos que aparentemente habían robado cocaína a un delincuente.

“Pero yo digo, ¿cómo es que un jefe de grupo (de la mafia) anda con su carro y una maleta llena de cocaína? Pues eso se logra sólo por la impunidad, sencillamente él sabe que no le va a pasar nada (si lo agarran)”, comenta.

–El gobernador Aristóteles Sandoval dice que no permitirá que se roben la tranquilidad y la paz en ninguna ciudad de Jalisco. ¿Qué opina?

–Yo creo que ya lo permitió, pues la paz y la tranquilidad están muy alteradas.

–¿Sabe usted el número de desaparecidos en Lagos de Moreno?

–Han de ser 29 o 39, muchos son casos no reconocidos. La periodista Dalia Souza conduce el programa radiofónico Hasta Encontrarlos, al que acude mucha gente a presentar su caso.

“A mí me tocó también el caso de una jovencita que (los maleantes) contactaron a través de Facebook y la estuvieron trabajando durante más de siete meses. La niña se fue a Morelos (con uno de ellos). El primer día abusaron de ella, según me platicó… Pudimos rescatarla a pesar de que su papá decía que no quería saber nada de ella.

“La mamá fue (a Morelos), se la trajo y (ella le dijo) que desde el primer día la habían prostituido. Tenía 15 años. Yo hablé con los papás para que presentaran la denuncia. Y aunque identificamos el hotel (donde la tuvieron) en un pueblo de Morelos, así como el esquema de operación, no se ha hecho nada (para sancionar a los responsables).”

Violencia en la ZMG

El 29 de febrero fueron acribillados el comandante Ricardo Rivera Dorado y su esposa, Blanca Celia Hernández Sámano, quien trabajaba en la Comisaría de Reinserción de la Fiscalía General del Estado.

Sus agresores les dispararon desde dos vehículos en marcha cuando circulaban en su auto por las calles Puerto Ángel y Puerto Altata, en el sector Libertad de Guadalajara. El hijo de la pareja, quien viajaba en la parte trasera, sólo sufrió heridas leves, según reportaron los paramédicos que lo atendieron.

Los peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF) recuperaron más de 30 casquillos de fusiles AR15 y AK47. Al día siguiente, el fiscal Eduardo Almaguer Ramírez le rindió un homenaje a la pareja. Declaró que Rivera Dorado investigaba el narcomenudeo y robo de combustible en las zonas; sus compañeros dijeron que el comandante era uno de los primeros policías egresados de la licenciatura en Seguridad Pública en Jalisco.

Unos días antes, el 24 de febrero, Francisco Javier Alejo Rodríguez, subdirector operativo de la Policía de San Pedro Tlaquepaque y sus dos escoltas, Daniel Ríos Chávez y José de Jesús Centeno, también fueron balaceados cuando viajaban a bordo de la patrulla TP 1703, en Avenida Revolución.

En el lugar del crimen peritos del IJCF aseguraron cerca de un centenar de casquillos percutidos de .9 milímetros. Después de ese hecho, por la noche renunciaron a sus cargos el director de la Policía de San Pedro Tlaquepaque, Martín Maldonado, y el operativo Gregorio Martínez.

Luego del asesinato de los elementos municipales y de la fiscalía general, Almaguer Ramírez aseguró que se trata de una reacción del hampa; advirtió que los culpables pagarán por esos crímenes, y que se recuperará la paz en Jalisco. l