Activismo gráfico

Ligado a las luchas sociales del país, el grabado tiene una rica historia. Y aunque las instituciones lo hayan abandonado con los años, al menos en Guadalajara existen honrosos exponentes que siguen aportando conocimiento a los nuevos artistas y medios de expresión a la comunidad. Uno de esos grabadores es Miguel Méndez.

Miguel Méndez Bernal ha hecho del grabado sobre el papel un trabajo excepcional, y para conmemorarlo el jueves 17 de marzo presentará en la librería del Fondo de Cultura Económica el catálogo Miguel Méndez. Obra gráfica.

En la introducción, Gustavo García Hernández resalta el carácter iconográfico religioso que distinguió al arte del grabado durante poco más de cinco siglos, para convertirse después en una útil herramienta informativa y objeto estético de colección.

En Jalisco, apunta García Hernández, el uso del grabado se remonta a la aparición del periódico El Despertador Americano para difundir las ideas que impulsaron la Independencia de México; esa publicación se imprimió en la Casa de los Perros (hoy Museo del Periodismo y las Artes Gráficas), en el centro de Guadalajara.

“Prácticamente llegó a México con Bernardo de Balbuena por una encomienda del rey de España con fines obviamente religiosos hace unos 500 años y todavía no era considerado un arte en sí”, comenta García Hernández.

Del taller al espacio público

Méndez Bernal es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Comenzó a trabajar en el taller–galería Ajolote, de Ramón Vázquez, en unos cursos que impartía el artista plástico Gabriel Mariscal en 1995.

Dice que la idea de crear un catálogo es divulgar el movimiento artístico que existe en Guadalajara y tiene planes para presentarlo en la ciudad estadunidense de San Diego, California, el próximo mes.

Sobre su estilo menciona que ha desarrollado una técnica más libre y rápida porque no tiene una formación académica en dibujo. “Yo creo que parte de no tener esa formación académica de dibujo me permite ser más libre, menos comprometido con cierta técnica, pero al final del camino, de donde vengas, tienes que entender tu pulso, cómo se mueve tu mano, en dónde eres tosco y en dónde más ágil, si dibujas con rayas rectas o con curvas.

“Eso lo vas aprendiendo de ti mismo. Como yo tengo mucho tiempo para dibujar, aprendí a resolver muy rápido lo que veo y ya cuando me meto a estudiar un poco de teoría, pues soy de esa corriente, el chiste no es que se pare alguien media hora para dibujarlo, sino dibujar a alguien cayendo del cuarto piso: cáptalo.”

Relata que alguna vez intentó trabajar de forma aislada, pero se dio cuenta de que el grabado es un trabajo que requiere forzosamente de las herramientas de un taller, por lo que regresó a la galería de Ramón Vázquez. Actualmente colabora con Herculano Álvarez, con quien ha hecho grabados en superficies de madera, linóleo y monotipia, y lleva a cabo talleres para formar en el oficio a nuevas generaciones.

Comenta que no son talleres formales, sino que convocaban a las personas en la galería Ajolote y ahí se ponían a trabajar. Después, con el concepto de activismo gráfico, los hicieron itinerantes y han realizado algunos en espacios públicos como la playa de San Pancho, Nayarit, y la ribera del Lago de Chapala, en el municipio de Ajijic.

“Convocamos a artistas, llegan niños. A cualquier gente que se le quede viendo más de un ratito (le decimos) ‘ponte a trabajar’. Ese taller lo montamos Herculano, Miguel Ángel y yo”, relata.

Méndez Bernal indica que con eso buscan propiciar la reflexión de los agentes sociales, como aquella Semana Santa de 2014 que llevaron su tórculo de prensa para estampar grabados a la playa de Las Minitas, Nayarit, y se encontraron con la sorpresa de que el espacio estaba cerrado para los nativos.

“Platicamos el tema, fue un espectáculo para todos los que llegamos en Semana Santa y había gente del lugar, la visitaba por años y se sentía nostálgica. Recuperamos un poco esos temas. Algunos ya no regresaron a esa playa”, recuerda.

Producto de esa experiencia es una litografía titulada Playa pública, elaborada con técnica de aguafuerte y aguatinta en 10×8 centímetros, que refleja el sentir de la gente por la pérdida de un espacio colectivo.

Arte único

García Hernández define al grabado como una impresión en una superficie plana, regularmente papel, que tiene su expresión más genuina en la monotipia, el aguafuerte y la xilografía. Comenta que uno de los primeros impulsores de la producción gráfica en Guadalajara fue Carlos Orozco Romero en la década de los veinte, y posteriormente Antonio Trejo, quien se incorporó a la Escuela de Artes Plásticas para impartir clases de grabado.

El escritor precisa que la elaboración de una obra gráfica es el resultado del trabajo conjunto entre el artista y el maestro grabador, pues “este último es quien sugiere el modo de grabar –en ocasiones– y técnicamente dirige el proceso de producción, el tiempo del atacado del ácido para lograr los tonos oscuros, la profundidad de las líneas del aguafuerte y la intensidad del bruñido para matizar los tonos claros; es quien sugiere el uso del aguatinta, la mezzotinta o el trabajo a la manera negra, los valores de grises y quien provee herramientas como la punta, el raedor, la ruleta, la cuña y el bruñil, así como la prensa, llamada también tórculo”.

Resalta que la Universidad de Guadalajara ha descuidado el taller de grabado que se encuentra en la Escuela de Artes Plásticas, al punto de que los alumnos llevan su propio material.

No obstante, aclara, la presencia del grabado en Guadalajara ha cobrado relevancia con un conjunto de talleres de buena calidad, como los de Cornelio García y Penélope Downes, Pilar y Carmen Bordes, Guacha Bato con Sergio Ruiz, La Ruleta de Herculano Álvarez y José Gutiérrez, el Taller Gráfica Contemporánea de Alejandro Camacho, La Malagua en Puerto Vallarta con Fernando Sánchez, y La Torre de los Grillos, integrado por Juan Carlos Macías, Cornelio García, Lula, Sergio Garval, Luis Valsoto, Carmen Bordes, Fernando Sandoval, Humberto Vaca y María Frederic Dupré.

Añade que desde la década de los ochenta no existe un registro sistematizado de los talleres de grabado en la ciudad, y hasta ahora el único texto que se conoce al respecto lo publicó la Secretaría de Cultura de Jalisco. Se trata de Los talleres de la Gráfica-Jalisco, del crítico de arte Javier Ramírez, en el cual expone que “posiblemente en Guadalajara la práctica del grabado y la litografía tuvo lugar a la llegada de la imprenta en 1792”.

Sobre su trayectoria, Méndez Bernal señala que al principio le fue un poco difícil abrirse campo en el arte del grabado, pero hoy comparte mesa con otros artistas de la talla de Martha Pacheco, Miguel Ángel López, Luis Valsoto y Carmen Bordes, con quien tiene en puerta un nuevo proyecto.

“El grabado es una de las formas más logradas de dibujo. El lápiz, la pluma y la tinta china no logran esa calidad para apreciar un dibujo. Visualmente tiene mucho valor, permite lograr sensaciones propias del grabado: no hay otra manera de llegar a eso, tiene su área de especialidad”, concluye el artista. l