La UdeG, ahogada por el autoritarismo

Profesores ligados al Colectivo de Reflexión Universitaria (CRU) se quejan del férreo control impuesto por el Grupo Universidad en las instalaciones de la Universidad de Guadalajara, lo que impide a los docentes ejercer su trabajo en condiciones óptimas.

Ese grupo, controlado por el exrector Raúl Padilla López, desactiva todo intento de organización social e interacción entre maestros, trabajadores y alumnos, sostiene el profesor Darío Flores Soria, quien imparte las materias de antropología y filosofía en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

Los alumnos no conviven con sus compañeros durante su periodo de formación. Eso les impide saber, por ejemplo, cuando alguno de ellos deserta, adelanta materias o pide un permiso; simplemente dejan de verlo, dice Flores Soria, quien tiene una maestría en historia.

También habla del elevado número de rechazados en bachillerato y licenciatura –más de 50%–, según informan los medios de comunicación cada ciclo escolar. Le preo­cupa que las autoridades no hagan nada para resolver este fenómeno, del que sólo se preocupan unos pocos, pese a la importancia que tiene para la sociedad.

Recuerda que en 1992 presentó ante una comisión colectiva de servicios universitarios una propuesta para frenar la deserción escolar, que incluía la instalación de comedores para los estudiantes de escasos recursos. Lo hizo porque, entre otras cosas, detectó que varios de sus alumnos iban a sus clases sin haber probado alimento, lo que les dificultaba el aprendizaje.

Pero el alimenticio no es el único problema de los estudiantes del CUCSH. También está el de su biblioteca, donde faltan libros imprescindibles para una formación crítica, como La charola. Una historia de los servicios de inteligencia en México, del investigador jalisciense Sergio Aguayo Quezada, en el que relata los excesos de la extinta Dirección Federal de Seguridad, así como los orígenes de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) y su maridaje con las altas esferas del poder político.

En un capítulo, el autor señala que cuando Raúl Padilla López llegó a la rectoría de la UdeG desterró del campus a la FEG –de la que antes fue dirigente– y le cortó de tajo el presupuesto. El entonces presidente Carlos Salinas de Gortari lo apoyó, escribió Aguayo Quezada.

Flores Soria comenta al reportero que si bien La charola no incluye toda la historia de la UdeG, sí devela aspectos muy sustanciales de quienes ejercen en ella un autoritarismo de tipo fascista. En las instalaciones universitarias, dice el académico, es imposible quejarse por las anomalías cotidianas.

Esa situación ha desalentado a muchos docentes, insiste. Algunos incluso decidieron no ampararse cuando intentaron quitarles el Seguro Social ni crear un fideicomiso de pensiones para defenderse. El asunto es delicado, indica el entrevistado, sobre todo para quienes están a punto de jubilarse; la mayoría no saben con cuánto van a retirarse. La universidad tampoco está propiciando la renovación de profesores de excelencia.

Al principio, cuenta, él y otros compañeros contrataron un abogado para que los asesorara, pero los traicionó. Sobreseyó el caso y, en lugar de un amparo, metió una protesta… seis meses después, subraya Flores Soria.

Y añade: “Queremos saber si el Seguro Social lo están desmantelando o lo están cambiando a una nueva forma totalmente desventajosa para el derechohabiente, cómo va a brindar la universidad a sus trabajadores servicios de salud, eso es algo que las autoridades tendrían que contemplar”.

Le preocupa también que los docentes paguen una cuota por un seguro de vida y desconozcan sus cláusulas, a pesar de que las han solicitado a través de la Ley de Transparencia.

El foro

El profesor Flores Soria participó en el foro Autoritarismo y transparencia universitaria en Jalisco, realizado el jueves 3 en el auditorio del Museo Regional de Jalisco. Si bien el evento se difundió ampliamente en redes sociales, ningún medio de comunicación le dio cobertura.

Entre los participantes estuvieron Ignacio Mancilla Torres, quien en enero de 2013 se postuló “simbólicamente” a la rectoría general de la UdeG, pues nunca se registró formalmente; el sociólogo Rodolfo Morán; Juan José Doñán, cronista tapatío y profesor de la Escuela de Artes Plásticas, así como los periodistas Jonathan Ávila y Pedro Mellado.

Mellado, quien ha dado seguimiento a las actividades de Padilla López en sus columnas del diario Mural, destaca que la UdeG le ha dado preferencia a las obras “faraónicas” del exrector, por encima de la infraestructura académica.

El 23 de marzo de 2006, según él, el entonces rector Trinidad Padilla López, hermano de Raúl, dio el banderazo de la nueva sede del CUCSH en los terrenos de Periférico Norte y Parres Arias, colindantes con el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA).

Habló de una inversión de 600 millones de pesos y adelantó que la obra constaría de seis módulos y estaría lista a finales de 2011, pero no cumplió. Hoy sólo existen dos módulos. Y, lo peor, siguen fluyendo recursos públicos para el Centro Cultural Universitario (CCU), el “mausoleo faraónico que perpetuará la memoria del cacique que controla la UdeG desde hace 27 años”, insiste Mellado.

Según él, cuando se decidió la mudanza del CUCSH, se asignaron 50 millones de pesos al proyecto. Los fondos se tomaron de los 270 millones que recibió la UdeG en forma extraordinaria como parte del crédito de infraestructura y seguridad que por mil 300 millones contrató la administración de Emilio González Márquez.

Lo increíble es que de esa misma partida se le asignaron 130 millones de pesos al Conjunto de Artes Escénicas, que forma parte del CCU en Belenes, puntualiza el periodista.

Asegura que no fue la única ocasión en que las obras de Padilla López se adelantaron a la infraestructura académica, pues el Auditorio Telmex –construido entre 2004 y 2007 a un costo de 500 millones de pesos– se inauguró primero que las instalaciones académicas.

Ahora, comenta, el despropósito más reciente ocurrió el 15 de diciembre de 2015, cuando el Congreso local hizo una reasignación en el presupuesto de egresos correspondientes a 2016 por 473 millones de pesos, de los cuales se etiquetaron 40 millones para continuar las obras del CUCSH y 90 para el CCU.

Mellado reitera: “La UdeG es manejada de manera personalísima, discrecional y patrimonialista por un cacique que durante los últimos 27 años se ha impuesto a la comunidad, por supuesto con la complicidad de las autoridades federales y estatales.

“Habría razones suficientes para poner la luz en los rincones más ocultos de la universidad, como para fincarle responsabilidades al funcionario que fuera si hubiese una intención sincera del gobierno federal o del gobierno estatal.”

Para tener el control político en la UdeG, Padilla López ha impuesto a los últimos cinco rectores: Víctor Manuel González Romero, José Trinidad Padilla, Carlos Briseño Torres, Marco Antonio Cortés Guardado e Itzcóatl Tonatiuh Bravo Padilla. Además, tiene piezas clave en el PRD, PRI y PVEM.

Gente como Celia Fausto Lizaola, Raúl Vargas, Samuel Romero Valle, Gabino Berumen, su hermano José Trinidad Padilla, su primo Leobardo Alcalá, el exdirigente académico Jaime Prieto y el actual líder del Sindicato de Trabajadores Académicos de la UdeG, Enrique González Velázquez, se han encargado de proteger los intereses personales del exrector, señala Mellado.

“Todos ellos –comenta– trabajan o han trabajado en la UdeG; todos han sido plurinominales en el Congreso y ‘plurinominales’ porque cobran en varias nóminas.”

Destaca que, “para fortuna de los ciudadanos”, todos los candidatos del exrector perdieron en los comicios del 7 de junio de 2015; no les alcanzó la votación ni para entrar por repechaje.

Y cita los casos de su hermano Trinidad Padilla López, quien se postuló por el PRI para la diputación federal por el distrito 13; Abril Alcalá Padilla (su prima hermana), quien compitió por el distrito 6 de Zapopan por la alianza PRI-PVEM, y Natalia Juárez Miranda, postulada por el PRD para la diputación local del distrito 11 de Guadalajara.

La opacidad

El profesor Rodolfo Morán, quien participó en el foro del jueves 3, refiere que la opacidad en la UdeG ha llegado a casos extremos. Cita el caso del Centro de Estudios sobre Sociedad y Religión que desapareció en 2010 por órdenes de la rectoría. Las autoridades sólo le preguntaron a los docentes a qué departamento querían incorporarse.

Los profesores reviraron con una solicitud de información para saber qué departamentos de la UdeG no desaparecerían. Nunca tuvieron respuesta.

El profesor Ignacio Mancilla menciona el malestar del exrector Padilla López cuando circularon en las redes sociales varias fotografías en las que aparece acompañado de su hija Jessica en fiestas y convites, así como en la alfombra roja durante la entrega de los Globos de Oro y otra en Roma.

Mancilla aclara: “Son fotos privadas, sí. ¿Pero qué significa privado hoy día, y sobre todo qué caso tiene que se viaje a Roma con dinero público si nadie se va a enterar?”.

Para Juan José Doñán, es lamentable que los profesores de la UdeG figuren entre los peor pagados del país –65 pesos por hora clase–, mientras existe una “burocracia dorada” con costumbres chics.

“Eso nos hace pensar que la UdeG no es una sino varias universidades. En uno de los extremos estaría una pobre comuna que le paga a sus profesores 65 pesos por una hora de clase; en el otro los que viajan en primera clase, se hospedan en los mejores hoteles y desfilan, aunque sea en la cola de la alfombra roja de Hollywood. Todo eso sucede dentro de una sola institución”, comenta.

Dice que en los últimos 10 años el subsidio de la UdeG creció 136%, pero no han ido a parar a tareas académicas ni a la ampliación de plazas en la preparatoria o en las licenciaturas, porque éstas no llegan ni a 20%.

“No hay que ser muy ducho para encontrar a dónde han ido a parar (los recursos): a empresas pretendidamente culturales. Y si son culturales, en honor a la verdad habría que decir que han seguido la estética Televisa”, sostiene Doñán.

Los entrevistados señalan que el imperio de Padilla López se va desgastando y que no tardará en caer. Mellado asegura que las redes sociales están contribuyendo a eso, y tan es así que se ha develado el tren de vida que lleva el exrector; “eso no hubiera ocurrido si no se le hubiese perdido el respeto al poderoso cacique de la UdeG”. l