Mexicanos en Regina, Canadá

Jalisco es un estado expulsor de migrantes, que fundamentalmente se buscan la vida en Estados Unidos. Sin embargo, otro destino para la mano de obra nacional es Canadá, que encuentra en ese país condiciones diferentes para integrarse a la sociedad y, sobre todo, a la economía.

Desde el siglo XIX, más de 90% de los mexicanos que radican fuera de México lo hacen en Estados Unidos. El resto de los connacionales se reparten en otros países, como Canadá. El flujo de mexicanos hacia esa nación se ha mantenido constante desde los años sesenta del siglo pasado y se incrementó a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en enero de 1994.

Por otro lado, la crisis económica de 2007 y 2008, las constantes redadas y deportaciones realizadas por el gobierno de Barack Obama, así como la promulgación de leyes antimigrantes en algunos estados han provocado que varios paisanos se dirijan a Canadá. Hasta hace siete años la migración a ese país era más sencilla, barata y segura porque no era necesario contar con visa; sin embargo, a pesar de la imposición de la visa como requisito para viajar a ese país a partir de 2009 bajo el gobierno del primer ministro Stephen Harper, el flujo migratorio no presentó una disminución significativa, por lo cual Canadá se mantuvo como el segundo país con el mayor número de mexicanos residentes en el exterior.

Según los datos del National Household Survey (NHS, la dependencia encargada de realizar los censos en aquel país), en 2011 el número total de migrantes mexicanos en Canadá era de 96 mil 55, lo cual significa que de los 6.8 millones de migrantes que ingresaron aquel año, 1.4% fueron mexicanos, mientras que cinco años atrás el porcentaje apenas llegaba a 0.8. Así, entre 2006 y 2011 la población de mexicanos en aquel país aumentó 92%.

Desde luego, la migración no sólo es mayor, sino también diferente a la realizada durante los últimos 30 años: “Hoy quienes venimos a Canadá lo hacemos con papeles, traemos permisos de trabajo; en el peor de los casos llegamos con visa de turista y cuando se vence no se regresan”, comenta Mariana Brito, una chef tijuanense avecindada en aquellas tierras. El arribo de mexicanos con permiso de trabajo aumenta al paso de los días. Por otro lado, la mayoría de esos mexicanos provienen de estratos económicos medio y medio alto; casi todos cuentan con documentos migratorios. Incluso, varios ingresan como residentes temporales y después obtienen la residencia permanente, como es el caso de Mariana. Todo ello, marca una diferencia cualitativa en relación a la migración de mexicanos hacia Estados Unidos.

Las cifras de Citizenship and Immigration Canada (la oficina gubernamental que gestiona los procedimientos migratorios) muestran que, de 1980 a 2012, 43 mil 965 mexicanos obtuvieron la residencia permanente en ese país, de los cuales 40% pertenecen a la clase familiar, conformada por cónyuges, parejas y prometidos; 38% son migrantes económicos, que comprende a profesionistas, inversionistas y empresarios; 13% lo hicieron como refugiados y 9% en otras subcategorías.

Asimismo, 37% de los residentes permanentes de origen mexicano cuenta con una licenciatura, 10% con maestría, menos del 1% con doctorado o especialización, 12% con diploma no universitario y 34% con 13 o menos años de escolaridad (Latinos Magazine. The Globe and Mail, marzo de 2014).

Como en los albores la migración hacia Estados Unidos, el flujo de mexicanos a Canadá se concentró en las grandes ciudades: Vancouver, Toronto, Ottawa; sin embargo, hoy algunas pequeñas ciudades comienzan a recibir paisanos en busca de trabajo o estudios. Es el caso de Regina, capital de la provincia de Saskatchewan. Esta alberga a la segunda concentración más grande después de Saskatoon. Su nombre original era Wascana (“Huesos del Búfalo” en el lenguaje cree); en 1882 fue nombrada Regina en honor a la reina Victoria.

La población fue elevada a la categoría de ciudad el 19 de junio de 1903, y fue proclamada la capital de la provincia en 1906. Actualmente cuenta con una población de 237 mil 800 habitantes, de los cuales mil 320 son mexicanos, cuando en 2006 eran 235, según la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

Debido a la poca población de mexicanos en aquella ciudad, Regina no cuenta con un consulado; el más cercano está en Calgary, Alberta. La paisanada se encuentra regada por doquier, no hay un barrio mexicano; tampoco una zona comercial latina o mexicana como las de grandes ciudades estadunidenses. Es posible encontrar algunos productos mexicanos en la tienda Tony’s Indian Food Center, propiedad de Tony Matharu, un migrante de la India.

Como es frecuente también en Estados Unidos, muchos de los mexicanos en Regina se emplean en las cocinas de los restaurantes; si bien no existen propiamente restaurantes mexicanos, varios inversionistas chinos han abierto algunos lugares donde ofrecen platillos “mexicanos”. Los paisanos que laboran como cocineros perciben un sueldo de entre 12 y 13 dólares la hora, cundo en Canadá el salario mínimo es 10.50. “En otros trabajos pagan mejor; por ejemplo, en la albañilería se paga hasta 30 dólares la hora, pero en invierno es muy pesado”, comenta un empleado de banco de origen sinaloense.

El trabajo más fuerte se presenta a partir de abril cuando el crudo invierno alcanza los 30 grados centígrados bajo cero. “En cuanto se va la nieve aumenta el trabajo”, dice el chef de La Bodega, originario de Ciudad Obregón, Sonora. Por otro lado, la economía de Regina se mueve en gran medida al ritmo de la actividad gubernamental y la agricultura.

Beneficios y abusos

Frente a un aromático café, en las instalaciones de la Universidad de Regina, donde se concentra gran parte de la actividad de la ciudad, la chef Mariana explica el sistema de las visas de trabajo:

“Los permisos se tramitan desde México. Necesitas tener una oferta de trabajo. La visa no es flexible, sirve solamente para el empleo que consigues en primera instancia. La renovación se debe hacer con el mismo empleador. La visa de trabajo abierta se puede obtener cuando uno de los miembros de una pareja posee una visa cerrada. El problema de éstas es que en ocasiones los empleadores cambian las condiciones que ofrecieron al inicio; por ejemplo, reducen las horas de trabajo a 20 semanales, lo que obliga a las personas a buscar otro empleo y en ese momento incurren en la ilegalidad.”

Mariana lleva seis años en Regina. Llegó allá, dice, con el fin de “compartir mi conocimiento de cocina y preparación de productos orgánicos para pacientes con cáncer. Mi sueño es abrir un restorán de destino”. Mientras tanto la tijuanense labora de tiempo parcial ofreciendo consultorías a inversionistas restauranteros.

Los fines de semana la carga laboral se aligera. Varios mexicanos se reúnen en torno a los juegos de futbol de la liga local. “Tenemos un equipo que se llama Timbiriche; los muchachos son súper apasionados, todos son mexicanos excepto mi pareja. Ya ganamos una copa”, presume Mariana, minutos antes de concluir su café.

Los migrantes en Regina, sean o no mexicanos, encuentran apoyo en la organización Open Doors Society (Sociedad de Puertas Abiertas), que ofrece servicio a las familias recién llegadas, les ayuda a instalarse en la ciudad, ofrecen clases de inglés y nivelación escolar para los menores de edad, así como información sobre los servicios gubernamentales a los cuales tienen derecho. Todo esto es gratuito y el personal de la organización trabaja por servicio comunitario.

Además del flujo migratorio, Canadá recibe una población de mexicanos no considerada como migrante, que cuenta con un permiso temporal mediante el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT), creado por México y Canadá en 1966 y ratificado en 1973. A través de éste, el gobierno mexicano recluta y envía jornaleros por periodos de ocho meses, renovables al año siguiente. El sistema funciona de manera similar al histórico programa Bracero, con el que miles de mexicanos iban a Estados Unidos a realizar labores agrícolas con el aval de ambos gobiernos.

Cada año se ven beneficiados de ese programa entre 15 y 20 mil trabajadores, originarios principalmente de Guerrero, Guanajuato, San Luis Potosí, Oaxaca y Michoacán, pero muchos de ellos padecen abusos de los empleadores canadienses, que van desde un deficiente acceso a los servicios de salud y protección social, hasta la dificultad para asociarse y defender sus derechos, esto según la Unión de Trabajadores de la Alimentación y Comercio de Canadá (UFCW, por sus siglas en inglés).

Son pocos los trabajadores que se quejan, porque al hacerlo son separados de su fuente de trabajo y obligados a buscar otro empleador si quieren regresar a Canadá. La mano de obra mexicana en el sector agrícola genera una ganancia neta de 4.5 mil millones de dólares.

Desde 1980, casi medio millón de mexicanos han vivido en Canadá bajo diferentes programas de residencia temporal: 56% de ellos en la categoría de trabajadores agrícolas, 20% como trabajadores externos en otros rubros; 13% como estudiantes y 11% por causas humanitarias o como refugiados.

Actualmente el flujo de migrantes mexicanos a las gélidas tierras canadienses se mantiene, y el gobierno del primer ministro Justin Trudeau anunció que el requisito de poseer una visa para los mexicanos impuesto en 2009 será retirado en los siguientes meses.  l

*Profesor-investigador de la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey (ITESM).