La rebeldía del “Padre Patillas”

Desde que inició su labor evangélica a mediados de la década de los sesenta,  José Álvarez Franco, El Padre Patillas, se identificó con los pobres y comenzó a criticar el conservadurismo de sus superiores y sus devaneos elitistas. Eso provocó que hace 33 años la Arquidiócesis de Guadalajara le prohibiera oficiar misa, pero él continuó sus actividades pastorales. El año pasado en un encuentro con el cardenal José Francisco Robles Ortega, éste le dejó entrever que puede reintegrarse a la Iglesia Diocesana, pero él asegura que sólo lo hará cuando ésta se acerque al pueblo.

José Álvarez Franco –conocido como El Padre Patillas entre los feligreses– tiene 81 años, pero hace 33 años la Arquidiócesis de Guadalajara le prohibió ejercer el sacerdocio por sus críticas al conservadurismo de las autoridades eclesiásticas y al elitismo con el que se conducen.

Cuando estuvo al frente de la arquidiócesis el cardenal Juan Sandoval Íñiguez le puso cinco jueces para excomulgarlo; “incluso mandó el expediente a Roma a ver si me excomulgaban”, pero le respondieron que el asunto era local, comenta Álvarez Franco a Proceso Jalisco.

Sin embargo, hoy se muestra optimista porque a finales del año pasado, en una charla privada, el cardenal José Francisco Robles Ortega, sucesor de Sandoval Íñiguez, presuntamente lo invitó a reintegrarse a la Iglesia Diocesana.

Pese a que no oficia misas, El Padre Patillas no ha perdido popularidad en la localidad de San José de Tateposco, en la periferia del municipio de Tlaquepaque, un bastión con la gente más desprotegida de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Antonio Gutiérrez Montaño, vocero del Arzobispado, confirma a Proceso Jalisco la reunión que El Padre Patillas tuvo con el cardenal, aunque asevera que desconoce la fecha en que se realizó y si en ella se habló de su  reintegración al presbítero.

“Es normal que se hubiera dado ese acercamiento, pero no es que en este momento esta sea la finalidad. Puede ser que después de otros diálogos y viendo las diferentes circunstancias de ambas partes se pudiera llegar a dar, pero en este momento no podemos hablar para que quede suficientemente claro de que ésta sea la intención principal”, sostiene Gutiérrez Montaño.

El Padre Patillas muestra al reportero el oficio que envió como respuesta al también presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el cual entregó en la Oficialía de Matrimonios del Arzobispado de Guadalajara el 12 de noviembre de 2015.

En él escribió: Mientras existan curas “que cobren altos aranceles y no acepten a los pecadores por tanto moralismo, no me reintegraría (a la Arquidiócesis de Guadalajara), ya que la gente necesita sacerdotes que los escuchen y les den una esperanza”.

Según él, la Iglesia católica se alejó de los pobres y en el Arzobispado tapatío los cobros por bautismos, confirmaciones y matrimonios son excesivos, en tanto que los trámites de documentos son lentos. E insiste en que la sanción que le impusieron afecta sobre todo a la comunidad de creyentes.

Al principio de su escrito precisa que el 9 de noviembre último el Obispado llamó al presbítero de la parroquia de Santa Cecilia, Gilberto Medina, para amonestarlo por haberle apoyado a él y al diácono Rubén Sierra en la preparación de un grupo que recibiría el sacramento de la confirmación.

La ceremonia, prevista para el día 14 del mismo mes, tuvo que cancelarse. “¿Acaso esta es la forma de tener un acercamiento con las necesidades de la gente?”, le pregunta Álvarez Franco al cardenal Robles Ortega.

Relata también que meses antes, el 15 de febrero de 2015, expuso a la Arquidiócesis tapatía los embates de los presbíteros de las parroquias de El Salto, San Martín, El Verde, La Duraznera y Santa Cruz de las Huertas en su contra y le exigieron al diácono Rubén Sierra que dejara de apoyarle en su labor evangelizadora.

Precisa que incluso lo critican por expedir constancias de los sacramentos, como ocurrió en el caso de un feligrés procedente de la Diócesis de Ciudad Guzmán, a quien le entregó su documento de confirmación con el aval del obispo Miguel Romano Gómez.

Los creyentes, dice, prefieren ir a su parroquia porque en otras iglesias los cobros por los servicios evangélicos son elevados:

“Los invitamos a que investiguen en la parroquia de Sayula, así como a las parroquias cercanas a esta comunidad para que se den cuenta de lo que la gente dice acerca del por qué acuden a este templo, ya que en las otras parroquias son cobros tan altos, y con tantas exigencias de documentos que se les hace imposible muchas veces de cubrir; además, los rechazan por moralismos tradicionales.

“La firma que ustedes aportan y la cual ahora me niegan, es sólo para la burocracia terrenal, no es una acción espiritual, así que esperamos una postura digna de su responsabilidad.”

Dice que en San José de Tateposco les dio tristeza “que les hayan hecho caso a esos sacerdotes que dijeron estimar mucho al Papa Francisco, pero en la práctica no estaban de acuerdo con su forma de pensar y hacer las cosas. No entiendo por qué ahora se les escucha, en lugar de amonestarlos, ya que no están de acuerdo con las directrices del Papa Francisco”.

Urge renovar la Iglesia

Oriundo de Los Altos, nació en el municipio de Valle de Guadalupe en 1931, El Padre Patillas se mantiene saludable a sus 81 años. No obstante, cuenta al reportero que en próximos días será sometido a una cirugía de su prostituta –la próstata–, pues le está causando molestias. Así habla, con desparpajo.

Durante la entrevista lo acompaña la señora María de Jesús Hernández Hernández Damián, del equipo de pastoral de la parroquia de San José de Tateposco. Ambos están convencidos de la necesidad de renovar la Iglesia católica; son partidarios, dicen, de que sus miembros muestren una opción preferencial por los pobres, como predica el Papa Francisco.

En un escrito titulado Reflexiones del equipo pastoral de San José de Tateposco destacan que la formación de los seminaristas está orientada a servir y estar cerca del poder.

“Así garantizan su bienestar y eso los convierte en sus aliados. Por lo tanto (añaden) su postura es clara; no van a cuestionar la actitud, ni su relación obrero-patronal, ni la del empresario, mucho menos la industria destructora de una economía familiar, que obliga a una dependencia en todos los niveles, como lo es el neoliberalismo mundial.”

El Padre Patillas relata sus desencuentros con el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo –asesinado en una balacera en el aeropuerto de Guadalajara el 24 de mayo de 1993–, quien, según él, era un hombre sumamente soberbio: él fue el encargado de desactivar la labor pastoral del obispo Sergio Méndez Arceo en la Diócesis de Cuernavaca.

Destaca que su suspensión data de 1983 y fue una instrucción directa del cardenal José Salazar López, anterior a Posadas Ocampo, porque no vio con buenos ojos lo que él predicaba.

Relata que en 1966, luego de su ordenación sacerdotal, fue enviado al municipio de Cuquío, donde estuvo a cargo de una pequeña iglesia durante cuatro años. Ahí fundó escuelas y divulgó sus ideas a partir de los debates del Concilio Vaticano II y de los documentos de Medellín, Puebla.

Sus superiores decidieron trasladarlo al barrio de San Andrés, en Guadalajara. Lejos de abandonar sus ideas, avivó su activismo y se integró a la pandilla Los Vikingos, que a finales de los sesenta combatió frontalmente a la Federación de Estudiantes de Guadalajara, en cuya organización se formó el exrector de la Universidad de Guadalajara, Raúl Padilla López.

Precisa que aunque el Arzobispado lo comisionó para “corregir” a los pandilleros, él se encontró con jóvenes abandonados y eso lo motivó a fundar la Pastoral Juvenil.

Cuenta: “Yo le celebré misa a la mayoría de los que mataron, y a los que quedaron vivos, La Momia (alias de Jesús Morales) todavía va conmigo… Más que todo era una historia de los jóvenes que querían ayudar al pobre. Me tocó construir con ellos una casa en una noche. Y cuando pasaba el gobierno, todos ellos empuñaban su metralleta”.

Dice que en los noticiarios de Televisa Occidente se le acusó de ser un cacique que vendía terrenos en la localidad; pero el verdadero cacique era David Lara, un pistolero al servicio del fundador de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos, Francisco Silva Romero, quien convocaba a la gente y los amagaba para despojarlos de sus tierras.

“Les quitaron toda Loma Dorada, que era mayoría del ejido de Tateposco –asegura–. Yo rescaté 16 hectáreas que luego se las dieron al pueblo. A mí me dieron la mitad de un lote, luego los licenciados de izquierda se clavaron los terrenos.”

Insiste en que, a la luz de la doctrina que ha emprendido el Papa Francisco, es necesario que el Arzobispado de Guadalajara se renueve, y reconozca el trabajo de la mujer en las tareas de evangelización.

Cuestionado al respecto, el padre Gutiérrez Montaño dice que prefiere no polemizar con Álvarez Franco. Y añade: “El Arzobispado aún no reconoce como válidos los sacramentos que él otorga a la feligresía”.  l