Una vieja deuda de Vega González

A Luis Carlos Vega González, hijo del presidente del Poder Judicial en Jalisco, le gusta mucho la cultura wixárika, por lo que hace año y medio invirtió 12 mil pesos en piezas del artesano Atilano Carrillo Domínguez y le adelantó 7 mil, en el entendido que liquidaría el resto. Hasta ahora le sigue debiendo 2 mil 500 pesos, Atilano comenta que se comunicó con Vega en abril pasado y él se comprometió a pagar, pero no lo ha hecho. Consultado al respecto, Vega dice que no desconoce su deuda, sólo que no sabe dónde está Atilano.

Un artesano wixárika Atilano Domínguez Carrillo se queja de Luis Carlos Vega González –hijo del presidente del Poder Judicial del Estado, Luis Carlos Vega Pámanes–, quien les adeuda 2 mil 500 pesos por varias piezas artesanales que le compró hace año y medio.

Carrillo Domínguez relata que su padre, quien trabajaba como guardia de seguridad en el antiguo recinto judicial, fue quien le pidió llevar una muestra de sus artesanías para que Vega González conociera su trabajo. Carrillo acudió a los antiguos juzgados, frente al Teatro Degollado, y expuso sus artesanías al hijo de Vega Pámanes, quien por esas fechas se desempeñaba como secretario relator de consejero en el Consejo de la Judicatura del estado de Jalisco.

Vega González se interesó por varias piezas. “Se llevó un tigre, un elefante decorado con chaquira, una iguana y otras cosas pequeñas que sumaron 12 mil pesos”. En esa ocasión pagó 7 mil pesos y quedó a deber 5 mil, que se comprometió a liquidar en un plazo breve. Un amigo suyo se llevó 500 pesos de la mercancía, pero tampoco pagó.

Al principio, cuenta Carrillo, gracias a las gestiones de un abogado, Vega González le pagó la mitad de lo que le debía, por lo que su deuda disminuyó a 2 mil 500 pesos.

Lamenta que Vega González –quien en esas fechas percibía 57 mil 68 pesos brutos por mes– subestime su trabajo artesanal. Él me ha dicho que le vendimos las piezas al triple de lo que cuestan en el mercado. Eso no es cierto, relata Carrillo al reportero; “nosotros nos ponemos cada sábado en la esquina de Avenida Chapultepec y Vallarta, puedes corroborarlo; nosotros no aumentamos el precio en ningún momento”.

Y pone ejemplos: hacer un jaguar implica dos semanas de trabajo; para hacer un elefante totalmente cubierto de chaquira como el que se llegó Vega González invierte tres semanas.

“Hay artesanos –dice– que viven al día; no tienen nada que comer y tienen que malbaratar su trabajo, pero eso no es lo recomendable. Nos interesa que la artesanía salga al mercado a precio justo. Si eso no le parece (a Vega González), no lo sé. En un principio yo le dije que me regresara las piezas, pero se fue el tiempo y no me entregó nada.”

Lo cierto es que la deuda existe, reitera Carrillo. Le preocupa que Vega González no le pague ni valore el arte wixárika. Y agrega:

“A veces pienso que es mejor dejarlo así, para no meternos en problemas. A ellos (a los deudores como Vega González) les vale, son una mafia que está en el gobierno… y al rato podemos salir lastimados. He pensado también que a lo mejor sería bueno sacar un artículo para que sepa qué tipo de persona es; se trata de valorar el arte wixárika.”

Junto con su esposa, Kena Bautista, Carrillo pidió asesoría a un abogado para recuperar el dinero que le debe Vega González. Admite que el trato con el funcionario fue verbal, sin la firma de ningún contrato. El litigante habló con Vega González y le pidió devolver la obra a Carrillo, pero le respondió que no lo hará porque presuntamente le habían cobrado de más.

En conversación telefónica con el reportero, Vega González admitió que tiene una deuda con Carrillo Domínguez y se mostró dispuesto a pagarla. Dijo que no ha llamado al artesano porque perdió sus datos:

“La verdad sí (le debo dinero a Atilano), pero tengo mucho que no sé de él. Antes, él iba a la oficina donde laboro y me cobraba, pero desapareció. Creo que un día llegó alcoholizado… Su papá era policía en ese edificio, así fue como lo conocí; su propio papá le dijo a Atilano que no se estuviera parando ahí porque me iba a meter en un problema.

“Si mal no recuerdo, tengo una deuda de 2 mil o 3 mil pesos con él; no tengo ningún problema en pagarla. Nunca me he negado a pagarla, pero ya no lo he visto, no tengo su teléfono, él no me escribe, no me mensajea, no tengo contacto alguno con él.”

Comenta también que le compró “unas artesanías muy bonitas” a Carrillo Domínguez, pues le gusta mucho la cultura wixárika; “le compré un elefante muy bonito, un tigre muy bonito, cosas con mucha cultura”. E insiste: “no tengo ya conocimiento de su paradero”.

El pasado 24 de abril Carrillo le escribió un WhatsApp a su deudor en el que le decía: “Lic. cómo te va, pedirte el favor de que me depositaras algo, ya casi no comemos, jeje, y nos ayudarías mucho”.

Vega González respondió: “Si, amigo, me toco la guardia y callo (sic) trabajo, mañana a primera hora te deposito pásame por favor el número de cuenta”.

El pago nunca llegó. Carrillo le envió otro mensaje al día siguiente. Tampoco hubo respuesta.

El 26 de abril le envió un tercer mensaje. “Buenas tardes amigo cómo te va –le dijo–. Disculpa que te insista para pedirte el favor de que me ayudes a depositar el pendiente que resta y lo que falta en realidad es poco es $2500 pesos, hay (sic) deposítame algo hoy por favor algo gracias amigo”.

La deuda no se ha saldado.

Vega y los wixárika

Con el arranque del Nuevo Sistema de Justicia Penal, Luis Carlos Vega González se convirtió en juez oral en Chapala. Su nueva actividad afectó notablemente sus emolumentos. Como secretario relator de consejero ganaba 57 mil 68 pesos brutos al mes; ahora, como titular de la Sala Oral del V Distrito, sólo ganará 39 mil 505.

Sin embargo, el presidente del Supremo Tribunal de Jalisco, Vega Pámanes, logró colocar en la plantilla del Poder Judicial a otros dos hijos: Kenia Paulina, como auxiliar judicial en el Consejo de la Judicatura, con un sueldo bruto mensual de 11 mil 860 pesos, y a Horacio, quien se
desempeña como secretario relator en la Sala de Adolescentes infractores en el Supremo Tribunal de Justicia, donde cobra 53 mil 422 pesos mensuales (Proceso 538).

En contraste, la esposa de Atilano Carrillo, Kena Bautista proviene de una familia de artesanos. Don Francisco Bautista, su padre, es reconocido por su obra Vochol, un Volkswagen tapizado completamente de chaquira.

“Nosotros buscamos que nuestro arte exprese algo diferente, que el cliente se sienta satisfecho con lo que se va llevar
–comenta Kena–; aparte está el peso cultural, el significado que tiene. En el ámbito de la moda, todo mundo quiere diseñar con trabajo wixárika, pero yo siento que hay un respeto que se está perdiendo poco a poco.

“Creo que no se debe perder de vista que los wixárikas tenemos ciertos valores que deben respetarse; queremos que se preserve como una cultura importante de nuestro estado.

“En mi familia, al menos, estos trabajos se hacen con mucho corazón, porque estamos orgullosos de lo que somos, de nuestros orígenes. Creo que siempre debe de existir un fin del por qué hacemos las cosas, que no se considera ya como artesanía, sino como arte.”

Lamenta que muchos ven a los wixárikas con desdén y se burlen de ellos cuando los ven con un celular o una computadora. Algunos incluso les dicen: “¿Cuántos peyotes te comes para hacer esto? Y cuando nos ven hablando por celular, comentan entre ellos: ‘¡Mira!, ya hasta te ganaron con la tecnología’.

“Yo creo que la gente debe de respetarnos, debe saber que nosotros también merecemos tener una vida digna”, expresa Kena.