Haitianos en Tijuana una crisis migratoria atípica

Desde hace meses, poco más de 300 haitianos llegan a Tijuana, donde los albergues se encuentran saturados y sus responsables ya no saben qué hacer para controlar este flujo migratorio atípico, “reflejo de una crisis humanitaria internacional”, comenta a Proceso Jalisco Alonso Hernández, coordinador general de la organización FM4 Paso Libre, con sede en Guadalajara. Pese a que ese fenómeno se inició en mayo pasado, el Instituto Nacional de Migración iniciará un programa el próximo 9 de enero, que por cierto excluye a los caribeños.


Un día de mayo comenzaron a llegar.
El 12 de enero de 2010 un terremoto de 8 grados Richter devastó Puerto Príncipe y varias provincias de Haití. Dejó al menos 316 mil muertos y otros 350 mil heridos, mientras 1 millón y medio se quedó sin hogar. Entonces decidieron emigrar, para sobrevivir.
Las autoridades de su país sólo atinaron a reforzar la vergonzosa frontera con República Dominicana. Fue inútil, pues los muros no detienen la miseria.
Meses después, Brasil le abrió las puertas a 43 mil 700 isleños. Les ofreció trabajo y comenzaron a levantar los estadios olímpicos y mundialistas. Pero a principios de este 2016, cuando terminaron los eventos deportivos y el Poder Legislativo carioca depuso a la presidenta Dilma Rousseff, el gigante sudamericano quedó inmerso en una crisis económica y política. Los haitianos se quedaron sin empleo.
Y reiniciaron su éxodo. Unos se fueron a Ecuador y Chile; otros se propusieron llegar a Estados Unidos pasando por Colombia, Centroamérica y México. Los migrantes caribeños que arribaron a Tapachula, Chiapas, comenzaron a trabajar y dinamizaron la economía de la frontera sur.
De enero a octubre de este año, el Instituto Nacional de Migración (INM) otorgó a haitianos y africanos 14 mil 500 permisos para permanecer en nuestro país hasta por 30 días, un beneficio del que carecen los indocumentados centroamericanos. Muchos, la mayoría, aprovecharon para continuar su periplo hasta Tijuana.
Luego de pagar al menos 4 mil 500 dólares por el recorrido desde Brasil o Haití hasta Tijuana, en mayo pasado, con su penuria a cuestas, llegaron a la frontera más transitada del mundo, una de las más desiguales del planeta a la cual son deportados de Estados Unidos alrededor de mil indocumentados por día.

Avalancha caribeña

Los isleños encuentran estancia en albergues y comedores para migrantes y personas en situación de calle. La Casa del Migrante, la Casa de los Pobres, el Instituto Madre Asunta, El Desayunador Salesiano “Padre Chava”, entre otros, les han dado albergue hasta por 60 días, mientras reciben el permiso de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (US Customs and Border Protection, CBP) para internarse en territorio estadunidense.
Pero ellos se quejan porque, dicen, las autoridades estadunidenses “no escuchan sus razones para solicitar asilo”. El INM, por su parte, ha dejado de llevarlos de los albergues a la CBP para que realicen sus trámites, como lo hacían al principio. Esto trastoca las actividades sustantivas de los centros de apoyo.
Desde hace meses, poco más de 300 haitianos alcanzan diariamente la línea fronteriza, una barda en la cual rebotan los sueños. La ciudad ya no sabe cómo enfrentar esta crisis migratoria, pero los tijuanenses se solidarizan con esos desvalidos caribeños.
Para Alonso Hernández, coordinador general de la organización FM4 Paso Libre con sede en Guadalajara, el caso de los haitianos es atípico.
Relata: “Estuvimos en la frontera sur y constatamos que en su gran mayoría ellos y los migrantes africanos rentan autobuses o servicio de transporte particular para llegar a la frontera norte de manera directa.
“Eso nos hace pensar que hay alguien o algunos que puedan estar organizando estos flujos de migración para hacer esto de manera tan organizada. Llama la atención y levanta un poco de sospecha la forma como se moviliza tanta gente en esas condiciones y están nada más en ambas fronteras.”
Ante la situación emergente por la que atraviesan los albergues, FM4 entregó donativos económicos a los migrantes varados en la frontera norte del país. La organización estudia la posibilidad de enviar a Tijuana una brigada de voluntarios para ayudarlos.
Hernández insiste: el incesante flujo de migrantes es “reflejo de una crisis humanitaria internacional de la que varias organizaciones hemos venido hablando en los últimos meses y años; es expresión de un sistema que se basa en la desi­gualdad que genera millones de pobres y eso se decanta en oleadas de migración”.

Albergues saturados

Son las 13:00 horas. Decenas de haitianos se arremolinan frente a las rejas con alambre de púas que protegen al Instituto Madre Asunta en espera de la entrega de comida.
El albergue da atención a mujeres y niños. Los hombres sólo reciben el alimento de mediodía y un burrito de guisado al pardear la tarde. Muchos ni siquiera encuentran sitio para comer en las instalaciones.
“Esto sí es una crisis”, comenta Mary Galván, administradora del lugar. Mientras sucede la comida conviven hombres, mujeres y niños. El albergue –que abrió sus puertas en 1994– cuenta con Wifi gratuito, que aprovechan quienes tienen celular.
Los tijuanenses, solidarios, llegan al instituto a ofrecer empleo a los migrantes. En todos los albergues y comedores fluye la ayuda comunitaria. La Cruz Roja Mexicana también pasa por esos refugios saturados todos los días por la mañana y por la tarde.
El instituto, donde laboran seis personas de planta y 12 voluntarios, ofrece todos los servicios: estancia, ropa, alimento, medicinas, servicio de internet. La regla que establece como máximo una estancia de 15 días para mujeres y niños ha dejado de funcionar desde hace varios meses. De mayo a octubre, el albergue ha recibido 3 mil haitianos; cada día llegan más.
“El reto que tenemos es grande”, comenta el padre Murphy, director de la Casa del Migrante, fundada hace 30 años. De los extranjeros que llegan a Tijuana, 5% son africanos, 5% centroamericanos y 90% haitianos. La mitad de ellos esperan cruzar a Estados Unidos; el resto serán deportados a sus países.
En la Casa del Migrante las reglas son muy estrictas. Los que no trabajan pasan el tiempo en la banqueta, platicando o jugando dominó; algunos prefieren dormir sobre las aceras. Los que sí laboran regresan alrededor de las 17:00 horas.
El albergue deja de recibir a la gente a las 18:00 horas; cuando llegan los camiones con deportados se reciben sin importar la hora. Los haitianos y africanos pueden arribar en cualquier momento. “Recibimos tres camiones por semana desde Tapachula”, afirma Murphy.
De lunes a viernes, dice, los isleños tienen la obligación de asistir a una serie de pláticas vespertinas sobre derechos humanos, educación, sexualidad, salud. Al término de las charlas, se revisa el reglamento para que quede muy claro lo que está permitido en el albergue. Luego viene la cena.
El inmueble cuenta con 140 camas. Como resultan insuficientes por la avalancha cotidiana de migrantes y deportados, se tienden colchones en el patio trasero.

Cotidianidad trastocada

El Desayunador Salesiano “Padre Chava” ha sido rebasado por la presencia haitiana; tanto, que hace días dejó de recibir migrantes.
En el patio anexo al desayunador fueron acondicionados tres toldos, unas mesas y una gran estructura triangular de madera donde los caribeños tienden cobijas para dormir. Ahí pernoctan al menos 300 personas.
La principal tarea es el reparto de mil 500 desayunos a los necesitados. A veces los beneficiarios se violentan, pues temen quedarse sin sus alimentos matutinos. Para garantizarles su comida, personal del desayunador les pinta un número en su mano para saber cuándo llegaron y el turno que les toca.
La jornada es intensa. De 8:00 a 10:30 horas desayunan los migrantes; luego toca el turno a los voluntarios y a los trabajadores del albergue. Una vez cerrado el desayunador, los haitianos que quedan adentro ya no pueden salir; los que permanecen afuera sólo pueden ingresar por la tarde.
En la noche el área del comedor se transforma en dormitorio para mujeres y niños. Los otros dos pisos alojan a hombres y mujeres. Los llantos infantiles tensan el ambiente.
Martes y jueves por las tardes y las mañanas sabatinas en un maltrecho edificio cercano al desayunador, que hace las veces de una vecindad donde los haitianos pagan 5 mil 500 pesos por un cuarto o local para dormir, la organización Shekinah de Jehová les entrega comida y bebida.
Los albergues han sido rebasados. Los salesianos han habilitado un nuevo albergue exclusivo para familias haitianas en el oriente de la ciudad. Se comienzan a escuchar voces de descontento por parte de migrantes mexicanos y centroamericanos por el trato diferenciado. Diversas organizaciones civiles de apoyo a migrantes piden que el gobierno federal decrete una crisis humanitaria para canalizar suficientes recursos y atender a los migrantes, quienes no dejan de llegar.
En las calles cercanas al desayunador y en las principales avenidas del centro tijuanense se observan haitianos por doquier. La dinámica citadina ha sido trastocada.
Con respecto a los deportados, algunos albergues les ayudan a conseguir un empleo y una casa donde vivir. Cuando el Desayunador Salesiano “Padre Chava” les consigue empleo, les resguarda 80% de su salario para que junten dinero y puedan regresar a sus comunidades o instalarse en Tijuana.
Los que se albergan en la Casa del Migrante y trabajan salen con su lonche todas las mañanas y regresan entre las 15:00 y las 17:00 horas. Con los haitianos es diferente, pues pocos son los que trabajan; la mayoría esperan obtener el asilo en Estados Unidos.
De no conseguirlo, podrían ser deportados a Haití, a menos que otro país los reciba. Una vez que la CBP recibe solicitantes de asilo y las autoridades lo consideran viable, envía a los haitianos a centros de detención.

El programa del INM

Para enfrentar la problemática, el INM anunció que en tres meses más, el 9 de enero, pondrá en marcha el Programa Temporal de Regularización Migratoria (PTRM) para apoyar a los extranjeros en situación “irregular” que ingresaron a territorio nacional antes del 9 de enero de 2015.
Quienes se acojan al PTRM podrán regularizar su estancia y obtendrán un permiso para trabajar. Por la fecha establecida por el INM para acceder al programa, los haitianos y africanos llegados a nuestro país durante 2015 y 2016 quedarán fuera.
Y es que en esta avalancha migratoria incluye a mexicanos que huyen de la violencia en sus comunidades y también buscan asilo político en Estados Unidos; son familias enteras.
Nadie sabe cuánto tiempo va a durar esta situación y cuántos haitianos más van a llegar; se desconoce también cuándo dejarán de arribar los connacionales expulsados por la violencia. “No nos olvidemos de los mexicanos por atender a los haitianos”, comentan los agentes migratorios y los encargados de los albergues.
La divisa, dicen, es reintegrar al migrante a la sociedad. “Para nosotros que estamos diario en el trabajo –insisten– se trata de una crisis; nos preocupa que la deportación se convierta en un castigo para toda la vida”.

*Profesor investigador del ITESM campus Guadalajara