Dinero bueno al malo

Enrique Alfaro y funcionarios que lo acompañan en el ayuntamiento de Guadalajara no han podido sustraerse –o no han querido hacerlo, lo que sería aún grave– a varios de los proyectos concebidos por sus predecesores y que, por angas o por mangas y hasta ahora para fortuna de los tapatíos, no han podido realizarse. Y lo de “para fortuna” no es una expresión retórica huérfana, en la medida en que se trata de proyectos que, de concretarse, tendrían un alto costo social (aparte del económico) para la sociedad tapatía, y el cual no podría ser ni remotamente compensado con los dudosos beneficios públicos que sus promotores prometen.
Ese es el caso del conjunto de proyectos que el gobierno de Guadalajara, asociado con un consorcio inmobiliario foráneo y con un grupo de empresarios tapatíos, trae entre manos en el antiguo pueblo de Huentitán, hoy barrio de Huentitán el Bajo. Entre esas proyectadas obras está un complejo habitación de nombre Iconia, el cual fue concebido hace nueve años, con el nombre de Puerta Guadalajara, durante la administración municipal del panista Alfonso Petersen Farah, así como la construcción de una cosa de nombre enrevesado (Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo) y el cual se levantaría en el parque municipal Mirador Independencia, en el borde de la barranca de Huentitán.
Todo comenzó en 2007, cuando el entonces alcalde Petersen Farah, con la anuencia de la mayoría de regidores tapatíos, firmó la entrega de un terreno municipal de más de 12 hectáreas –localizado en los límites con el Zoológico Guadalajara– al consorcio español Mecano, a cambio de la construcción de algunas obras de beneficio público que dicho grupo inmobiliario realizaría en la zona. No obstante lo ventajoso del negocio para los negociantes hispanos, el proyecto no cuajó, entre otras cosas por la separación prematura de Petersen Farah del ayuntamiento tapatío y también por la grave crisis económica que España comenzó a enfrentar.
Pasaron las administraciones municipales de los priistas Aristóteles Sandoval y de Ramiro Hernández y el proyecto inmobiliario Puerta Guadalajara, que comprendía varias torres de departamentos, permaneció en la congeladora. Pero como ninguno de los mencionados alcaldes priistas quiso reclamar el terreno para su reintegración al patrimonio municipal, el predio siguió en manos del consorcio español, que aprovechando esa circunstancia lo vendió a un grupo empresarial mexicano.
Vale decir que, hace apenas año y medio, cuando Enrique Alfaro hacía campaña precisamente en búsqueda de la Presidencia Municipal de Guadalajara dijo que ese proyecto era lesivo para los intereses de los tapatíos, por lo que se declaró partidario de su cancelación y de que la comuna tapatía pudiese recuperar el codiciado terreno.
Sin embargo, a meses de tomar posesión del cargo, Alfaro no sólo cambió de parecer, sino que resucitó el proyecto inmobiliario negociado por Petersen Farah (quien ahora funge como regidor tapatío del PAN) y vio también la oportunidad de integrarlo a otra serie de proyectos en la zona de Huentitán, proyectos que van desde bacheo, luminarias y remozamiento urbano hasta la edificación de varios inmuebles que se construirían con la permuta del terreno.
Lo que hasta ahora no se ha aclarado es si la edificación del mencionado gazapo Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (BMAMC), otro cadáver exquisito resucitado por los alfaristas, formaría parte de esa permuta, o si su construcción tendría que hacerse con dinero público. Pero de cualquier forma sería meterle dinero bueno al malo y, sobre todo, si el pagano o el principal ídem va a ser el ayuntamiento de Guadalajara, que ya desde la administración de Petersen Farah cedió la mitad del terreno del parque Mirador Independencia primero para el fallido Museo Guggenheim de Guadalajara, y luego para el proyecto museístico de repuesto y que de última hora se sacaron de la manga o de los forros varios empresarios tapatíos: el mencionado BMAMC.
O sea que ahora, en lugar de corregir las metidas de pata de sus predecesores, Alfaro y compañía no sólo están decididos a sudar calenturas ajenas, sino a gastarse el dinero de los tapatíos para halagar a varios negociantes tapatíos con inquietudes artísticas (asociados en el membrete Guadalajara Capital Cultural) y quienes desde el sexenio de Francisco Ramírez Acuña (2001-2007) han venido jugando al mecenas, pero al mecenas fementido, pues desde un principio han sido perseverantes para que su soñado museo se realice con fondos públicos, lo cual han ido consiguiendo, aunque con más lentitud de la que quisieran.
Así, el pasado 27 de abril el alcalde de Guadalajara y varios de sus colaboradores se apersonaron en el mutilado parque Mirador Independencia (al que ahora las autoridades municipales llaman “Mirador Huentitán”) para anunciar obras de mantenimiento en espacio público de recreación, al que abusivamente le fueron cercenadas varias hectáreas que primero se destinaron al fallido Guggenheim tapatío y luego al MBAMC. Y al tiempo que Alfaro les explicaba a varios vecinos de Huentitán (algunos de los cuales no ocultaron su desacuerdo con varios de los proyectos municipales en la zona, comenzando con el de Iconia y con el mencionado museo) de las obras de remozamiento en el parque, “anunció que se invertirán 30 millones de pesos para la construcción de la primera etapa del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo que durará aproximadamente dos años (El Informador, 28 de octubre de 2016). Lo que no dijo el alcalde es de dónde va a salir ese dinero que, por supuesto, podría ser mucho mejor utilizado.
Para colmo de males, ahora resulta que, contra lo que se había dicho, el ayuntamiento de Guadalajara va a aportar o a conseguir una suma en metálico para la construcción, en el borde de la Barranca, del pretendido museo, un proyecto recalentado y con cual sus promotores (los mencionados mecenas tapatíos de a mentiras) venden ilusiones a destajo, pues según ellos el BMAMC traería a Guadalajara a legiones de turistas, con una gorda derrama económica y en divisas.
Cuando en 2007 la administración de Petersen Farah donó buena parte del terreno, que desde principio de los setenta había venido ocupando el parque Mirador Independencia, a la asociación civil Guadalajara Capital Cultural (primero, como ya quedó dicho, para la pretendida sede mexicana del Museo Guggenheim y, al fracaso de éste, para el llamado BMAMC) se dijo con todas sus letras que aquella iba a ser la única aportación que el gobierno municipal haría al proyecto museístico de recambio. Y ese mismo “ya no habrá más” se repitió tres años más tarde, cuando el entonces alcalde priista, Aristóteles Sandoval, reconfirmó la donación del terreno del desahuciado parque. La nota discordante la dio la administración de Ramiro Hernández, que en 2013 anunció una partida presupuestal del municipio por 15 millones de pesos para dicho proyecto.
Ahora la historia se vuelve a repetir con el reciente anuncio del alcalde Enrique Alfaro, quien no conforme con refrendar el despojo a los tapatíos –y en particular a los vecinos del norte de la ciudad– de una parte de un parque público, informa que su administración planea entregar 30 millones de pesos para ese descocado proyecto museístico, el cual representa un mal cierto (la mutilación del parque mencionado y el despilfarro de otros 30 millones de pesos) a cambio de un bien incierto (las presuntas legiones de turistas que llegaría a Guadalajara para ver el BMAMC).
Estos es lo que sencillamente y en buen romance se llama meterle dinero bueno al malo.