Niños hostilizados

Los padres de familia con hijas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales se organizaron para exigir a las autoridades educativas que incluyan el tema de la diversidad sexual en los libros de texto gratuito, ya que actualmente sus hijos son hostigados y discriminados en las escuelas por falta de este tipo de educación. Están conscientes de que el Frente Nacional por la Familia ejerce una presión para vetar los nuevos contenidos, pero se dicen dispuestos a perseverar en este esfuerzo para educar también a las autoridades, los maestros y a otros padres.

A raíz del reciente ordenamiento del presidente Enrique Peña Nieto que pide incluir la educación sobre diversidad sexual en las escuelas, los padres de familia aglutinados en la organización Cuenta Conmigo tienen una petición escrita dirigida al secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, para que incluya lo más pronto posible estos contenidos educativos en los libros de texto.

En su documento también le piden a Nuño que los profesores y los mismos padres de familia reciban la “capacitación necesaria” y la “información adecuada” sobre la “diversidad sexual”, a fin de que los niños “desde pequeños vean y vivan la sexualidad como algo normal de manera libre y responsable”.

Lina Pérez Cerqueda, presidenta de Cuenta Conmigo, aclara de entrada: “Nuestra asociación civil está conformada por padres de familia heterosexuales que educaron a sus hijos dentro de la heterosexualidad. Sin embargo, estos niños y adolescentes resultaron ser LGBT, por lo que están padeciendo una fuerte discriminación en sus escuelas, donde la educación que se imparte sataniza toda orientación sexual distinta a la heterosexual.

“La escuela es la institución encargada de preservar y transmitir los aprendizajes. Pero la educación que imparte en materia de sexualidad está muy estereotipada: divide a los alumnos en filas de niños y niñas; los obliga a llevar uniformes y corte de pelo acorde a estas dos categorías; la misma presión ejerce en las prácticas deportivas y recreativas.

“Esta formación temprana resulta muy dañina porque fomenta la discriminación en base a la genitalidad. El niño tiene pene y debe ser fuerte y rudo; si se sale de esta patrón padece bullying y se convierte en el ‘jotito’ o el ‘mariconcito’. Y las niñas, que por tener vulva deben ser frágiles y sumisas, son llamadas despectivamente ‘marimachas’ o ‘machorras’ cuando no encuadran en el esquema”.

–¿Los padres de familia de estos niños se ven muy afectados?

–Por supuesto. Muchas veces ellos mismos son quienes empiezan por rechazar a sus hijos, o bien tienen fuertes sentimientos de culpa porque piensan que los maleducaron. Es muy común que digan: ‘Mi hijo se volvió homosexual porque lo ponía a lavar platos o a hacer otras labores domésticas destinadas a las mujeres’; cosas totalmente falsas ligadas al prejuicio de que la homosexualidad se contagia.

“En la organización les impartimos talleres a ellos y a sus hijos para que superen estos sentimientos. Les hacemos ver, por ejemplo, que la homosexualidad ya fue sacada de la lista de enfermedades siquiátricas. Desde 1999 abrimos este espacio y empezamos a trabajar con un equipo de sicólogos. Ha sido una tarea muy difícil por la cultura machista que predomina en México”.

Sexóloga y sicóloga, Pérez Cerqueda señala que, aparte de Cuenta Conmigo, hay en el país otras agrupaciones que están trabajando con padres de familia que tienen hijos LGBTI discriminados en sus escuelas.

Menciona  a la Asociación Condesa, de la Ciudad de México; Colega, de Guadalajara, y Ser Gay, de Aguascalientes, entre otras. Todas ellas mantienen relación con la Federación Internacional de Familias por la Diversidad, que realiza congresos internacionales cada tres años.

Dichas organizaciones de padres de familia se están sumando para exigir los citados cambios educativos a raíz de que el pasado 17 de mayo, en Los Pinos, el presidente Peña Nieto lanzó su iniciativa para darle reconocimiento al matrimonio gay y a la vez instruyó a Aurelio Nuño para que incluya el tema de la diversidad sexual en los libros de texto gratuitos.

De ahí que, por lo pronto, Cuenta Conmigo le haya escrito esta carta a Nuño pidiéndole que cumpla con las instrucciones presidenciales.

No desalienta a sus integrantes el hecho de que el propio Nuño haya dicho que por lo pronto no modificará los libros de texto, ni que los diputados federales hayan votado contra la iniciativa presidencial que impulsa las bodas gay.

Dice Pérez Cerqueda: “Antes de enviarle nuestra petición a Aurelio Nuño, estamos recabando firmas de apoyo de padres de familia, maestros y simpatizantes en general. Queremos ser una fuerza contraria a la de los grupos conservadores aglutinados en el Frente Nacional por la Familia (FNF) que, valiéndose de mentiras, señalan que la homosexualidad se contagia y realizan movilizaciones homofóbicas para que no se cambien los libros de texto”.

–Sin embargo Aurelio Nuño, presionado por el frente, ya ha dicho que no incluirá en los libros el tema de la diversidad sexual –se le plantea a la sicóloga.

–Sí, está cediendo a las presiones de esos grupos alentados por la Iglesia. Pero aún así nosotros intentamos abrir brecha. Seguiremos luchando para que se cambien los contenidos educativos. Si no se cambian para el ciclo escolar 2017-2018, insistiremos en que las modificaciones se hagan para el ciclo 2018-2019.

“El cambio será importantísimo porque ayudará a erradicar la discriminación, sobre todo en la escuelas primarias y secundarias, ya que la orientación sexual la descubrimos generalmente cuando el niño comienza la primaria. A nuestros talleres acuden, acompañados por su padres, niños y adolescentes que sufren mucha discriminación, impuesta incluso por los mismos planteles educativos”.

Represión institucional

Cuando Yoalli Lora Velázquez tenía 14 años y estudiaba en la secundaria Ana María Berlanga, ubicada en la colonia Santa María la Ribera, sus maestros se escandalizaron al descubrir que no sólo era lesbiana sino que además tenía novia. Las autoridades escolares citaron a sus papás, Israel Lora y Karla Velázquez, quienes cuentan a Proceso:

“En la secundaria nos recibió una orientadora. Nos comentó que nuestra hija tenía un grave problema. No hallaba cómo decirnos en qué consistía. Estaba muy nerviosa. Le daba vueltas y vueltas al asunto, hasta que le dijimos: ‘Si usted quiere informarnos que nuestra hija es lesbiana, no se preocupe, nosotros ya lo sabemos y eso no nos causa ningún problema’.

“En la escuela todavía quedaron más sorprendidos por nuestra postura, porque pensaban que castigaríamos a nuestra hija. Pero al ver que la apoyábamos nos estuvieron presionando para que la sacáramos de la escuela, principalmente la directora, María del Carmen Suárez Ochoa, quien además implementó medidas fuertemente discriminatorias contra nuestra hija con el fin de mantenerla aislada de sus compañeras para dizque no pervertirlas”.

La misma Yoalli, actualmente de 16 años, relata en qué consistieron esas medidas represivas:

“En la escuela me prohibieron tocar a mis compañeras. Ningún contacto físico debía tener con ellas. Siempre había una persona que me estaba vigilando. No podía ir sola ni siquiera al baño”.   

Ante esto, la familia de Yoalli se quejó ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), que finalmente falló a favor de la niña y le exigió a la secundaria Ana María Berlanga le pidiera una disculpa pública.

El 5 de octubre de 2015, en el patio de la secundaria, ante todos los alumnos y profesores, además de representantes del Conapred y de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se llevó a cabo el acto de disculpa.

Ahora Yoalli estudia el bachillerato en el Instituto Nacional de Bellas Artes: “Voy en primer año. Pienso dedicarme a algo relacionado con el arte”, dice.

A su vez, la señora María, con residencia en Toluca y madre de una niña transexual de 10 años, relata su caso:

“A mi hijo desde los dos años le gustaba jugar con muñecas. Al principio no le hicimos caso. Nos empezamos a preocupar cuando empezó a ir a la escuela y a llevarse sus muñecas Barbie, a comprarse lápices de corazoncitos y vestirse de color de rosa. No quería ponerse el uniforme escolar de niño; nos decía que quería ser niña y vestirse como tal.

“Lo llevamos con un sicóloga de Toluca. Nos dijo que nuestro hijo tenía tendencias homosexuales. Luego acudimos a Cuenta Conmigo y nos precisaron que más bien era una niña transexual y que la tratáramos como tal. Pero surgía un problema: ¿cómo asistiría a la escuela?

“Por fortuna encontramos una primaria donde la directora le permite ir vestida de niña, formarse en la fila e ir al baño de niñas. Sólo la directora lo sabe, nadie más. Mi hija va en quinto año y tiene 10 años. Ahorita estoy en el juicio para cambiarle formalmente de nombre: se llamará Sofía Fernanda. Ojalá y en el futuro las cosas sean más fáciles para las niñas trans”.

La señora María muestra orgullosa una fotografía de su hija: aparece sonriente con sus libros bajo el brazo, vestida con su falda escolar, zapatos y tobilleras.

También comparte su experiencia la señora Cristina, madre de un chico transexual que nació con sexo femenino:

“Desde pequeña, a mi hija Ana le gustaba jugar con juguetes de niño, sobre todo con automóviles y con el muñeco Max Steel. A los seis años me empezó a decir que le gustaban las mujeres. Luego comenzó a vestirse como hombre, de pantalones vaqueros y camisas a cuadros. Yo tenía la esperanza de que ya en la adolescencia se asentaría en su identidad de mujer.

“Pero no fue así. A los 13 años Ana me dijo que era lesbiana y que le gustaba una niña de su secundaria, a la que le mandaba cartas de amor. Los padres de esta niña descubrieron las cartas y fueron a quejarse a la escuela, de donde me mandaron llamar para decirme que mi hija estaba pervirtiendo a sus compañeras de clase. Ana quedó marcada y estigmatizada. En la escuela la apodaban Lesbi-Ana. Yo sentía muchísima vergüenza y culpa.   

“Acudí a Cuenta Conmigo. Reparamos en que no era precisamente lesbiana, sino un chico trans. Actualmente  tiene 21 años y ya se hizo la mastectomía. En todos sus documentos oficiales hoy se llama Héctor”.

La señora Julieta cuenta los sufrimientos que su hijo gay tuvo que pasar en la escuela:

“Él siempre fue muy emotivo y sensible. Sus compañeros de clase siempre le decían: ‘Compórtate como hombre, tienes que ser rudo, no seas puto’.  Esto provocó que escondiera sus sentimientos y se volviera muy retraído. Lloraba mucho, se aisló de sus compañeros, no iba a fiestas ni a reuniones.

“Tenía 13 años cuando lo descubrí viendo fotografías de hombres desnudos. Le pregunté: ‘¿Te gustan los hombres?’. Y él me contestó, turbado: ‘No sé qué me pasa’. Ahora tiene 20 años y estudia en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, donde la mayoría son hombres. Incluso ahí lo discriminan por su manera de vestir, pero ya asumió plenamente su homosexualidad en este entorno homofóbico”.

Doble calvario padeció Violeta, madre de un chico y una chica; él homosexual y ella bisexual. Relata:

“Cuando mi hijo me comentó que era homosexual, lo empecé a rechazar. Ni siquiera dejaba que se me acercara. Hasta llegué a llamarlo ‘maricón’. Y ahora, para colmo, apenas en marzo pasado mi hija me confesó que le gustan los hombres y las mujeres, que es bisexual. Siento mucha rabia con la vida por ese motivo.

“Si a mí como madre me provocaron rechazo, ya se imaginará el rechazo y la discriminación que tuvieron y tienen que vivir en la escuela y en su entorno social. Mi hijo entró a estudiar la carrera de administración y mi hija acaba de terminar la prepa. Por sus preferencias sexuales siempre han estado en desventaja frente a sus compañeros de estudio. Yo estoy empezando a aceptar la situación. Ojalá y algún día en las escuelas también ocurra lo mismo”.

El actual director de Cuenta Conmigo, el psicólogo Hugo Bautista López, es un joven homosexual de 32 años que se dedica a dar terapia a niños y adolescentes discriminados en sus escuelas, ya que él padeció lo mismo. Refiere:

“A mí también me tocó vivir ese ambiente hostil de las escuelas mexicanas, donde los profesores permiten el escarnio contra los niños y niñas que no son heterosexuales. Y la hora del recreo es la de mayor vulnerabilidad, porque quedamos más expuestos a las burlas de todos. ¡Son terribles los recreos! Esto es cotidiano y muy común en las escuelas. Se ve como algo normal.

“Quienes tenemos una preferencia sexual distinta, si no queremos quedar tan expuestos al bullying debemos socializar mucho menos, vivir más aislados y esconder nuestros sentimientos. Yo, por ejemplo, me atreví a salir del clóset hasta que llegué a la preparatoria”.

Bautista López y Pérez Cerqueda, los directivos de Cuenta Conmigo, reiteran que, pese al repliegue de la SEP por los embates de la Iglesia católica, opuesta a abordar el tema de la diversidad sexual en las escuelas, las organizaciones de padres de familia a favor de estos cambios seguirán insistiendo en sus propuestas:

“Deben modificarse los libros de texto, como también debe capacitarse a los profesores e informar a los padres de familia sobre estos temas. Es la única manera de combatir esta discriminación tan arraigada en México”, enfatizan.