Huele y no a jazmín

En la historia política de nuestro país, los casos en que un gobierno ha conseguido consensos entre los distintos sectores de la sociedad se cuentan con los dedos de una mano y, como se acostumbra decir, sobran dedos. Uno de esos casos excepcionales fue la expropiación petrolera que encabezó el presidente Lázaro Cárdenas en 1938, cuando hasta la jerarquía católica mexicana se sumó a esa causa y llegó al punto de instalar cepos en los templos para recibir las aportaciones de sus feligreses destinadas a pagar los bienes confiscados a las empresas extranjeras que habían venido usufructuando la riqueza nacional de hidrocarburos.

Pero lo común ha sido que equis medida gubernamental, por buenas o por malas razones, suscite resistencias de toda índole –lo mismo en el ámbito federal que en el local, o en el legislativo y aun en el judicial–, primero entre las llamadas fuerzas vivas y también entre otros sectores de la llamada sociedad civil, ya sea porque alguno de ellos se sienta agraviado por dicha medida o porque esté convencido de que se trata de una pifia gubernamental, o también porque vea en ello una ocasión propicia para llevar agua a su molino, es decir, a su causa particular.

Los distintos planes y proyectos que ha venido promoviendo Enrique Alfaro durante el año y un mes que lleva en el gobierno de Guadalajara, no tenían por qué ser la excepción, máxime cuando no son pocos los adversarios políticos y los desafectos ídem que tiene el alcalde tapatío y quienes, junto con otros acomedidos, están más que deseosos de echar una buena cáscara de plátano al paso del susodicho, a quien ya ven en el camino a la gubernatura de Jalisco en el cada vez más próximo año 2018.

Lo anterior, sin embargo, y más allá de las inevitables disputas políticas que se han dado y se seguirán dando en la arena política de la comarca –donde para muchos el rival a vencer en el presente y en el futuro inmediato es precisamente el verdadero líder regional de Movimiento Ciudadano– no invalida algunos de los señalamientos y las críticas que hasta ahora y de manera persistente se le han venido haciendo a la administración alfarista, comenzando por la resurrección del megaproyecto inmobiliario Iconia, en la zona norte del municipio, cerca del Zoológico Guadalajara.

Entre los puntos más cuestionables de este proyecto, concebido hace ya nueve años, a comienzos de la administración del panista Alfonso Petersen Farah, está la pretensión de enajenar un valioso terreno de alrededor de 13 hectáreas, propiedad del municipio tapatío, entregándoselo primero a un consorcio inmobiliario español y posteriormente, por interpósita persona moral, a un grupo empresarial mexicano, en una transacción más que ventajosa para dichos corporativos pero no para la sociedad tapatía, la cual vería perderse una parte significativa de la cada vez más escasa reserva territorial de la capital del estado, a cambio de algunas obras de mediana importancia y aun contraproducentes, como la construcción de una pretendida edificación cultural de sintaxis alrevesada: Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.

Las resistencias a este descomunal proyecto inmobiliario, surgidas desde la sociedad civil, aparecieron desde el momento mismo en que fue dado a conocer, en 2007, con el nombre de Puerta Guadalajara, proyecto promovido por el consorcio español Mecano. Vale aclarar, sin embargo, que si la obra no pudo realizarse en su momento se debió fundamentalmente a la crisis económica que España comenzó a padecer por entonces, pues el cabildo tapatío que encabezaba Petersen Farah (quien ahora ha vuelto al Ayuntamiento de Guadalajara, pero en calidad de regidor) ya había aprobado la desfavorable enajenación del mencionado terreno.

Con las administraciones priistas de Aristóteles Sandoval y en seguida de Ramiro Hernández, el proyecto de marras siguió en la congeladora, con excepción de un amago pasajero que se dio durante el trienio del último de los mencionados, sin que ni una ni otra le diera continuidad o hubiera sido capaz de reclamar el valioso predio, a fin de reintegrarlo al patrimonio municipal de Guadalajara. Los dueños de Mecano, que por entonces pasaban las de Caín con la crisis económica que se hizo sentir en su país, discurrieron vender sus “derechos” negociados a un grupo empresarial mexicano, que ahora es el “dueño” de esos presuntos derechos de propiedad.

En el primer semestre del año pasado, ante esta paralizante y a todas luces anómala situación, el entonces candidato a la Presidencia Municipal de Guadalajara por Movimiento Ciudadano (precisamente Enrique Alfaro) no se ahorró críticas para dicho proyecto, pronunciándose por la cancelación del mismo y también por que la comuna tapatía recuperara el extenso terreno ubicado en el cruce de la Calzada Independencia y el Periférico Norte. Sin embargo, poco después de tomar posesión del cargo, su opinión del multirreferido proyecto inmobiliario, que de Puerta Guadalajara fue rebautizado como Iconia, cambió radicalmente, hasta el punto de declararse a favor de su realización y no sólo desestimando los cuestionamientos que se le hacían al mismo, sino integrándolo a otra serie de proyectos a realizarse en esa zona del norte del municipio.

Así fue como de pronto Alfaro y compañía sorprendieron a propios y extraños con el llamado Plan Maestro de Huentitán, donde entre otras obras de “mejoramiento urbano”, aparecía y sin mayor disimulo, una versión ampliada del proyecto Puerta Guadalajara-Iconia, en el cual el grupo inmobiliario promotor no sólo podría construir las acordadas y temidas torres de vivienda, sino obras de presunto beneficio social, incluido el avance del ya mencionado Barranca Museo de Arte Moderno y Contemporáneo (BMAMC), que no figuraba en el proyecto original, en la medida que era completamente distinto, y que, aun cuando surgió también durante la administración municipal de Petersen Farah, tenía antecedentes en el fallido Museo Guggenheim de México.

¿A qué obedeció esta vuelta de 180 grados de Alfaro? ¿Por qué lo que en campaña le había parecido un estuche de porquerías, una vez ganada las elecciones y en posesión del cargo, se convirtió en un estuche de monerías? ¿Tuvo algo que ver en esta vuelta en U el hecho de que el relanzamiento de Iconia y sobre todo en el Plan Maestro de Huentitán, particularmente en BMAMC aparecieran los intereses de un grupo de influyentes empresarios de la comarca, entre ellos los del dueño de un conocido diario de la localidad, de nombre El Informador, así como los de otros hombres y mujeres de negocios, asociados en la agrupación Guadalajara Capital Cultural, quienes han venido jugando el papel de mecenas, pero de mecenas fementidos, pues sus gestiones como presuntos protectores de las artes no caminan sin las muletas de papá gobierno?

¿Cómo no pensar que el alcalde de Guadalajara haya calculado que políticamente le conviene halagar a ese grupo de falsos mecenas, pensando en su presente pero sobre todo en futuro político, que incluye la posibilidad de la gubernatura de Jalisco, aun cuando para ello tuviera que desdecirse a sí mismo y descalificar a los impugnadores de Iconia, del BMAMC (para el cual, por cierto, el alcalde Enrique Alfaro anunció un desembolso de 30 millones de pesos de fondos públicos) y otros apartados del Plan Maestro Huentitán que no concitan al consenso social?

En este caso, vale uno de los más famosos dichos del Quijote: huele y no a jazmín.