Cuenta regresiva de 2016

A quererlo o no, ya empezó la cuenta regresiva de este agonizante año, que no obstante las cuentas alegres –y los cuentos ídem– hechas tanto por el gobierno federal como por las autoridades locales, va a cerrar con resultados deficitarios en muchos órdenes de la vida pública, comenzando por la economía y la seguridad, los cuales han ido acusadamente a la baja para desgracia de la inmensa mayoría de mexicanos. Porque, a pesar del optimismo huero del gobierno de Enrique Peña Nieto y también del primer mandatario de la comarca jalisciense, Aristóteles Sandoval Díaz, la depreciación del peso con respecto al dólar y otras divisas es algo que se ha resentido gravemente en el poder adquisitivo de quienes vivimos en esta parte del mundo.

Así, por ejemplo, a comienzos de este sexenio (allá a fines de 2012 y principios de 2013) el precio del dólar no llegaba a los 15 pesos y el del euro a los 17, y en la actualidad ambas monedas se cotizan por encima de los 20 y los 22 pesos, respectivamente, lo que significa una caída del peso en un orden cercano al 40%, algo que resulta grave para una economía tan dolarizada como la nuestra y que se refleja en precios considerablemente más altos en los principales bienes de consumo y no sólo en las gasolinas, para las cuales, según los pronósticos de varios expertos, todavía se espera un aumento entre 15 y 20% para comienzos del próximo año, es decir, en apenas un par de semanas.

Y por lo que hace a la seguridad pública, a estas alturas del sexenio federal y también del estatal las cosas no están mejor que hace cuatro años, cuando tanto Peña Nieto como Sandoval Díaz llegaron con el compromiso de cumplir cabalmente con esta demanda de sus gobernados. Pero transcurridas ya las dos terceras partes del mandato de ambos funcionarios, a quienes ahora les resta apenas un par de años para entregar sus respectivos cargos, están muy lejos de cumplir con tal compromiso. Por lo menos, así se los ha hecho saber la sociedad, repetidamente y de muy variadas formas, comenzando por el resultado de las elecciones tanto de 2015 como de junio de este año, cuando al partido en el gobierno le fue como le suele ir al Diablo con San Miguel en las pastorelas.

En honor a la verdad y por lo que parece, la actual administración estatal de Jalisco únicamente podrá ver cumplida una sola de la infinidad de promesas hechas al calor de la campaña electoral de 2012: la construcción de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano, una obra de gran importancia y que se encuentra en proceso, pero que, por cierto, es hechura absoluta del gobierno federal, lo que significa que en este caso Aristóteles Sandoval y colaboradores no figuran para nada y son como los mirones en el dominó (de palo y sin voz ni voto), pues los funcionarios de la Secretaría de Comunicaciones y Transporte, al estilo de la célebre canción de Paul Anka, han venido haciendo las cosas a su manera, sin tomar para nada en cuenta la opinión de las autoridades locales y mucho menos los muy razonables señalamientos surgidos desde la sociedad civil, los cuales han sido ninguneados repetidamente.

Todo lo demás que se esperaba de este gobierno, por la sencilla razón de que se había comprometido a ello (la puesta en marcha de la multicacareada Ciudad Creativa Digital; la garantía de una fuente alterna de agua potable para la zona metropolitana de Guadalajara, así como conclusión de la infraestructura necesaria para sanear el 100% de las aguas residuales de la capital tapatía; resolver el embrollo de ese costosísimo absurdo llamado Villa Panamericana; restituirle a la Secretaría de Cultura el porcentaje del 1.0% del presupuesto estatal que tuvo en su primera etapa, a principios de los años noventa, y entre otras numerosas promesas de campaña, la creación de empleos bien remunerados), quedará como algo parecido al título de la famosa la novela de Margaret Mitchell (Lo que el viento se llevó) o, lo que es lo mismo, no pasará de ser puro jarabe de pico.

Por lo pronto, en el cierre de este su cuarto año en funciones, ni el gobernador ni sus colaboradores tienen mucho para escribir a casa, fuera de la “sugerencia” que el primero le hizo al tristemente célebre magistrado Luis Carlos Vega Pámanes, a fin de que renunciara a la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco y, más recientemente, de la petición hecha a su subalterno Hugo Alberto Michel, subsecretario de Finanzas, para que desistiera en su propósito de ser el nuevo titular de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco, esto para no incurrir en un claro conflicto de intereses, pues de haber sido elegido por los diputados locales como relevo de Alonso Godoy Pelayo, el señor Michel iba a pasar, de manera súbita, de ser parte de un gobierno que debe ser auditado de manera independiente a convertirse en un fiscalizador a modo, es decir, rodeado por la sospecha.

Pero fuera de esta que ha sido la comidilla de las últimas semanas en la comarca, la mayoría de las dependencias estatales se han limitado a tratar de sobrellevar un estilo de gobierno de bajo perfil, con funcionarios que han optado, ya sea por consigna o por convicción, a sobrellevar las cosas, muy a tono con la abollada administración de Peña Nieto, como si no se quisieran hacer responsables de la inminente época de vacas flacas que habrá de recrudecerse a partir del año entrante, no sólo con severos recortes presupuestales, sino con un encarecimiento de varios de los principales bienes de consumo. Una de las contadas excepciones de ese asordinado estilo de gobernar sería Eduardo Almaguer, quien repetidamente ha sido noticia a lo largo del año, pero no por un buen desempeño al frente de la Fiscalía General de Jalisco.

Tal vez porque se le cuecen las habas en sus aspiraciones políticas o porque su personalidad sea la de tirar rostro, el caso es que el funcionario de marras no ha perdido ocasión a lo largo de este agonizante 2016 para tratar de hacerse notar, ya sea con el pretexto del videoclip de un cantante de banda llamado Gerardo Ortiz, o del atentado que un exmilitar perpetró en las instalaciones de la Fiscalía General y el cual le costó la vida a varias empleadas de la dependencia y al mismo victimario, o del recalentado caso del director técnico de futbol Ricardo Antonio La Volpe, a quien hace un par de años se acusó de presunto hostigamiento sexual a una empleada del equipo Guadalajara, motivo por el que el fiscal general solicitó recientemente, aunque de manera infructuosa, una orden de detención del estratega futbolístico. Y aun cuando la solicitud fue denegada por un juez, el señor Almaguer no desaprovechó la ocasión para volver a figurar en los medios.

Y por lo que hace a alcaldes, diputados, magistrados, mandos políticos de la Universidad de Guadalajara, cúpulas empresariales y el resto de las fuerzas vivas de la comarca, el cierre de este año no es muy distinto del anterior, pues la tónica dominante ha vuelto a ser una que es de sobra conocida y en la cual nuestros presuntos servidores públicos ven antes que otra cosa por sus propios intereses, echando choro a destajo, hablando de planes y proyectos de toda laya, haciendo infinidad de promesas que saben bien que rara vez podrán cumplir, y con pocas realizaciones y sobre todo de un verdadero beneficio de alcance social.

No obstante lo anterior, cada vez más son más las personas que conforman una sociedad como la nuestra –más descreída o menos crédula– y saben de sobra que no hay que pedirles peras al olmo o, lo que sería lo mismo, que no se debe esperar demasiado de nuestras autoridades y, por lo tanto, hay que tratar de salir adelante con ellas, sin ellas, o a pesar de ellas.