Falsa austeridad

La mayor parte de las medidas con las que el gobierno de Aristóteles Sandoval pretende dizque “hacer frente” a la escalada precios que padecen los jaliscienses, como el resto de los mexicanos, a causa del tristemente célebre gasolinazo, no pasa de ser puro jarabe de pico. Y ello porque, con la excepción a medias del “no aumento y no subsidio a la tarifa del transporte público”, se trata de algo que en la práctica no va a conseguir atenuar el regalito de año nuevo que el presidente Enrique Peña Nieto acaba de darle al pueblo de México, incluido el de Jalisco, donde se fijó el costo más alto para las gasolinas y el diésel. Y como todo mundo sabe, tal obsequio no vino solo, sino envuelto en un considerable aumento también al precio del gas y de las tarifas eléctricas.

De muy poco le va servir a la golpeada economía de los habitantes de esta parte del mundo saber que el jefe de la burocracia estatal planea reducir en “un 50% el presupuesto de gasolina” destinado a vehículos oficiales, “salvo para los operativos como patrullas y ambulancias” (sic) y en el orden de “30% los gastos de comunicación social y eventos de esta índole”. Pero si este pretendido ahorro en combustible, así como en publicidad y propaganda gubernamentales, va a servir de poco para la salud de las finanzas estatales, socialmente representará mucho menos la fementida austeridad de “no aumentar el sueldo de los funcionarios del gobierno estatal”.

Esto último no es sólo una falsa austeridad, sino una soberana burla, pues aun con ese cacareado “no aumento”, los sueldos de la alta burocracia estatal seguirán siendo disparatadamente desmedidos, en el entendido que abarcan un rango que va de los 50 a más de 100 salarios mínimos y ello sin tomar en consideración las jugosas prestaciones, propias de cualquier jeque árabe. Y con un agravante más: la alta burocracia aristotélica ni siquiera va a tener la reducción del 10% que el vituperado Enrique Peña Nieto anunció para los funcionarios federales de los primeros niveles. Dicho de otra forma, esa “austera” medida de “no aumentar el sueldo” es lo que coloquialmente se llama hacerle al Tío Lolo.

Y otras de esas “medidas de austeridad” son todavía más inanes e inciertas, pues no pasan de ser propuestas que a nada comprometen a quien funge como primera autoridad de Jalisco. Por ejemplo, pedir a los titulares de las distintas dependencias estatales que busquen la forma de hacer ahorros en sus respectivas áreas, o anunciar que enviará al Congreso de Jalisco una iniciativa para que “se suprima” el financiamiento a los partidos políticos y a los órganos electorales de la localidad en los años en que no haya elecciones. En el primer caso, tal vez el secretario de Vialidad, Servando Sepúlveda, le pudiera sugerir a su jefe que los agentes motorizados ya no se muevan en motocicletas y menos de gran cilindrada, sino en ecológicas patinetas, lo cual podría servirle de consuelo a la lacrimosa titular de Medio Ambiente, Magdalena Ruiz Mejía, cuyo “avanzado” programa de verificación vehicular fue pospuesto, por no decir que cancelado, por su jefe el gobernador.

En cuanto a la deslumbrante iniciativa de pedir a los integrantes del Congreso local que ¡supriman! –que no únicamente reduzcan– el subsidio público a los partidos políticos en años no electorales, se trata de una ocurrencia que enfrenta un problema múltiple en la práctica: en el muy remoto caso de que los diputados de la comarca quisieran complacer al inquilino de Casa Jalisco y mandar a la mendicidad a sus respectivos partidos políticos (literalmente a talonear recursos para sus organizaciones partidistas), disparándose de pasada en los pies, surgiría otra dificultad nada menor: que el subsidio correspondiente a 2017 –que, en efecto, no es año electoral en Jalisco– ya está asignado oficialmente mediante la Ley de Egresos y se requeriría que los dirigentes de partidos con registro político en el estado, en el plan de buenos samaritanos, devolvieran voluntariamente los cientos de millones de pesos que “por ley” les corresponden.

Y luego, como 2018 sí es año electoral y por lo tanto habría subsidio, la eventual supresión al financiamiento público a las prerrogativas de los partidos tendría que esperar hasta 2019, cuando el ahora gobernador del estado ya huela a cadáver político y los actuales legisladores sean exdiputados. ¿Entonces? Pues nada, que como quedó dicho, esas presuntas medidas de austeridad, anunciadas pomposamente por Aristóteles Sandoval son vil “rollo”, pretendiendo hacerles creer a los incautos que la actual administración estatal, comenzando por el primer mandatario, se solidariza con la sociedad jalisciense y preferentemente “con los más desprotegidos”, y que para ello está predicando con el ejemplo, “apretándose el cinturón” e invitando a otras instancias y organismos oficiales para que hagan lo propio.

Según las cuentas alegres del jefe del Ejecutivo estatal, gracias a tales medidas su administración podría ahorrar anualmente algo así como “mil millones de pesos”, que serían manejados como un “fondo de contingencia” para repartir desde calentadores solares hasta camiones para el transporte escolar entre las comunidades más necesitadas en las distintas regiones de Jalisco, pasando por un mayor número de vales de transporte público para “estudiantes y adultos mayores”. El problema es que con los precarios números que se manejan no salen las cuentas para esa bolsa anual de mil millones de pesos, que quién sabe de dónde vayan a salir, pues aun en el remoto caso en que los partidos políticos aceptaran autoinmolarse financieramente, el tal fondo de contingencia no reuniría esa cantidad.

Tampoco se sabe cómo le va hacer el gobernador de Jalisco para que, no obstante el factor inocultable del gasolinazo, que es “irreversible” (Peña Nieto dixit), las empresas de transporte público de la zona metropolitana de Guadalajara acepten seguir prestando el servicio con la misma vieja tarifa de seis pesos. Ahora los transportistas urbanos –y por supuesto también los foráneos– tienen algo más que un pretexto plausible para pedir un incremento en las tarifas, pues desde el pasado 1 de enero la gasolina y el diésel, que son su principal insumo, son 20% más caros.

No habrá que esperar mucho para ver cómo va lidiar el torero Aristóteles Sandoval, con su ajustado traje de luces y su abigarrada cuadrilla de colaboradores, al búfalo camionero. ¿Seguirá amenazando al ganadero (a los dueños del bicho) con retirarles la concesión? ¿Y si a pesar del amago los camioneros no se amedrentan y, argumentando que el negocio es incosteable comienzan a retirar unidades del ruedo tapatío?

¿Cómo suplirían entonces Curro Sandoval y El Forcado Sepúlveda, con sus respectivos mozos de espadas, esos cientos o tal vez miles de unidades que saldrían de circulación, máxime cuando el primer espada del estado ya anunció la inminente liquidación de la flaca ganadería del Sistecozome, la deficitaria empresa transportista propiedad del estado? ¿O es que a quienes encabezan el cartel no les importa que el público se salga de la plaza, o que los usuarios del transporte público (la mayoría de los tapatíos) se vean afectados, confiando en el aguante de la gente, que pasaría de tener un mal transporte a no tenerlo?

En conclusión, el gasolinazo parece haber despertado en Aristóteles Sandoval sus ansias de novillero, decidiéndolo a convertirse en un buen torero, aunque sea de carretilla y con un capote de utilería, en el que a leguas se puede leer una llamativa inscripción: falsa austeridad.