Hacerle al Tío Lolo

Aparte de ser un año de preocupación para los mexicanos, 2017 también tiene un calendario en el que abundan las efemérides redondas, comenzando por el centenario de nuestra Constitución, la cual a estas alturas luce más deformada que reformada con las cerca de 700 enmiendas (699 para ser exactos) que la han desnaturalizado, hasta el extremo de que el documento actual sería irreconocible para quienes la concibieron hace 100 años. Y ello porque han sido más que frecuentes los cambios irresponsables, mucho de ellos hechos al contentillo de los gobiernos en turno, y entre los cuales el de ahora, el que encabeza Enrique Peña Nieto, lleva mano con centenar y medio (147 para ser precisos), varios de las cuales tanto el morador actual de Los Pinos como sus aliados promovieron a mansalva para sus tristemente célebres “reformas estructurales”.

Debido a lo anterior y a quererlo o no, la celebración que el pasado 5 de febrero encabezó el presidente Peña Nieto no pasó de ser un ceremonial hueco, que rayó en el humor involuntario y también en la cursilería. ¿O cómo entender, si no, que el principal deformador en la historia del texto constitucional –por encima incluso de Carlos Salinas de Gortari– se haya apersonado en el Teatro de la República, en la capital del estado de Querétaro, recinto donde la Constitución fue concebida y promulgada hace un siglo, para hacer un llamado a “la reconciliación nacional”, a “la unidad” del pueblo y el gobierno de México y “en torno a los valores” contenidos en la obra de “los constituyentes? ¿Así o más falso y cursi?

Pero el año en curso también se cumplirán otros aniversarios redondos, algunos de ellos relacionados con nuestra historia, con la vida cultural del país y también de la comarca jalisciense, aun cuando hasta ahora no se sepa qué cosas estén preparando al respecto nuestros administradores –y sobre todo administradoras– locales de las musas y a quienes, por cierto, el año anterior les pasó de noche el sesquicentenario (el siglo y medio) de la inauguración del Teatro Degollado, efeméride que de última hora, el pasado 13 de septiembre, discurrieron “celebrar” recalentando un numerito concebido para otra ocasión: para un “homenaje” a la bolerista jalisciense Consuelo Velázquez. ¡El reciclaje como otra de las bellas artes!

Las celebraciones locales de 2017 van a comenzar este martes 14 de febrero con el cumpleaños número 475 de la fundación de Guadalajara. En otro tiempo (por ejemplo, durante la alcaldía de Gabriel Covarrubias Ibarra, a quien le correspondió presidir los festejos por los cuatro siglos y medio de la ciudad) la celebración incluía publicaciones de los libros que no por ser conmemorativos carecían de interés, la inauguración de un museo, la representación de una ópera, o la presentación gratuita en alguna plaza céntrica de equis figura (s) del rock o del pop con cartel internacional, aparte, claro está, de “las tradicionales Mañanitas”, la repartición de chocolate y picones entre los viandantes, etcétera. En la actualidad, sin embargo, las celebraciones por el aniversario de la ciudad van por el lado: efímeros entretenimientos como ese carísimo “festival de luz” que se anuncia en algunas plazas públicas. ¿Al pueblo pan (dulce) y circo (light)?

El calendario cultural de la región –y también de la nación– debería  tener, entre sus momentos estelares, el 16 de mayo, cuando se cumple el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, el narrador mexicano más grande de todos los tiempos, y a fines de años, la segunda semana de diciembre, cuando se debería estar celebrando el vigésimo aniversario de la declaratoria oficial del Hospicio Cabañas como “patrimonio de la humanidad”,  distinción que la UNESCO concedió a esa excepcional edificación tapatía, concebida a finales de la Guadalajara colonial para atender dignamente a las personas más desvalidas y desamparadas de esta parte del mundo.

En el caso de Rulfo, lo único que se sabe hasta ahora es que los ayuntamientos de Sayula (donde nació el autor de Pedro Páramo), San Gabriel y Tuxcacuesco, así como otras localidades del llamado territorio rulfiano, en el soleado Llano Grande, se está preparando desde hace meses la celebración del más insigne de sus hijos con un programa de lo más variado: caminos, monumentos, casas de la cultura, miradores y otros homenajes de muy distinta laya. Esta celebración intermunicipal podría ser calificada de dispareja y hasta con cosas que coquetean lo ocioso y el kitsch rural, pero no se puede dejar de reconocer que autoridades y fuerzas vivas de la región rulfiana están haciendo algo al respecto. No así en otras partes.

Por ejemplo, ¿y las autoridades de Jalisco? ¿Y las de Guadalajara, donde Rulfo no sólo pasó cinco etapas de su vida, sino donde también realizó todos sus estudios formales (en el Colegio Luis Silva y en el Seminario Conciliar del Señor San José) y donde prácticamente debutó como escritor? ¿Se está preparando algo en la Secretaría de Cultura de Jalisco, o en la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara, o en el Instituto Luis Silva, o en el Seminario Tapatío? ¿O es que piensan dejar pasar esta ocasión única, que ameritaría celebrar por lo más alto a quien ha sido reconocido como el más grande novelista y el más grande cuentista de Jalisco y México, e incluso de todo el orbe hispanoamericano después de Miguel de Cervantes?

Y por lo que hace al vigésimo aniversario de que el antiguo Hospicio Cabañas fuera declarado “patrimonio de la humanidad”, tampoco se ha anunciado alguna exposición relevante en ese recinto. Como ya viene siendo una costumbre, el programa de exposiciones en ese inmueble es más bien rutinario, de medio pelo y, muy de vez en cuando, aparece alguna muestra notable, casi siempre concebida en otra parte y la cual acaba llegando de rebote a alguna de las salas del Cabañas, una institución cultural que desde hace un buen rato pasa por una época de vacas flacas, no sólo ahorcada presupuestalmente un año sí y otro también, sino ahogada igualmente tanto en el aspecto directivo como en el intelectual.

Lo que hasta ahora se ha sabido en torno al Cabañas es más bien motivo de preocupación, pues se habla de que se va a construir en las cercanías del noble inmueble un edificio de gran alzada, una construcción que formaría parte de la nonata y cacareada Ciudad Creativa Digital, hasta el punto de que dicha edificación no sólo desmejoraría el entorno cercano del antiguo Hospicio, sino que podría ser motivo para que la UNESCO le retirara el reconocimiento de “patrimonio de la humanidad”. De ser así, la administración de Aristóteles Sandoval pasaría a la historia como el gobierno que habría conseguido la proeza equívoca de que el Cabañas perdiera la más alta categoría internacional a la que puede aspirar una edificación patrimonial.

Así de extraviadas andan las autoridades de la comarca jalisciense en este 2107, año de aniversarios redondos, ya sea por ignorancia supina o porque confunden la gimnasia con la magnesia, o porque lo suyo, lo suyo, como lo de no pocos funcionarios del gobierno federal, es la demagogia o el rollo o, lo que sería lo mismo, hacerle al famoso Tío Lolo: el aficionado a hacerse maje solo.