Clínicas del IMSS La interminable espera

Pocos derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social en Jalisco hablan bien de él. La mayoría se quejan de la odisea que padecen en las áreas de urgencias, donde deben esperar hasta 12 horas para ser valorados, e incluso días para que los internen. Proceso Jalisco visitó varios hospitales y recogió esas historias del desencanto.

El Instituto Mexicano del Seguro Social tenía 5 millones 316 mil 854 afiliados en 2015 y contaba con 20 Unidades de Medicina Familiar en el estado, así como varios hospitales regionales a los cuales son canalizados muchos de los derechohabientes que acuden al área de urgencia de los nosocomios.

Cuando logran ser atendidos, son enviados al área de Triage para una valoración donde clasifican la gravedad de su enfermedad. Y ahí comienza la tramitología. Una enfermera llena un formato con los datos personales del paciente y anota su presión y su temperatura.

En la parte superior derecha marca un cuadro con una crayola de colores: rojo, que corresponde al nivel 1 y es el de extrema gravedad, por lo que requiere atención inmediata; naranja, nivel 2, es emergencia, e indica que el paciente debe ser atendido en los primeros 10 minutos; amarillo, nivel 3, en los primeros 20 minutos; verde, nivel 4, es poco urgente, y el derechohabiente puede esperar 120 minutos, y azul, nivel 5, considerado como no urgente, por lo que el paciente debe esperar hasta 180 minutos.

Sin embargo, ese protocolo nunca se cumple, según corroboró la reportera en las clínicas que visitó en distintas fechas y horarios donde entrevistó a los derechohabientes, quienes se quejaron del maltrato que reciben de las enfermeras y facultativos. Algunos le dijeron que a veces deben aguardar hasta 12 horas para ser valorados; y aunque requieran atención urgente, ingresan al área de camas tres días después.

En la clínica 52, ubicada en el bulevar García Barragán 1596, frente a la Vocacional de la Universidad de Guadalajara, observó a la madre de una estudiante de ese plantel que se había lastimado un pie durante la clase de educación física y requería atención.

“Al llegar a la entrada de la clínica –cuenta la señora– pregunté en vigilancia si tenía una silla de ruedas para mi hija. No podía caminar, pues tenía el pie muy hinchado. Un empleado me dijo que sólo había una pero no servía. Mi hija y yo tuvimos que caminar hasta el área de urgencias.”

Como no traía el número de filiación del IMSS, la joven fue remitida al área de archivo, donde comenzaron a buscar su número de registro para brindarle atención. Le advirtieron que, si no lo encontraban, le iban a cobrar los servicios. Una vez que localizaron su número de derechohabiente se fue a la sala de espera, donde permaneció cuatro horas, antes de que la atendiera un traumatólogo.

El especialista pidió a la joven tomarse una radiografía para ver la gravedad de su lesión. Para entonces su pie estaba muy inflamado y amoratado. Una vez que le tomaron la placa, el traumatólogo le dijo que tenía un esguince y fractura. Para entonces ya habían pasado seis horas, relata la madre.

Viacrucis cotidiano

Muchos de los pacientes que acuden a urgencias del Hospital Ayala, uno de los más antiguos –actualmente está en remodelación–, han tenido que esperar hasta 12 horas para recibir atención, como Javier “N”, quien a principios de marzo pasado se lesionó una pierna, por lo que acudió con su médico familiar a la clínica 53, ubicada en Zapopan.

Su médico le tomó una placa y le dio siete días de incapacidad y le expidió una hoja de referencia para que fuera al Ayala. Y así lo hizo. Al llegar al nosocomio un enfermero del módulo de clasificación le tomó los datos y le asignó un código azul –no urgente– y le dio la ficha número 40.

Javier llegó a las 13:30 horas y ahí esperó su turno. Observó que sólo había un traumatólogo que demoraba entre 20 y 30 minutos por paciente, con excepción de una mujer politraumatizada, a quien le dedicó 45 minutos.

“Cuando faltaban 10 minutos para las 20:00 horas, el doctor salió de su consultorio y ya no regresó. Una enfermera me explicó que había terminado su turno, pese a que aún había ocho pacientes”, cuenta Javier.

Cuarenta minutos después el personal comentó a los pacientes que el relevo no iba a llegar. Algunos protestaron porque, dijeron, el día anterior les habían hecho lo mismo. Javier volvió con su médico familiar, quien le dio otra hoja con una cita con el especialista en traumatología pero hasta junio.

Luis Fernando Camarena Reyes, otro de los derechohabientes, dice que el personal del Hospital Ayala les advirtió que, ante la falta de especialistas, los auscultaría un médico general. Él tenía un problema en los meniscos y el peroné.

El pie le dolía mucho, dice, por lo que decidió quedarse. A las 23:30 horas –después de 12 horas de tensa espera– abandonó el servicio, enyesado.

Camarena Reyes, quien trabaja en la empresa Coppel, cuenta: “Me tomaron una radiografía y pidieron sacar cita para traumatología; me atendieron mal. Yo necesito estudios de resonancia y otro tipo de tratamiento que me sale como en 6 mil pesos en hospitales privados… No sé qué hacer, pues ya gasté 3 mil 500 en una silla de ruedas.

“El pasado 10 de marzo fui a mi clínica, la 53, y conseguí una cita con el traumatólogo del Hospital Ayala, Gustavo Ramírez. El servicio fue pésimo. Me retiró el yeso y me puso una inyección en el hueso. Luego me dijo: ‘Tú estás bien, puedes regresar a trabajar’. Y me dio cita para julio.”

Camarena Reyes se inconformó. Al día siguiente, el 11 de marzo, fue a su clínica, donde lo enviaron con un traumatólogo, quien lo atendió ese mismo día, pese a que era sábado. El problema, insiste, es que no le realizan los estudios de resonancia que requiere.

Desesperado, fue al Hospital Zoquipan, donde un médico le confirmó que su lesión es de meniscos y peroné. El costo de la resonancia, con 50% de descuento, es de alrededor de 3 mil pesos, más el importe de la cirugía, dice.

Para colmo de males, el pasado Viernes Santo tuvo un accidente en un balneario. “Me cayó encima un muchacho en la alberca y me zafó el hombro –cuenta Camarena–. “Me fui directo al Hospital Ayala y en menos de dos minutos me pasaron con el traumatólogo.

“Me acomodó el hueso en menos de 10 minutos. Fui a la radiografía y esperé como 20 minutos. La revisaron y me dijeron que no era fractura; incluso me dieron una incapacidad de tres días. Me comentaron que regresara a mi clínica, donde me darían más, hasta terminar los 21 días de reposo. Todo fue rapidísimo y excelente. ¡No sé qué decir!”

Más demandas, menos recursos

El área de Traumatología y Ortopedia es la que más demandas tiene en las clínicas del IMSS; tanto, que las citas con el especialista son programadas con dos o tres meses de antelación. En la sala de urgencias, las enfermeras dan prioridad a los pacientes que llegan en ambulancia.

Médicos y empleados de la institución lo admiten: el problema es la falta de presupuesto para contratar personal y dotar de insumos a las clínicas; y se agudiza por el crecimiento de los derechohabientes.

En el Hospital Regional número 89 las vicisitudes se repiten. El jueves 13 por la mañana, en los asientos de la sala de urgencias había varias familias; algunas llevaban ahí uno o varios días. La mayoría se veían cansados.

La reportera se acerca a un joven que acompaña a una anciana y les pregunta:

–¿A qué hora llegaron?

–Antier –responde el joven.

–¿Por qué tanto tiempo de espera?

–A mi hermano le dieron su diagnóstico ayer, pero no hay cama para hospitalizarlo.

–¿Qué enfermedad le diagnosticaron?

–Pancreatitis.

En otra fila está una pareja con su hijo de ocho años, quien duerme en los asientos de la primera hilera. La señora dice que llegaron a las 2:30 de la madrugada: “Trajimos a mi mamá, que se cayó. Venimos desde Ameca”.

–¿Por qué no atendieron a su mamá allá?

–No había (equipo) para sacarle radiografía. Por eso la mandaron aquí, a la 89.

La reportera se acerca a otro señor y le pregunta:

–¿A quién trajo a urgencias?

–A mi esposa… Ella trae un dolor de cabeza desde hace tres días. Ya se tomó varias pastillas de ketorolaco pero no se le quita. Por eso me pidió que la trajera.

–¿A qué hora llegaron?

–A las cinco de la mañana… No sé por qué se tardan tanto en atenderlo a uno. Después de que valoraron a mi esposa con código amarillo tuvimos que esperar una hora y media para que la pasaran al consultorio.

Son las 11 de la mañana y los derechohabientes se impacientan. La reportera observa a una mujer corpulenta con cara de fastidio y, según dice, se le subió la glucosa. Dice que llegó a la una de la madrugada.

–¿Cuánto tuvo que esperar para que la atendieran?

–Cuatro horas.

–¿Tardaron mucho en controlar su glucosa?

–No. Pero tuve que esperar otras cuatro horas para que dieran medicamento. Ya me siento un poco mejor.

Los problemas, aquí y allá

El mismo jueves 13 la reportera visitó el área de urgencias del Hospital Ayala. La escena se repite. Una enfermera regaña a dos derechohabientes porque no llevan el tarjetón del IMSS: “Es la primera y la última vez que se te atiende –le dice a uno de ellos–; además, debiste ir primero a tu clínica”.

Sin embargo, en su página web, el IMSS informa: “en caso de urgencia, puedes acudir al hospital más cercano para solicitar atención aunque no sea el hospital que te corresponda”. Y añade: basta con que el solicitante del servicio muestre “cualquier documento donde aparezca tu número de seguridad social, ya que te ayudará a verificar si estás dentro de la vigencia de derechos y evitará que el servicio te genere algún costo”.

Los dos pacientes presentan una lesión que amerita una valoración del traumatólogo, quien los envía a rayos X, pero resulta que en la ventanilla correspondiente no hay nadie que los atienda.

También está un obrero de una constructora que se lastimó la cadera cuando levantó unos rotomartillos. El ingeniero de la obra lo llevó al Ayala, aunque a él le corresponde la Clínica 2.

–¿Le dio buen trato la enfermera que lo valoró? –le pregunta la reportera.

–No, incluso me regañó porque no traía el tarjetón. Y pese a que no puedo caminar, me dijo que debí haber ido directamente a mi clínica. También me advirtió que era la última vez que me atendía sin tarjetón.

En la misma sala está una mujer con una lesión en su mano izquierda. Dice que labora en una fábrica de calzado.

–A usted, ¿cómo le fue?

–La enfermera me dijo que debí irme a la Clínica 2. Le dije que no tenía caso, si de todas formas de allá me iban a mandar para acá. Se siente uno mal, trae uno dolor y salen con sus cosas.

Otro señor espera ser valorado por el traumatólogo, pues tiene un dolor en su hombro tras una caída.

–¿Lleva mucho tiempo esperando?

–Como 20 minutos.

–¿Ya había venido antes a urgencias?

–Una vez acompañé a mi esposa, que por cierto trataron muy mal. Ella sentía náuseas y dolor de cabeza a causa de la hipertensión. Llegamos a las seis de la tarde y nos atendieron hasta las siete de la mañana del día siguiente. ¡13 horas después!

Y aunque en su sitio web, el IMSS califica como urgencia a “todo problema médico o quirúrgico que pone en peligro la vida, un órgano o una función y requiere atención inmediata”, en sus clínicas nunca se cumple ese protocolo.