El populismo se afianza

Más allá del resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo este domingo 23, queda claro que llegó a su fin el bipartidismo que había prevalecido en Francia durante las últimas tres décadas. Más aún, el populismo se posiciona en el país y candidatos de derecha e izquierda exacerban los ánimos, atizan los odios y atacan sin rubor dos principios básicos de la democracia: la libertad de prensa y la independencia de la justicia.

PARÍS.- Un clima electoral jamás experimentado durante la V República, instaurada en 1958 por iniciativa de Charles de Gaulle, prevalecía en Francia en vísperas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, que se realizarán este domingo 23.

Todos los sondeos de opinión coincidían: cuatro candidatos –Marine le Pen, lideresa del ultraderechista Frente Nacional; François Fillon, de la corriente más conservadora de partido de derecha Los Republicanos; Emmanuel Macron, del movimiento social liberal En Marcha, y Jean-Luc Mélenchon, del movimiento de izquierda radical La Francia Insumisa– contabilizaban (cada uno) alrededor de 20% de las intenciones de voto y podían así aspirar a calificar para la segunda vuelta, que se realizará el próximo 7 de mayo.

Pero más allá de los resultados de la primera vuelta, este caótico proceso electoral no deja de plantear interrogantes.

Las elecciones primarias del Partido Socialista y de Los Republicanos pusieron en evidencia la gravedad de las divisiones internas de estas dos formaciones políticas que llevan tres décadas sucediéndose en el poder.

El más golpeado es sin duda el Partido Socialista (PS). Una verdadera guerra de guerrillas interna encabezada por el entonces primer ministro, Manuel Valls, obligó al presidente François Hollande a no presentarse en las elecciones primarias. Luego se desató una lucha sin cuartel entre los siete candidatos, divididos en dos corrientes: una socialdemócrata –liderada por Valls– y otra de izquierda más tradicional representada por Benoît Hamon.

Valls se notaba seguro de ganar, pero los electores socialistas escogieron a Hamon, manifestando así su rechazo al quinquenio de Hollande y del social-liberalismo.

No pararon allí los enfrentamientos internos. Sin respetar su promesa de apoyar al vencedor de las primarias fuera quien fuera, los reformistas liberales del PS dieron la espalda a Hamon. Por si eso fuera poco, varios de ellos hicieron público su apoyo a Emmanuel Macron. Entre éstos destacan Manuel Valls y Jean Yves Le Drian, quien renunció a su cargo de ministro de Defensa para involucrarse en la campaña del líder de En Marcha. Hollande, por su parte, se quedó callado a lo largo ésta. Una sola vez, más sibilino que nunca, el todavía presidente dio a entender su preferencia por Macron, sin mencionar al candidato por su nombre.

El resultado no se hizo esperar: en vísperas de la primera vuelta Hamon a duras penas reunía entre 7.5% y 8% de las intenciones de voto.

¿Sobrevivirá el PS a semejante
desmoronamiento?

Siete candidatos también compitieron en las primarias de Los Republicanos (LR). Entre ellos se erguía Nicolas Sarkozy, íntimamente convencido de su pronto regreso al Palacio del Elíseo. Los analistas, por su parte, privilegiaban a Alain Jupé, de la corriente de centroderecha de LR, pero el electorado más derechista se salió con la suya y optó por Fillon, creando un profundo malestar en el seno del partido.

Ese malestar se convirtió en trauma cuando la prensa empezó a sacar información demoledora sobre presuntos delitos de corrupción perpetrados por Fillon y su familia. Tan graves y documentadas fueron las acusaciones que la Fiscalía Nacional Financiera abrió una investigación –que actualmente sigue en curso– contra el candidato y su esposa.

Fillon, el autoproclamado “candidato pulcro dispuesto a moralizar la vida política gala”, empezó por negar los hechos y luego se comprometió a renunciar a su candidatura en caso de ser investigado.

Pero quien fuera primer ministro en el gobierno de Sarkozy reculó a la hora de cumplir su palabra. Se burló de todas las maniobras que sus “compañeros” de partido desplegaron para sacarlo de la jugada, y el pasado 5 de marzo los retó con un mitin al que acudieron 100 mil partidarios suyos en la explanada del Trocadero, a dos pasos de la Torre Eiffel.

La corresponsal asistió a esa demostración de fuerza que se dio bajo una lluvia torrencial y en la que Fillon puso a la multitud en estado de histeria con ataques de una violencia inédita contra los jueces y los medios de comunicación acusados de complotar en su contra.

Jamás en medio siglo de vida política francesa un líder de la llamada derecha tradicional se había desatado en una forma tan brutal contra dos principios fundamentales de la democracia: la independencia de la justicia y la libertad de la prensa. Peor aún: Fillon siguió con esa línea política a lo largo de su campaña compitiendo con Marine le Pen que lleva años lanzando diatribas contra jueces y periodistas.

Los dirigentes de LR capitularon ante la determinación de Fillon. Lo hicieron también porque les faltaba tiempo para lanzar a otro candidato. Pero se mantuvieron a distancia prudente de él. Sarkozy anunció escuetamente en un video que apoyaba a “su exprimer ministro” sólo tres días antes de la primera vuelta, mientras que Alain Jupé aceptó aparecer públicamente con él una sola vez, el pasado miércoles 19.

¿Sobrevivirá LR a esa crisis y a los ajustes de cuentas que se vislumbran? ¿Será 2017 el año del ocaso del Partido Socialista y de Los Republicanos?

Se atizan los odios

El hecho de que tres de los cuatro “principales” candidatos que se enfrentaron en vísperas de la primera vuelta electoral no pertenezcan al dúo tradicional “partido de derecha-partido socialista” es muy revelador de la pérdida de credibilidad de estas dos formaciones políticas, pero no abre forzosamente perspectivas alentadoras.

Llama la atención el hecho de que Jean-Luc Mélechon comparta con Le Pen y Fillon críticas acerbas a los medios de comunicación, así como una verborrea populista que opaca aspectos valiosos de su programa y, sobre todo, atiza tensiones, frustraciones y odios.

Fue en los mítines de Le Pen, Fillon y Mélenchon que la corresponsal pudo percibir más coraje y más violencia potencialmente explosiva. El pasado 5 de marzo en el Trocadero seguidores de Fillon exigían la destitución de “los jueces rojos” que “perseguían” a su candidato, mientras que partidarios de Le Pen y Mélenchon no descartaban “enfrentamientos físicos” en un futuro cercano.

Pierre Rosanvallon, historiador y experto en la “democracia francesa desde su origen hasta hoy”, tema al que dedicó numerosos y densos libros considerados hoy referencias imprescindibles, constata en la edición del pasado domingo 2 del vespertino Le Monde:

“En todas partes florecen discursos populistas: en Turquía con Erdogan, en Rusia con Putin, en Estados Unidos con Trump, en Hungría con Orban… En Francia, como en el resto del mundo, estamos viviendo un vuelco democrático que se manifiesta en la progresión de esa cultura populista y el colapso de la democracia de los partidos.”

Tras insistir sobre el giro populista dado por Fillon, Rosanvallon precisa: “Cabe recalcar que tres de los principales candidatos –Marine le Pen, Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon, que representan más o menos las dos terceras partes de las intenciones de votos– no están respaldados por un partido. No hay que equivocarse: el Frente Nacional es tan sólo un amplio comité de apoyo a Le Pen, no es un partido político con auténticas instancias, representación social y trabajo colectivo.

“El debilitamiento parlamentario hizo evolucionar el objetivo de los diputados. Hoy lo único que les interesa es apoyar u oponerse a los gobiernos. En Francia, como en otras partes, ya no hay verdaderos debates parlamentarios. Los partidos ya no producen cultura política, programas, proyectos de ley; se convirtieron en ramas muertas. Los partidos ya no representan a la sociedad. Son el poder ante la sociedad.”

Inquieto, asegura: “Le Pen con el Frente Nacional, Emmanuel Macron con su movimiento En Marcha, creado en abril 2016, y Jean-Luc Mélenchon con su propio movimiento La Francia Insumisa, fundado en febrero del año pasado, no se basan en el principio de la representación –de una clase social, por ejemplo, o de un movimiento político histórico– sino que encarnan un principio de identificación. Y eso es justo lo contrario de la representación. Es su personalidad la que va creando la base social de su movimiento. El corazón de su campaña ya no es un programa sino su persona que, en nuestra ‘sociedad de individuos’, permite que los electores se identifiquen con ellos”.

La amenaza terrorista

Además del auge del populismo y del hundimiento de los partidos tradicionales, en las campañas ha sobresalido el rechazo más o menos fuerte a Europa. Ocho de los 11 candidatos oficiales defendieron posiciones que oscilaban entre el euroescepticismo y la eurofobia. Y entre los más duros detractores de la UE se encontraban dos de los cuatro candidatos “grandes”: Le Pen adopta el Frexit (la salida de Francia de la Unión Europea, UE) y Mélenchon se dice dispuesto “a salir de la UE” si los 26 “socios” de Francia no aceptan las reformas drásticas que preconiza.

El único “euroentusiasta” ha sido Macron, mientras que Fillon, obsesionado por restarle votos a Le Pen, no se ha destacado por ser un ferviente defensor de la UE.

El complejo panorama electoral galo no hubiera estado completo sin una amenaza terrorista.

El pasado 18 de abril la policía detuvo en Marsella a Clément Baur, de 23 años, y a Mahiedine Merabet, de 29 años, ambos de nacionalidad francesa, que llevaban varios meses en la mira de la Dirección General de la Seguridad Interior (DGSI). Aparentemente los dos estaban a punto de cometer un atentado.

Según fuentes judiciales, el primero se convirtió al Islam en 2007 bajo influencia de musulmanes radicales oriundos de Chechenia; el segundo se radicalizó en la cárcel de Sequedin (norte de Francia), donde conoció a Baur en 2016, cuando ambos cumplían condenas por narcotráfico.

El 12 de abril la policía antiterrorista interceptó un video que Baur y Merabet intentaban hacer llegar al Estado Islámico (EI) y en el que aparecían una metralleta Uzi, la bandera negra del EI, la expresión Ley del Talión “escrita” con municiones alineadas y la primera plana de Le Monde del pasado 16 de marzo, con una foto de Fillon.

El cateo al departamento de los detenidos permitió descubrir componentes químicos utilizados para fabricar el TNT (explosivo frecuentemente utilizado en atentados), batas, guantes y mascarillas empleados por profesionales de la química, celulares, una computadora portátil y una cámara, así como todos los objetos que aparecen en el video.

Interrogados por la policía, los dos hombres aun no han revelado cuándo y dónde planeaban perpetrar el atentado.

La segunda irrupción del terrorismo en las campañas electorales galas fue más trágica: el 19 de abril un individuo –identificado como Karim Cheurfi–, salió del vehículo en el que recorría los Campos Elíseos  y empezó a disparar con un arma automática contra policías. Mató a uno, alcanzó a herir a dos más y a una turista antes de ser abatido.

Francés de 39 años, Cheurfi era un delincuente violento que había pasado 15 años en prisión por el intento de asesinato de un policía. Recién salió de la cárcel, era vigilado por los servicios de inteligencia que habían sido alertados por uno de sus informantes sobre la intención de Cheurfi de matar policías.

Los agentes del antiterrorismo lo interrogaron pero no pudieron detectar la mínima señal de radicalización islamista, por lo que Cheurfi quedó libre. El Estado Islámico sólo esperó dos horas para reivindicar el atentado.