El anillo, contrario a la mística de Barragán

La Iglesia católica, a través de la Instrucción Ad resurgendum cum Christo (para resucitar con Cristo), prohíbe tajantemente convertir las cenizas de los fieles difuntos “en piezas de joyería”, tal y como se hizo con las cenizas del arquitecto Luis Barragán, quien fue un “ferviente católico” al grado de que su obra tuvo una fuerte influencia de la arquitectura conventual novohispana.

Esta instrucción, elaborada por orden del Papa Francisco, señala textualmente:

“Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos, teniendo en cuenta que para estas formas de proceder no se pueden invocar razones higiénicas, sociales o económicas que pueden motivar la opción de la cremación.”

El sacerdote José Herrera Alcalá, especialista en arte virreinal y conocedor de la obra de Barragán, asegura:

“No se puede entender la obra del arquitecto jalisciense si no se toma en cuenta todo el bagaje católico que la nutrió, pues el llamado estilo Barragán recoge, con colores encendidos, la tradición arquitectónica de nuestros conventos y monasterios novohispanos. Él mismo solía decir que la grandeza arquitectónica de México estaba en sus iglesias y conventos de esa época. Llegó incluso a diseñar conventos, como el de las monjas capuchinas de Tlalpan.”

–En su vida personal, ¿profesó la fe católica?

–Sí, siempre fue un fervoroso creyente, muy devoto de la Virgen María, San José y San Francisco de Asís. Iba a misa muy frecuentemente. Comulgaba. En su habitación siempre tuvo, aparte de su crucifijo, la pintura de La Anunciación, de Francisco de León, un artista novohispano del siglo XVIII, jalisciense también. Y claro, Barragán murió con los Santos Sacramentos.

“Todo esto resulta lógico, pues él provenía de una familia muy católica, y además de la provincia jalisciense, donde se vivió fuertemente la Guerra Cristera cuando Barragán era un joven veinteañero.”

–¿Barragán hubiera permitido que se hiciera un diamante con sus cenizas?

–Por supuesto que no. Como católico, él tenía una conciencia muy clara del respeto que debe tenérsele a los difuntos. Jamás hubiera permitido que con sus cenizas se hiciera un diamante para exhibirse públicamente.

Presidente de la Sociedad Mexicana de Bibliófilos, miembro de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica y asesor de varios museos en materia de arte novohispano, el sacerdote Herrera Alcalá opina que la exhibición del anillo La propuesta –con las cenizas de Barragán hechas diamante– no sólo “desentona con el espíritu de la obra de Barragán” sino que además es una “total falta de respeto” a su memoria.

Comenta:

“Ese anillo está elaborado para fines mercantilistas y de exhibicionismo puro. Las cenizas mortuorias de Barragán se convirtieron en un show, en un circo que además tiene el ingrediente del morbo. Nada que ver con la vida y la obra del jalisciense.”

La Instrucción Ad resurgendum cum Christo, dada a conocer en agosto de 2016 y elaborada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, es un documento conformado por ocho ordenamientos que regulan “la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación.”

Para empezar, la Instrucción señala:

“Mediante la sepultura de los cuerpos en los cementerios, en las iglesias o en las áreas a ellos dedicadas, la tradición cristiana ha custodiado la comunión entre los vivos y los muertos, y se ha opuesto a la tendencia a ocultar o privatizar el evento de la muerte y el significado que tiene para los cristianos.”

Permite la cremación de los cuerpos, siempre y cuando ésta no se haga “por razones contrarias a la doctrina cristiana”.

Y señala tajante: “No está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Sólo en casos de graves y excepcionales circunstancias”.

Herrera Alcalá repara también en el carácter itinerante que tendrán las cenizas de Barragán:

“A ese frívolo diamante se le llevará de un lado para otro; a museos y salas de exhibición, expuesto a las miradas de los curiosos. Sus cenizas no reposarán en un lugar sagrado, como lo ordena la Iglesia y como seguramente lo quiso el mismo Barragán.”

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La reportera Judith Amador buscó al también arquitecto Andrés Casillas de Alba, amigo, discípulo y colaborador de Barragán.

–¿Qué opinaría él sobre el diamante?

–Yo creo que se mofaría de Jill. Luis era una gente muy consciente de su capacidad, pero no andaba ni buscando promoción ni haciéndose pareja de este tipo de estupideces.”

–El anillo con sus cenizas, ¿va contra su religiosidad?

–¡Claro! Creo que Luis no hubiera aceptado jamás. Si estuviera todavía en vida y le dijeran “oye, ahora que te mueras te vamos a cremar para hacerte un diamante”, les hubiera dicho: “¡por ningún motivo!”.

–¿Un anillo de diamante es opuesto a esos conceptos?

–Por eso le digo que me parece una estupidez este asunto de Jill. Yo no lo aceptaría, no sólo en nombre de Luis sino en el contexto de su personalidad.

–¿Considera al anillo como arte?

–¡Para nada! Son cosas de una señora que no tiene nada que hacer más que inventar algo como esto. Insisto, no creo que Luis lo hubiera aceptado.