Explosiones de Reforma “Ya es hora de conocer la verdad”

Ya pasó más de un cuarto de siglo de la serie de estallidos que destruyó el sector Reforma de Guadalajara, pero el expediente relativo a la actuación de las autoridades sigue sepultado en el Archivo Histórico del Estado. El grupo de ciudadanos que promueve una Comisión de la Verdad señala que hasta ahora los diputados locales –quienes deben aprobar la apertura de las cajas de papeles– no han hecho sino dificultar la indagación.

Amás de 25 años de las explosiones del 22 de abril de 1992 en el sector Reforma de Guadalajara, las autoridades obstaculizan los intentos de conocer lo que sucedió en el peor accidente urbano-industrial en la historia de la entidad: la serie de explosiones provocadas por miles de litros de combustible derramados en el drenaje del Colector Intermedio Oriente por la planta de Petróleos Mexicanos instalada en la colonia La Nogalera, en el sur de la ciudad.

En el Archivo Histórico del Gobierno del Estado permanecen ocultas cientos de miles de fojas, en un expediente con la críptica designación de “Área Presidencia/Caja006/1992”, dicen los damnificados de aquella tragedia, consultados por este semanario y quienes exigen la conformación de una Comisión de la Verdad.

El solo hecho de tratar de conocer el número real de muertos levanta polémica. Algunos sobrevivientes afirman que hay indicios de que fueron 846 y otros señalan que hasta mil 800.

Sonia del Carmen Solórzano Romo, quien tenía 19 años en esa fecha, asegura que la cifra oficial de muertes (210), que dio a conocer el 22 de diciembre de aquel año la Procuraduría General de la República (PGR), no es creíble si se considera que la explosión abarcó más de 8 kilómetros de calles en cerca de 10 colonias y destruyó cientos de viviendas, negocios, autos particulares y camiones.

Recuerda que a las 10 de la mañana se dirigía al despacho de abogados del que era secretaria, en Federalismo y avenida La Paz, pero no llegó porque el autobús de la Ruta 333 fue alcanzado por la explosión en el cruce de Lagos y Río Lagos, cerca de su domicilio en la colonia Atlas. “Tan sólo en el camión en el que yo viajaba ese 22 de abril íbamos 56 pasajeros; únicamente 11 logramos sobrevivir”, indica.

Los impactos fueron devastadores: “La primera explosión provocó que la unidad cayera con las llantas hacia arriba, pero cuando vuelve a caer al piso se registra una segunda explosión y entonces vuelve a caer al suelo en posición lateral sobre el lado del chofer. Nos dicen los que vieron que el camión voló de esquina de una calle a otra en las dos explosiones.

“Todos creían que estaba muerta, porque sobre mí quedaron cuatro cuerpos sin vida. Lo único que recuerdo es, como cuando uno escucha la radio y empieza a bajar el volumen, una voz que decía: ‘Ella está viva, todavía se está moviendo’. Alguien insistía: ‘Dinos qué te duele, vas a estar bien’.”

–¿Qué pensaba usted en ese momento? –pregunta el reportero.

–Yo lo único que pensaba y decía, dentro de mí, es que había chocado el camión y por las ventanillas se veía un escenario peor que una guerra. Nos seguían cayendo escombros de las casas destruidas adentro del camión… y empiezo a ver charcos de sangre, gritos aterrados de gente que pedía ayuda y que la sacaran. Y empiezo a recapitular. Escucho que me dicen: “No te asustes, estás viva, te vamos a sacar”.

“Me quedé tirada atrás del asiento del chofer y me dijeron que si me podía subir al asiento. Contesté que creía que sí, pero al tratar de hacerlo, el brazo se me desprendió totalmente: tuve luxación y fractura; la columna me empezó a molestar… Experimenté una sensación rara: tenía la pierna derecha totalmente fuera de lugar y en el tobillo tenía una gran herida… Sentí que me mojaba, volteé y vi que me estaba desangrando. Me estaba mojando con mi propia sangre”.

Antes de que las autoridades reaccionaran, se acercó al autobús gente a la que no identificaba:

“Decían: ‘Esto es el fin del mundo, arrepiéntase y encomiéndese a Dios’. Los que estábamos adentro del camión no entendíamos qué estaba pasando y la agente afuera no nos informaba. Al principio nadie se atrevía a entrar al camión para tratar de ayudarnos, pues se arriesgaban a caer en la zanja que todavía estaba encendida por la explosión de la gasolina en el drenaje… Además, cuando una persona se subía en un intento de rescate, el camión se tambaleaba.

“Los 11 sobrevivientes adentro del camión no sabíamos qué pasaba y quiénes nos socorrían. De repente empezaron a gritar: ‘Ahí vienen otra vez’ y la gente se esfumó. Después supimos que se referían a otras explosiones. Era que, a media cuadra de Río Volga y Río Lagos, muy cerca de nosotros, había un camión con cilindros de gas que parecía a punto de estallar.”

Después de la explosión percibió un olor a sangre y a carne expuesta.

“Me hicieron llegar una revista de ese entonces, de las que les dicen amarillistas y ahí estaba (la fotografía de) el cuerpo de una mujer que aparentemente (estaba marcado con) el número como 446. Cuando vimos con una lupa comprobamos que era 946. Es el número que tenía asignado ella”. Se refiere a la revista Alarma del 8 de mayo de 1992.

“Por esa vivencia personal no creo que nada más fueran 210 personas las que fallecieron, eso no se puede creer. A mi padre, Álvaro Solórzano, quien ya falleció, le tocó buscarme por todos lados (en los albergues que instaló el gobierno). Fue a buscarme en el Code. El encargado de ahí le decía que por el tipo de tez, cabello y señas particulares, había un cuerpo que era el mío. Mi padre decía que la persona que le querían entregar como su hija tenía marcado en el pecho, con marcador negro, el numero mil 800 y fracción.

“Apenas iba a decirles a los encargados de ese refugio que el cadáver que le mostraban no era mío, cuando una pareja que estaba atrás de él empezó a gritar que la fallecida era su hija.”

Esta versión coincide con otras que desacreditan la cifra oficial de muertes por las explosiones. La lideresa de la Asociación Abril en Guadalajara, Lilia Ruiz Chávez, recuerda que en 2014 trabajó en Guadalajara la compañía de teatro documental de origen español La Cicatriz. El grupo indagó durante varios meses en los informes gubernamentales y los comparó con testimonios de sobrevivientes y de la Iglesia católica que los desmienten.

Los diputados, un obstáculo

David Méndez Velázquez, uno de los impulsores de la Comisión de la Verdad sobre el caso 22 de abril, sostiene que es necesario extraer del Archivo Histórico del Estado las 221 cajas que contienen los documentos sobre las explosiones, ya que han pasado 25 años y las autoridades siguen ocultando esa información.

Desde su punto de vista no se trata de buscar una revancha, sino de exponer la realidad, ya que posiblemente el estado resultó agraviado por la federación.

El expediente mencionado incluye los documentos del Organismo Público Descentralizado Patronato de Reconstrucción Auxilio e Indemnización de los Afectados en la Zona Afectada del Sector Reforma, que el 13 de mayo de 1992 constituyó el gobierno estatal con apoyo federal, cuando el presidente era Carlos Salinas de Gortari y el mandatario jalisciense Guillermo Cosío Vidaurri, quien fue obligado a dejar el cargo.

Después de la tragedia fueron a prisión el entonces alcalde de Guadalajara Enrique Dau Flores –actual consejero del Ejecutivo– y el secretario de Desarrollo Urbano Aristeo Mejía Durán –hoy director general del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA). Los dos recobraron su libertad en víspera de la Navidad del mismo año.

Antes de cerrarse, el Patronato de Reconstrucción invirtió más de 33 mil millones de pesos para atender a los lesionados y a las familias de los fallecidos, en compensaciones por la destrucción de casas, negocios y vehículos, además de la reconstrucción del sector Reforma.

“La Comisión de la Verdad es importante para abrir los archivos del patronato, que generaron datos específicos básicos, no nada más sobre la indemnización o el pago de viviendas y vehículos, sino para tener los padrones del impacto, que nos interesan para cuantificar las víctimas registradas”, señala Méndez Velázquez.

Sostiene que para reabrir dicho expediente se requiere solicitarlo al Congreso de Jalisco. “Ya pasaron 25 años, y aunque tuviera una lápida encima es tiempo de abrir las cajas. (Las autoridades) mencionaban que se mantenían cerradas por seguridad, pero al cumplir 25 años ya podemos revisar la historia y aprender de ella, porque es el objetivo de la Comisión de la Verdad: aprender de este hecho histórico”.

Entre los firmantes de la petición para abrir el expediente se cuentan los abogados José Luis Tello Ramírez y Martín Márquez Carpio, el ingeniero químico Carlos Nuño, los médicos José Velasco y María de los Ángeles Rosas, además del empresario Fernando Acosta.

Además de conocer los archivos, promueven que se aplique una auditoría al patronato, contemplada en el decreto de su creación pero que nunca se realizó.

Al respecto, Óscar González Garí, presidente de la Red Jalisciense de Derechos Humanos, señala que algunos diputados priistas, perredistas y panistas de la actual legislatura impidieron que se llevara a cabo el Foro de Evaluación y Diagnóstico a 25 años del 22 de Abril, en el que se pretendía instalar la Comisión de la Verdad.

Considera que detrás de una legisladora de ese núcleo, la perredista Mónica Almeida, está el Grupo Universidad, y añade que “ellos agrupan, como emblema para el circo que arman cada año para recordar el 22 de abril, a Lilia Ruiz”.

En cuanto al PAN, dice, “no se mete ni para bien ni para mal, a pesar de que fue el partido más beneficiado en términos políticos luego de las explosiones del 22 de abril”. Y en el caso del Panal y el Partido Verde, los califica de satélites del PRI.

El caso es que a los organizadores del foro se les dieron dos versiones sobre la causa de que el foro no se realizara en el Congreso: que los salones se estaban remodelando y que faltó información en la petición.

Además de homenajear a las víctimas desconocidas de las explosiones, los promotores de la Comisión de la Verdad del 22 de Abril reivindican con esa acción a Carlos Núñez Hurtado, educador popular que encabezó la Coordinadora Ciudadana y de Organismos Civiles 22 de Abril, así como director y fundador de IMDEC.

Asimismo honran al doctor Jaime Arturo Paz García, exdirector de Protección Civil de Jalisco, quien se solidarizó con las víctimas y presentó un peritaje en el cual señaló a Pemex como responsable de la tragedia.