Cuotas obligatorias en la Prepa 12

Que la Universidad de Guadalajara (UdeG) haya recibido para este 2017 un presupuesto de 93 millones de pesos para la gestión de la Red de Bibliotecas no impide que la Preparatoria 12 cobre ese servicio.

Aunque el pago de cuotas es “voluntario y no tiene carácter obligatorio”, según la página de internet de la UdeG, esa modalidad de recaudación de fondos es una práctica común, no sólo en la preparatoria mencionada, sino en toda la universidad.

El año pasado el Consejo General Universitario aprobó un presupuesto de egresos de 12 mil millones de pesos para toda su estructura, mientras que el gobierno federal le aportó casi 17 mil millones de pesos. Además, recibió aproximadamente 5 mil millones de la Secretaría de Educación Pública y 4 mil millones del Ejecutivo estatal.

Estudiantes que pronto egresarán de la Preparatoria 12, ubicada en Boulevar Marcelino García Barragán, confirmaron a este semanario que al principio les pidieron una cuota “voluntaria” de 40 pesos, pero después los amenazaron con retenerles el certificado hasta que pagaran.

En entrevista con Proceso Jalisco, Sergio López Ruelas, coordinador de la Red de Bibliotecas UdeG, dice desconocer la situación en la prepa y afirma que el uso de las bibliotecas es completamente gratuito para los alumnos:

“La biblioteca es completamente gratuita, jamás estará permitido cobrar. Una biblioteca es un templo de conocimiento y saber. Si en sus cuotas de matrícula el centro o las autoridades deciden que una partida se va a la biblioteca, es decisión de ellos. Pero no es una práctica que se obligue.”

Sin embargo, en una revisión de la información de Transparencia del Centro de Control Escolar se constató que no existe ningún concepto de pago correspondiente a cuotas para la biblioteca.

Los únicos criterios que estipula la universidad son los trámites de primer ingreso, con un costo total de 635 pesos y que incluyen solicitud de admisión, examen de admisión, holograma para credencial y una aportación de 10 pesos a la Cruz Roja, misma que puede ser condonada.

No obstante, la alumna María señala que la cuota se solicita por medio del concejal de grupo, quien posteriormente entrega el dinero a la coordinación de la preparatoria. No se entregan recibos a los alumnos.

Agrega que se les dio la opción de entregar un libro a la biblioteca, “pero no es cualquiera, debe ser el que te pida la prepa y de no ser de ninguna de las dos formas, no nos entregan el certificado”.

Yessica Franco, quien egresó hace un año de la prepa, intentó donar libros recientemente editados por la UdeG, pero se le rechazaron y fue obligada a pagar la cuota.

Ya en años pasados hubo polémica en la casa de estudios porque se condicionaba la entrega de documentación oficial en preparatorias al pago de cuotas, situación a que el Sistema de Educación Media Superior reprobó en un comunicado que todavía puede encontrarse en la página web de la UdeG.

En ese documento, fechado el 23 de agosto de 2012, se dice: “Puntualizamos que en ninguno de los casos el pago de dichas aportaciones es exigible, ni permite que se condicione la entrega de documentos ni el ingreso o permanencia de los alumnos en un plantel oficial. Ratificamos que las aportaciones son estrictamente voluntarias y no tienen carácter obligatorio”.

En 2007 Carlos Briseño Torres –ahora fallecido– tomó posesión de la rectoría de la UdeG y decretó la suspensión de cuotas obligatorias a los estudiantes de preparatoria y licenciatura.

“En algunos centros universitarios se dice que (las cuotas) son voluntarias y en realidad no lo son, porque se obliga a los estudiantes a aportarlas”, declaró Briseño Torres (La Gaceta, 7 de marzo de 2007).

Falta inversión 

Los estudiantes consultados se quejan de que, no obstante que recaba dinero adicional al presupuesto, la Preparatoria 12 no mejora las instalaciones de la biblioteca ni enriquece sus acervos físico y en línea.

Un alumno, que prefirió no dar su nombre, comenta que las condiciones en que se encuentra la biblioteca son muy precarias: “Está en un lugar muy pequeño, sin aire acondicionado y el material no es el adecuado”.

En una visita al sitio se comprobó que el recinto fue trasladado de sus instalaciones originales hace más de un año, cuando empezó a construirse un nuevo módulo que supuestamente tendrá un sector para la biblioteca.

Dicho módulo se encuentra aún en obra negra y, a decir de alumnos y profesores, no se conoce una fecha para concluirlo. Actualmente la biblioteca se encuentra en una nave industrial conocida por los estudiantes como “el gallinero”, por el enrejado que separa las áreas que fungen como aulas.

En un rincón del “gallinero” se adaptó una reducida aula para la biblioteca, con apenas 10 estantes, cinco mesas amontonadas y 10 sillas, todo cubierto de polvo. El ruido de los salones aledaños hace imposible concentrarse en la lectura.

Aun cuando López Ruelas afirma que desde la coordinación de la Red de Bibliotecas tratan de garantizar el acceso al acervo bibliográfico a los alumnos en los 196 recintos que la conforman –la mayoría en preparatorias y módulos–, ya sea por internet o de manera física, se detectó que en la prepa 12 faltan computadoras.

No obstante, según la información proporcionada a la UdeG, a la biblioteca virtual se le destina un presupuesto anual de 15 millones de pesos en promedio.

Una trabajadora relacionada con la operación de la biblioteca, que también pide omitir su nombre, comenta que el lugar se inunda en tiempo de lluvias (“parece una cascada”), mientras que en tiempo de calor las temperaturas son insoportables.

Además, denunció que se ha descuidado el aseo del área y el personal de limpieza no va a hacer su trabajo, ni siquiera a recolectar “las ratas y cucarachas muertas”. l