El comal le dijo a la olla

El domingo 11 de junio coincidieron en territorio jalisciense dos aspirantes confesos a la Presidencia de la República: la exprimera dama Margarita Zavala y el exgobernador de Puebla Rafael Moreno Valle, quienes en pocos meses estarían buscando formalmente la candidatura del PAN al más alto cargo político de nuestro país. Pero aun cuando todavía no llega ese momento de definición, los panistas mencionados llevan ya un buen rato placeándose por distintos puntos del territorio mexicano en un evidente caso de campaña anticipada, como también lo han hecho otros.

Zavala ha emprendido una gira titulada “Voy con México”, financiada, según ha dicho, por personas que simpatizan con ella y con su marido, el expresidente Felipe Calderón. En su reciente visita a Guadalajara fue recibida por algunos panistas del solar como el exgobernador de Jalisco Alberto Jiménez y regidores en funciones como Carmen Lucía Pérez Camarena y Alfonso Petersen Farah, de los ayuntamientos de Tlaquepaque y Guadalajara, respectivamente. Pero a diferencia de lo que le había sucedido días atrás en San Luis Potosí, donde Zavala fue increpada por los sucesos trágicos de la guardería ABC en Sonora, cuando ella era presidenta del DIF nacional, en su paso por la colonia El Sauz, en el municipio de Tlaquepaque, no hubo nada memorable, pues la aspirante presidencial y su más bien rala cohorte se limitaron a plantar algunos árboles en un parque de la zona y a repartir helados entre las personas que se acercaron a ellos.

Algunos representantes de la prensa que acudieron a ese acto intentaron jalarle la lengua a la exprimera dama, con resultados que periodísticamente fueron bastante magros, pues la aspirante presidencial se limitó a decir que en nuestro país “debemos oírnos unos a otros” y que ella ha emprendido la presente gira precisamente para “escuchar a los mexicanos”. Y respecto a un eventual perjuicio en sus aspiraciones por el hecho de ser la esposa de quien acabó siendo un presidente tan cuestionado como Felipe Calderón, su respuesta fue que para ella eso no es ningún lastre, sino una fortaleza, en la medida en que siempre será de gran ayuda “tener cerca de mí a alguien que conoce tanto a México” (El Informador, 12 de junio).

Como sujeto de entrevista en ese mismo acto resultó mucho más efervescente el exgobernador Cárdenas Jiménez, para quien los bonos del alcalde de Guadalajara han venido a la baja, por lo que su presunta condición de “favorito” para conseguir la gubernatura de Jalisco en los comicios del año entrante se ha visto deteriorada: “Yo veo que Alfaro se ha desgastado bastante, cada vez tiene menos credibilidad, cada vez tiene menos respeto” (Milenio Jalisco, 12 de junio). Lo anterior lleva a pensar al exfuncionario panista que, contra lo que muchos creen, el primer edil tapatío no va a tener un día de campo o, dicho de otro modo, que en el cada vez más próximo relevo de la gubernatura, el cual habrá de decidirse justo en un año, “la moneda está en el aire”.

A diferencia de Zavala, que resulta claro que en tierras jaliscienses tiene amigos, amigas, seguidores y seguidoras, aunque tampoco le falten desafectos e indiferentes (¿en cuál categoría entrará el exgobernador panista Francisco Ramírez Acuña?), en esta parte del mundo nadie parece pelar a Rafael Moreno Valle, no obstante la onerosa campaña de anuncios espectaculares que ha desplegado en la vía pública y de calcomanías hasta en unidades del transporte urbano, ni tampoco los frecuentes viajes que el susodicho ha venido realizando, al principio con el pretexto de la presentación de su libro autopromocional La fuerza del cambio, un volúmen que hasta regalado resulta caro, y posteriormente para “pedir que el PAN garantice un proceso de selección (del candidato presidencial) con reglas clara y equitativas para todos los contendientes” (Milenio Jalisco, ídem).

Si Jalisco es un buen laboratorio de la suerte que le espera al exgobernador de Puebla, no sería aventurado pronosticar que el personaje en cuestión, tan adicto a los tintes para el pelo y al cultivo capilar, muy pronto estará convertido en cadáver político. Y ello porque cada vez resulta más evidente que, con alguna desbalagada excepción, ya ni los medios (impresos y electrónicos) cubren sus presentaciones como acaba de demostrarse en su más reciente visita a la zona de Los Altos, donde sólo un diario de la localidad dio cuenta de ello en su columna de trascendidos.

Pero en Jalisco las aguas no sólo se han estado moviendo en la alberca de las candidaturas presidenciales, donde el nadador a vencer es desde ya Andrés Manuel López Obrador y quien obviamente ocuparía uno de los carriles de la izquierda, sino también en otras piscinas y chapoteaderos nada despreciables de la localidad, con legiones de aspirantes a los 125 municipios del estado, de los puestos al Senado, de las diputaciones (tanto las domésticas como las federales) y, desde luego, a la gubernatura, donde el rival de propios y extraños es, desde hace un buen rato, el ya mencionado Enrique Alfaro, quien aun cuando como primera autoridad de Guadalajara no ha dejado satisfechos a muchos, sigue teniendo un enorme capital político, abonado en gran medida por una decepcionante secuela de gobiernos panistas y priistas a lo largo de los últimos veinte años.

El de Aristóteles Sandoval Díaz es un caso aparte. En vísperas de las elecciones locales de 2015 el ya para entonces gobernador de Jalisco, así como sus valedores (entre ellos su progenitor, el magistrado Leonel Sandoval), hacían cuentas alegres sobre su futuro político, calculando que  para fines de su administración, que termina casi a la par que el sexenio presidencial, él podría figurar entre los seguros candidatos del PRI para suceder a Enrique Peña Nieto. Sin embargo, tanto el primer mandatario estatal como su partido tuvieron un duro traspié en las elecciones de hace dos años, al perder no sólo los municipios más cotizados de la entidad, sino también la mayoría de curules tanto en el Congreso de Jalisco como en la representación jalisciense en el Cámara de Diputados.

Pero aun en esa circunstancia de debilidad, Sandoval Díaz no se hundió  en el ámbito estatal ni en el nacional. En el primer caso, porque desde entonces el desgaste de su gobierno ha corrido a la par del que ha tenido su antípoda Enrique Alfaro en la alcaldía de Guadalajara, y en el segundo, porque en los tres años recientes la devaluación de la administración de Peña Nieto ha sido mayor a la suya, de tal modo que con la figura presidencial han venido también a la baja sus allegados con posibilidades de entrar a la contienda interna del PRI por la candidatura presidencial. Y aun cuando en este caso una eventual nominación para competir por dicha candidatura sigue estando muy cuesta arriba para el gobernador de Jalisco, una salida alterna no pareciera tan remota, ya fuere la postulación para una senaduría o para una legislatura local.

Por lo pronto y según las más recientes mediciones de aceptación entre funcionarios cabezas de gobierno, como los presidentes municipales metropolitanos y el propio mandatario de Jalisco, éste no ha sido tan mal evaluado, ya sea porque ha sabido capitalizar como logro de su gobierno la reducción en el subsidio público a los partidos políticos, e incluso algunos triunfos deportivos como la obtención de la delegación jalisciense, por décima octava ocasión consecutiva, de las Olimpiadas Nacionales, y extralógicamente hasta el reciente campeonato de Las Chivas. No deja de ser significativo el hecho de que muchos jaliscienses hayan visto con buenos ojos a la primera autoridad del estado encabezando el arranque de la marcha lésbico-gay del pasado 10 de junio.

Desde la ladera de Movimiento Ciudadano las cartas también se están moviendo. Prueba de ello es el anuncio de la demorada consulta ciudadana para ratificar o revocar el mandato de los alcaldes de Guadalajara y Zapopan, consulta que los priistas de la comarca acaban de descalificar, por considerarla un acto anticipado de campaña. Ahora sí que el comal le dijo a la olla: qué tiznada estás.