Urgente, un blindaje psicológico

El suicidio de un policía preventivo en Guadalajara a finales de enero prendió las alarmas entre los psicólogos emergencistas. Ese caso, dicen, evidencia el desamparo en el que se encuentran las corporaciones policiacas de la entidad en materia de apoyo psicológico. Luis Velázquez, especialista en el tema, asegura que entre 30 y 40% del personal operativo de los cuerpos policiacos del estado requiere atención urgente en salud mental, pues se encuentran en “código rojo”.

El pasado 23 de enero el uniformado Alberto Estrada Montes se suicidó de un disparo en la cabeza. Las últimas semanas sus compañeros de la Policía Preventiva de Guadalajara lo vieron sumido en una depresión provocada por la muerte de una de sus hijas.

Estrada tenía 45 años, 18 de los cuales los dedicó a la corporación. Estaba asignado a la Base 5, en Bulevar Marcelino García Barragán y la calle doctor Silverio García, al oriente de la ciudad.

Sus compañeros no olvidan la tarde de ese 23 de enero, cuando Estrada llegó a la corporación. Se puso su uniforme y avisó a sus superiores que iba a cubrir un servicio y pidió su arma. Minutos después se pegó un tiro.

La Comisaría de la Policía Preventiva de Guadalajara emitió un comunicado en el que reiteró lo que dijeron los uniformados y añadió que la corporación le ofreció a Estrada los servicios de la Unidad de Salud Mental. No obstante, algunos agentes comentan al reportero que Estrada estaba molesto precisamente por la falta de apoyo para él y su familia.

La tragedia de Estrada es una más de las de viven los uniformados tapatíos. Luis Velázquez Mendoza, coordinador de la agrupación de psicólogos emergencistas, con presencia en Jalisco, la Ciudad de México, Guerrero, así como Perú, Colombia y Chile, asegura que en Jalisco entre 30 y 40% del personal operativo de los cuerpos policiacos requiere atención en salud mental de manera urgente.

De acuerdo con el especialista, un 15-20% de los policías está en “código rojo”, es decir, viven bajo estrés a causa de las extenuantes jornadas, agudizadas recientemente por el protocolo que exige el Nuevo Sistema de Justicia Penal Adversarial (NSJPA). A eso, dice, hay que añadir los bajos sueldos.

El problema es que ni ellos ni las instituciones donde laboran saben que están al “punto de quiebre” y eso “los puede llevar a cometer errores en sus funciones, equivocarse al momento de llenar formatos o reportes que les exige el NSJPA, o son susceptibles de accesos de ira, a consumir drogas o a incurrir en actos suicidas, como en el caso de Alberto Estrada”, dice Velázquez Mendoza.

Los casos de salud mental más críticos se observan en agentes municipales de Guadalajara, Tlaquepaque, Tonalá, El Salto, Tlajomulco y Zapopan, a pesar de que estos últimos cuentan con los mejores sueldos en el área metropolitana.

–Usted habla de policías en “código rojo”, pero ¿de qué niveles? –se le pregunta al psicólogo emergente.

–Hay personal de todos los niveles y rangos; hay operativos y jefes. Lo grave es que los agentes con ese tipo de problemas no aceptan la situación, por lo que se niegan a ser evaluados.

“Eso deriva en la pésima capacitación y atención a policías municipales. Por lo general, ellos son los primeros en llegar a las escenas de un crimen o atender los delitos. Y cuando se trata de eventos traumáticos no reciben atención especializada.”

El entrevistado lamenta que las corporaciones oculten los casos de suicidios, como el de Estrada, para evitar que se afecte su imagen. No obstante, esa muerte representa una advertencia de lo que puede replicarse en otros lugares sin que los medios se enteren.

Una propuesta  

Luis Velázquez Mendoza propone diseñar un programa al que denomina “Blindaje Psicológico”, que sea promovido por las instituciones de seguridad. Sin embargo, aclara que la propuesta deberá aplicarse en forma externa, pues en el seno de las corporaciones ninguno de los agentes acepta la ayuda psicológica institucional; la mayoría desconfían de ella, incluso se sienten estigmatizados cuando la reciben.

–¿Qué está pasando en la salud mental de los policías en Jalisco? ¿Qué pasa en el principal cuerpo de seguridad en la zona metropolitana, más allá de la Fiscalía General del Estado?

–Hay mucha tensión, mucho estrés y malos sueldos. La capacitación es otro rubro que también falla. Con respecto a las generaciones salidas de la academia hace 15 o 20 años, tenían una instrucción muy pobre, muy básica.

“La mayoría de los agentes apenas cursaron primaria, algunos llegaron a secundaria. Las generaciones más recientes ya ingresan con un grado de preparatoria y algunos con estudios superiores; son ellos los que realmente hacen carrera.”

Asegura que con la obligación de cubrir protocolos que exige el NSJPA, los policías municipales se convierten en “el primer respondiente”. Sin embargo, se comprueba que muchos de ellos no están capacitados. Eso les genera “problemas de operatividad”.

Otros factores estresantes para los gendarmes son los exámenes de control de confianza, los problemas intrafamiliares y económicos, pero sobre todo el riesgo latente de los ataques criminales.

–¿Cómo se puede considerar la salud mental promedio de los policías? ¿Existe algún estudio al respecto?

–Hace tiempo diseñamos un inventario económico, según el cual de 30 a 40% tiene problemas psicológicos severos provocados por factores laborales, personales o mixtos. Según ese inventario, entre 20 y 30% necesita atención urgente.

En lo que va del año, comenta el entrevistado, los servicios del despacho de psicólogos emergencistas han sido solicitados en forma frecuente:

“Hace dos o tres meses dimos asesorías al departamento de psicología del Comisariado de Guadalajara. Tengo una estadística según la cual se atiende a cuatro o cinco policías por mes. Me doy cuenta de que la problemática afecta a la mayoría de los municipios.”

Lo preocupante, agrega, es que los afectados no reconocen los síntomas y, por lo tanto, no piden ayuda psicológica; sus compañeros tampoco se preocupan; de sus jefes, ni hablar.

“En un foro sobre reinserción social realizado en el Congreso, hablamos de la necesidad de preparar en este rubro a los policías, pues ellos son ‘el primer respondiente’, los primeros en acudir a la escena del crimen. Y eso les causa problemas emocionales que por lo general no se atienden de manera adecuada. La situación, en el ámbito de salud mental y seguridad psicológica, es muy pobre. De ahí la necesidad de un blindaje psicológico”, dice Velázquez Mendoza.

Asegura que las condiciones de estrés y problemas psicológicos no sólo afectan a los policías. “Trabajé muchos años en la Cruz Roja –dice–. Estuve 10 años como jefe de psicología y desde ese tiempo a la fecha creamos el programa Espacios Psicológicamente Protegidos (EPP) o Blindaje Psicológico.

“Y empezamos a moverlo en las instituciones, como una acción preventiva. Debe de admitirse en forma seria y responsable el riego suicida entre los policías, en particular entre los que tienen problemas bien definidos.”

Desprotección total

Luis Velázquez recuerda a los policías acribillados en la Costa Norte, en la carretera Vallarta Las Palmas, y a los tres gendarmes atacados en Tlaquepaque.

“Esas muertes afectan directamente a la corporación a la que pertenecen, pero también a los policías en la entidad. Sin embargo, el principal daño ocurre en el seno de sus familias. En ese aspecto no hay una respuesta institucional de regulación, de rehabilitación psicológica.

“Y estamos hablando de que esto tiende a hacer más extensivo el daño; es como una onda expansiva que afecta a mucha gente. Deja muy mal precedente y, al no trabajarse, aumenta los niveles de riesgo entre los uniformados.”

Ese problema, añade, no es privativo de las policías municipales y estatales, también afecta a los cuerpos de Bomberos y Protección Civil, a los paramédicos de la Cruz Verde y la Cruz Roja, a médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y peritos de Ciencias Forenses.

E insiste: Es urgente trabajar en el diseño de espacios psicológicamente protegidos, con la elaboración de análisis de víctimas dentro de los cuerpos de emergencias, ante el riesgo de que se extienda a todo personal de seguridad y de emergencia.

El especialista alude a Luis Homero Águila, un exmilitar que atacó a cuatro trabajadoras sociales de la FGE a mediados de septiembre de 2016. Dice que las autoridades nunca revelaron las verdaderas causas de ese ataque, que tenían que ver con el mal trato que daban al público.

Para los psicólogos era fácil detectar que iba a venir un problema muy delicado como ese, sostiene Velázquez.

Y concluye: “Tenemos los problemas derivados del desplazamiento de la violencia, de somatización y agresión, pero nadie los atiende. Y aunque los uniformados están inmersos en ambientes laborales hostiles, sin atención psicológica especializada, les exigimos resultados y un buen desempeño profesional.

“Si la preparación de agentes es deficiente para ciudades grandes como Guadalajara o Zapopan, imagine usted qué estará pasando en pueblos pequeños con policías mal pagados, mal capacitados y peor equipados, con el acoso de los delincuentes y con la obligación de atender los protocolos que exige el NSJPA.”