Justicia atropellada

Los habitantes del municipio de Tototlán están indignados: desde hace años el hijo del expresidente municipal comete desmanes a bordo de su camioneta y nadie le pone un alto, aunque su último choque –en estado de ebriedad, según testigos– le costó la vida a un padre de familia de 21 años. La causa de su impunidad: el poder y la riqueza de su progenitor.

Tototlán.- Con la complicidad de personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) y de la Secretaría de Salud Jalisco (SSJ) adscrito a esta población del centro oriente de la entidad, el expresidente municipal tototlense Francisco Javier Rodríguez Lomelí, del PRI, logró que su hijo Francisco Rodríguez Ulloa evadiera la justicia tras haber causado la muerte de Víctor Alejandro Varela Aceves el pasado lunes 12, según los testimonios recabados por este semanario.

Poco antes de la medianoche, la víctima circulaba en su motocicleta Yamaha azul, modelo 2013, sin placas, por la calle Ramón Corona al cruce con Vicente Guerrero, en el centro de Tototlán, cuando fue embestido por la camioneta Toyota Highlander placas JMX 2496 que suele conducir Panchito, como se conoce al hijo del exalcalde.

Tras el accidente, los testigos se dieron cuenta que Panchito venía en estado de ebriedad, al grado de que no podía sostenerse en pie, mientras que al salir despedido de su moto, Alejandro se golpeó la cabeza en el machuelo de la banqueta.

Pronto acudieron la Policía Municipal y los servicios médicos. También se presentó el exalcalde Rodríguez Lomelí, que vive en la calle Vicente Guerrero, a una cuadra y media, para ordenar a los uniformados que dejaran ir a su hijo. Los policías obedecieron.

Mientras tanto, Alejandro recibía los primeros auxilios pero ya no había nada qué hacer, estaba muerto. Aun así fue trasladado a la clínica Monserrat.

La Secretaría de Salud levantó el certificado de defunción. En él se asienta que Alejandro nació el 1 de julio de 1996 (estaba a punto de cumplir 21 años), su último grado de estudios fue la secundaria y se dedicaba a labores del campo.

En el documento oficial se especifica que Alejandro falleció a las 0:30 de la madrugada del lunes 12 en la clínica Monserrat, que se encuentra en la calle Matamoros 37, en la colonia Centro. Se indica que la causa de muerte fue una contusión de tercer grado en el cráneo. En el apartado “intervalo aproximado entre el inicio de la enfermedad y la muerte” se anotó: 10 minutos.

La descripción de la circunstancia no está completa. Sólo se dice que la víctima “perdió la vida posterior a chocar el vehículo de motor en el que viajaba (motocicleta) y sufrir lesiones severas”. No se menciona que Alejandro fue embestido por una camioneta de la familia Rodríguez.

El médico legista que firma el certificado es Hugo Ambriz García, quien informa en el mismo que la defunción se registró en el Ministerio Público en la carpeta de investigación 1196/2017.

La investigación cayó en manos del MP Juan Pablo de la Cruz Sandoval, fiscal adscrito al área de atención temprana de la dirección Ciénega, distrito IV, con sede en Tototlán.

Existe una contradicción entre la hora que quedó asentada en el acta de defunción y la del registro de hechos que levantó la Comisaría General de Seguridad Pública, Vialidad y Tránsito de Tototlán. Mientras que en el primer documento se asentó que el fallecimiento ocurrió a las 12:30 de la madrugada, en el de la Policía Municipal se dice que fue a la 1:20.

El registro de hechos añade que los elementos de la unidad 20 iban patrullando por las calles Allende y Zaragoza cuando recibieron un reporte vía radio cabina para que acudieran al cruce de las calles Ramón Corona con Vicente Guerrero, donde había “un choque vehicular y una persona lecionada (sic), tirada en el suelo”. Ahí estaba la motocicleta que era “conducida por una persona de aproximadamente 25 años de edad, masculino, del cual se desconoce su nombre y el mismo se encontró con leciones de conciderasción (sic) en 80 por ciento de su economía corporal”.

A decir de una persona cercana a la familia del difunto, quien omite su nombre por temor a que el expresidente municipal actúe en su contra, De la Cruz Sandoval quería favorecer al hijo de Rodríguez Lomelí.

Sostiene que María Isabel Aceves, madre del joven fallecido, pidió a ese fiscal que “se castigara al hijo de Pancho, porque él había matado a su muchacho, pero el licenciado le dijo que si ella lo había visto, y le respondió que no porque anda trabajando, ya que es enfermera”.

Sin embargo, Isabel Aceves “le insistió en que había muchos testigos que vieron que Panchito venía a exceso de velocidad y le echó la camioneta a su hijo, esto provocó que éste se destanteara y se estrellara contra la banqueta.

Dijeron que cuando se bajó (Panchito) se veía que andaba muy borracho. El licenciado de la fiscalía le dijo que le trajera los testigos, y que si es que venían, de una vez le avisaba que el proceso duraba muchos años, que si eso quería (…) Cuando ella estaba con el Ministerio Público, a un lado estaba también Pancho” (el expresidente municipal).

“Pancho le dijo a la señora que no era cierto que su hijo viniera manejando la camioneta, que era una empleado suyo el que la traía, pero que si quería se iba a hacer cargo de los gastos.”

El testigo sostiene que el agente del MP y Rodríguez Lomelí comenzaron a presionar a Isabel Aceves para que se diera carpetazo al asunto. Al final lograron que la señora firmara un desistimiento de cualquier acción legal contra de Ismael David Aguilar Zapata, el presunto empleado del exalcalde y quien supuestamente conducía el vehículo que provocó la muerte de Alejandro.

“No es la primera vez que Panchito maneja ebrio y causa un accidente –indica la persona que accedió a dar su testimonio–. Me acuerdo que se le echó encima con la camioneta a querer atropellar a un señor que está mal de sus pies. Ya debe varias aquí en Tototlán. Su papá, Pancho, apodado El Pureza, lo protege de todo (…) Todos queremos que haya justicia, no queremos que esto se quede así.”

Mentiras oficiales

La reportera acudió a Tototlán para buscar a María Isabel Aceves. En una cochera techada que está junto a la puerta de su humilde vivienda hay un altar con arreglos florales en cuyos cintillos se da el pésame a la familia, y entre ellos se colocó el retrato de Alejandro, quien dejó tres menores huérfanos.

Consternada, Isabel Aceves se negó a hacer declaraciones. Pero amigos y vecinos aceptaron romper el silencio a condición de no revelar su verdadero nombre.

“Todos en Tototlán sabemos que el hijo de Pancho fue el que mató a Alejandro y estamos indignados porque ahora se quiere lavar las manos y proteger a Panchito”, señala en tono enérgico Pedro.

“Todo el pueblo sabe que Panchito es un rebelde irresponsable –agrega–, le gusta mucho tomar, anda en las calles como loco en su camioneta y ya ve lo que hizo a Alejandro. Hace poco se estrelló en el súper Los 19 Hermanos, tumbó unos postes y golpeó una troca en el centro del pueblo, pero como su papá es influyente y poderoso no le hacen nada. Sabemos que su papá les pagó los daños a Los 19 Hermanos, pero hasta ahí.

“Aunque su papá diga que fue un trabajador suyo quien mató a Alejandro, nadie le cree. ¿Cómo un trabajador va a traer a esa hora la camioneta? ¡No es cierto! Todos salimos de trabajar entre las cuatro y cinco de la tarde. Además, mucha gente vio cómo andaba borracho cuando se bajó. ¿Quién le va a creer? Tantas cosas malas que ha hecho.

“El muchacho sabía que no le iban a hacer nada, tanto, que agarraba su caballo, lo ponía en la plaza del pueblo y asustaba a la gente. Llegaba la policía y lo sacaban, era todo. Una vez que hizo esto le avisaron a su papá, que vive a unos metros de la plaza, pero él en lugar de ordenarle que se fuera, les dijo a los policías que cerraran la calle para que no lo molestaran. Eso pasaba porque entonces era el presidente municipal. ”

A decir del testigo Pedro, en el caso más reciente, que le costó la vida a Alejandro Varela Aceves, la actitud del político local no fue distinta, pero además contó con la complicidad de la autoridad:

“Panchito se quedó acostumbrado a que no le hacen nada. Hasta el actual alcalde (el también priista Juan Guadalupe Aceves Delgado) lo anda protegiendo: habló con Marisa (María Isabel Aceves) para ‘ponerse a sus órdenes’. Ella le dijo que, si realmente quería apoyarla, castigara al hijo de Pancho, pero (el alcalde) sólo atinó a decirle que no le iban a cobrar por los trámites para que le dieran el cuerpo de su hijo ni por el acta de defunción.

“Otra cosa: no sabemos que Pancho tenga una empresa, sólo tiene un rancho y si esa persona (David Aguilar, que supuestamente conducía la Toyota) es su trabajador, sólo le ayudaría a sembrar, y en esa ocupación se entra a las siete de la mañana y se sale a las dos de la tarde. En este pueblo así se trabaja.

“Una cosa más –prosigue Pedro–: el supuesto trabajador dijo que vive en Ixtlahuacán de los Membrillos. Eso está lejos (a 72 kilómetros), era muy tarde para que estuviera aquí. Nada más porque somos gente jodida creen que se pueden aprovechar. Si se han topado con gente de dinero, yo creo que sí le tunden, pero Marisa no tiene nada. Todos le andamos ayudando a comprar cosas”, concluye el entrevistado.

Justicia burlada

Una exnovia de Panchito, consultada por este semanario, comentó que sus padres –el exalcalde Rodríguez Lomelí y Cristina Margarita Ulloa– “jamás tuvieron autoridad sobre él, siempre hacía lo que quería, andaba tomado y  traía menores en su camioneta”.

El joven Rodríguez Ulloa “estaba estudiando la prepa, pero como era muy desmadroso, problemático y grosero, lo corrieron. Entró a otra prepa, donde su papá es el director. En la madrugada anda tomado y manejando. Nos decía que el expresidente municipal le había dicho a los policías que no le hicieran nada, por eso se iba en sentido contrario por las calles o a exceso de velocidad.

“Cuando yo salía con él, se creía con mucho poder, andaba diario tomado y en la carretera anda de payasito en su camioneta, jugando: de pronto se metía a los otros carriles cuando íbamos a su rancho rumbo a Atotonilco y a las fiestas de los ranchos. Una vez nos salimos de la vía, pero no pasó nada.”

También sostiene que Rodríguez Lomelí no tenía ningún empleado, puesto que “el rancho siempre estaba solo; además, (Panchito) no dejaba que nadie manejara la camioneta, si acaso, a veces, su hermano el más chiquillo”.

Sobre el choque en que murió Alejandro, comenta: “Se tiene que hacer justicia. Si hubiera sido al revés (que la víctima hubiera sido Panchito), de volada el papá se hubiera puesto a hacer algo. Ahora se quiere lavar las manos, dice que su hijo no fue y hasta le quiere pagar a los que vieron para que se callen. Eso no me parece justo. Debería de enfrentar las cosas y dar la cara. Si dice que no fue, ¿por qué se anda escondiendo?”.

Consultada sobre estos hechos, la señora María confirma que Panchito “se la pasaba amenazando porque tiene dinero, es prepotente como su papá, quien fue presidente; cree que con eso va a manipular a la gente y nada va a pasar. La gente les tiene miedo”.

Destaca que “Alejandro  mantenía a su mamá; tenía dos niños y una niña, el más chiquito de un año. Queremos que se haga justicia, pero mucha gente le tiene miedo, prefieren quedarse callados. La mamá está muy destrozada, ojalá se anime a declarar”.

Proceso Jalisco buscó vía telefónica al expresidente municipal Rodríguez Lomelí, quien actualmente es director del Cobaej 41, en la localidad de Las Carrozas.

Alrededor de la una de la tarde del martes 20, el político priista aceptó la entrevista para dar su versión de los hechos, pero dijo que iba manejando rumbo a su trabajo, por lo que pidió a la reportera comunicarse en una hora y media. Sin embargo, en la siguiente llamada se negó a dar la entrevista porque, argumentó, no iba a hablar con una persona que no conocía y dudaba de que fuera periodista.

Añadió textualmente: “Ese día hubo cuatro sucesos, y me llama la atención que le interese sólo el de mi vehículo (…) yo no tengo que ver en el accidente personal de él (…) una cosa es que señalen a mi hijo… yo la puedo señalar a usted”.

Cuando se le precisó que ninguno de los otros accidentes de ese día terminó con una muerte ni se presumía el tráfico de influencias, comentó que en uno de los accidentes quedó una persona en coma. Aunque admitió que la camioneta Toyota Highlander es de su familia y que el incidente ocurrió a una cuadra de su casa, a cambio de dar la entrevista exigió que se le diera el nombre de quienes proporcionaron su número de celular y dieron pormenores del choque. “Hasta ahí le voy a comentar. Lo demás, es más grande la duda que la verdad”, dijo.

No obstante, después pidió que se le entrevistara en su domicilio y al responderle que no era posible, cortó la comunicación.