Antesala en el infierno

El pasado 16 de mayo por la mañana la señora Obdulia Ramos López se fracturó la cadera y el fémur. Sus familiares hablaron a los servicios de urgencias del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Cinco minutos después llegó la ambulancia de la Cruz Verde y trasladó a la accidentada a la Clínica 14, ubicada en el cruce de las avenidas Revolución y Río Nilo.

Doña Obdulia llegó al nosocomio a las 9:15 horas y fue remitida a la sala de espera, donde tuvo que aguardar dos horas antes de ingresar al área de urgencias debido a la “saturación de pacientes”, según cuenta su hijo, Javier Becerra. No había ninguna camilla disponible ni siquiera una silla, por lo que tuvo que sentarse en el piso, pese a que la Ley de Salud lo prohíbe.

A doña Obdulia nunca le tomaron los signos vitales ni le aplicaron ningún medicamento. Después de seis horas llegó el doctor a revisarla y comprobó que “estaba quebrada”, pero no le dio ni una pastilla.

En esa sala había de todo: heridos, atropellados, pacientes con sida o nefropatías; todos amontonados en el piso de la sala de urgencias, dice Becerra, y añade: “En las primeras horas que estuvimos se murió el que estaba tirado justo enfrente de nosotros. Mi mamá estaba sentada a un lado del enfermo de sida”.

Becerra y su madre –quien tiene 91 años– permanecieron en la sala de espera durante dos días, periodo en el que vieron cómo morían otros pacientes. A otro que tenía una fractura en la cadera se lo llevaron de repente; cuando lo regresaron, sus familiares vieron que tenía una sutura en la espalda. Al parecer, dice el abogado, le extirparon algunos órganos.

“Para el Seguro Social una persona que rebasa los 65 años deja de ser útil y prácticamente le programan su muerte”, comenta Becerra, quien es abogado.

Al darse cuenta de que doña Obdulia no sería atendida, después de dos días de espera, Becerra tramitó un amparo contra el delegado de IMSS, Marcelo Castillero Manzano; el director y el jefe de urgencias de la clínica 14 por la “eutanasia inducida” a que sometieron a la paciente, según el abogado. La falta de atención a los pacientes en esa clínica sobre todo a los de la tercera edad, los puede llevar a la muerte.

El 18 de mayo, José de Jesús García Preciado, el secretario del Juzgado Cuarto de Distrito en Materia Administrativa y de Trabajo en Jalisco que fungía como encargado de despacho, otorgó el amparo a Becerra (el número 1510/2017). El de doña Obdulia es el primero de ese tipo que se otorga contra el IMSS en la entidad

El Juzgado Cuarto argumentó: “Con fundamento en el artículo 15, segundo párrafo, de la Ley de Amparo, este Juzgado de Distrito decreta la suspensión de los actos reclamados para el efecto de que las autoridades responsables, en el ámbito de su competencia y atribuciones legales, emitan, ordenen y/o ejecuten las actuaciones legales correspondientes, encaminadas a proporcionar a Obdulia Ramos López la atención médica de manera urgente y necesaria con motivo de la fractura que dice haber sufrido en el fémur de la pierna derecha”.

Además, pidió que se le realizaran “de inmediato, bajo su más estricta responsabilidad, las medidas pertinentes que garanticen su atención médica oportuna e integral; esto de acuerdo a las normas de higiene y salud establecidas en las leyes y normas oficiales mexicanas que la rigen, protegiendo así la salud, integridad física y vida de la quejosa”.

Cuando se emitió la notificación de amparo, acudieron a la clínica el propio director, así como los jefes de urgencias, de enfermeros y traumatología, así como un ejército de doctores a atender a doña Obdulia.

“Inmediatamente le dieron cama, le pusieron el suero y finalmente la operaron el 22 de mayo y fue dada de alta el día 24”. Sin embargo, días después, cuando regresó a que le retiraran las puntadas, se le negó la atención. Becerra fue con la subdirectora del turno vespertino, quien le dijo que no quería saber nada de él y su mamá.

El 26 de junio aún no le quitaban las puntadas a doña Obdulia. “No les pedimos nada ilegal –dice Becerra–, sólo que le retiren las puntadas y que manden una ambulancia para la rehabilitación de su pierna, pues aún no se puede sentar”.

Dice que no puede llevar a su madre a una clínica particular a retirarle los puntos, pues si hay alguna complicación, el IMSS le va a echar la culpa. “No sé qué hacer”, dice.

Piensa presentar un segundo amparo para que doña Obdulia sea atendida, aunque teme la animadversión de los médicos del IMSS. Intentó poner una queja vía telefónica ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, pero le respondieron que debía mandar su documentación por correo o acudir a la Ciudad de México.

Su otra opción, dice, es presentar una denuncia ante la Procuraduría General de la República por presunta negligencia médica